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«PODRÍA HABER SIDO YO»

En el año 2019, el caso de la violación colectiva de «La Manada» en el Estado español generó oleadas de indignación que desembocaron en grandes protestas feministas. No ocurrió así, ese mismo año, con el caso de las temporeras marroquíes de Huelva, abusadas laboral y sexualmente. 

Estos días, el asesinato homofóbico de Samuel en Galicia (a quien mataron al grito «maricón de mierda») está generando concentraciones y manifestaciones en todo el Estado español, no ocurrió lo mismo con el caso de Younes, un migrante marroquí asesinado a tiros (al grito de «no quiero moros en el bar») por un fascista en Murcia hace unas semanas. 

Diríamos «¡racismo!», y probablemente tengamos algo de razón. No del tipo de racismo que mató a Younes, sino un tipo de racismo desde la inacción, desde la no respuesta o la invisibilización. No porque consideren que el asesinato de Younes está bien, sino porque no indigna lo suficiente como para tomar las calles (solo hubo unas cuantas protestas, y todas organizadas por personas migrantes). 

Pero el tema es que esto también ocurre con otras opresiones: no genera la misma respuesta social el asesinato de una mujer trans que de una mujer cis, la lesbofobia que la homofobia, el machaque físico a una gorda que a Cristina Pedroche. 

Y estos días, viendo el twitter y tantos mensajes de «podría haber sido yo» en el caso de Samuel, me di cuenta de que, en parte, ese es el problema. Que muchas veces respondemos cuando «podría haber sido yo», nos conmueve un acto violento o injusto cuando pensamos que el azar de la vida nos podría haber situado a nosotras bajo el yugo del verdugo de turno, nos asusta pensarnos como posibles víctimas… entonces, además de la indignación sale la acción, la rabia, el grito, y tomamos las calles. Hasta en nuestra rebeldía hay neoliberalismo si únicamente somos capaces de conectar con el otro desde nuestra propia individualidad y nada más, si nuestra solidaridad está condicionada por que seamos (o no) víctimas en potencia. 

Dicho esto, me voy a la manifestación a pedir justicia por Samuel. Pero espero que nos revisemos esto, y que la rabia sea colectiva y salgamos a la calle a manifestarnos cada vez que asesinen o violenten a alguien. No porque «podría haber sido yo», sino porque todo acto de injustica es doloroso y deplorable, y todes merecemos una vida digna de ser vivida, sin excepciones.

«Primero vinieron por los socialistas,
y yo no dije nada, porque yo no era socialista.
Luego vinieron por los sindicalistas,
y yo no dije nada, porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por los judíos,
y yo no dije nada, porque yo no era judío.
Luego vinieron por mí,
y no quedaba nadie que hablara por mí»
Martin Niemöller

Campamento de Las Raíces: Terrorismo de Estado

Hoy he estado visitando el Campamento de Refugiados de “Las Raíces”, en Tenerife, Islas Canarias, y puedo decir, sin lugar a equivocarme, que es el peor escenario humano que he visto en mi vida.

[Escrito el 16 de marzo del 2021, pero más vigente que nunca]

El Campamento de Las Raíces es un cementerio de 1500 seres humanos vivos, una lata humana, el peor tetris de la historia. Desde fuera se ve una jaula interminable de carpas llenas de gente perdiendo su vida en el discurrir de un tiempo aburrido, marcado por el clima frío y el silencio de un entorno despoblado. Son cerca de 1500 personas hacinadas en carpas en medio de la nada, donde no se respeta ni un solo derecho humano, entre ellos el derecho a irse de una isla convertida prisión.

Aburrimiento. Tristeza. Desesperación. Eso se respira y no oxígeno, en este ambiente lleno de gente joven a quienes les están robando los sueños, la salud y el tiempo, de forma sistematizada e institucionalizada. El campamento fue colocado estratégicamente en una zona donde hasta la propia naturaleza le juega en contra a las ganas de vivir: frío, lluvia, viento, humedad, niebla; y nada con lo que defenderse de ella, ni siquiera zapatos. La comida, por otro lado, es nauseabunda y escasa, lo que implica que muchos se queden a diario sin comer. Además, comparten “habitación” personas de países, religiones y culturas distintas, incluso algunas que están en conflicto político o bélico ahora mismo, como marroquíes y saharauis. Sin comida, sin abrigo, sin futuro y hacinados: de forma inevitable, las tensiones están servidas. Esto es una bomba de relojería dispuesta por el Gobierno de España al norte de Tenerife, aislada en una isla, valga la ironía, para que cuando explote no salpique a quien tiene que salpicar. Y sabemos a cargo de quién correrán las culpas, y también quién no asumirá responsabilidades.

Las huelgas de hambre, las protestas y las manifestaciones vienen siendo desoídas, lo mismo que el grupo de migrantes que decidió no entrar al campamento oficial (creando un campamento alternativo en la puerta) y la Asamblea de Apoyo a Migrantes de Tenerife (formada por personas locales y migrantes) que viene denunciando la situación desde el principio.

La gente de Las Raíces se encuentra en un túnel de dirección única que parece desembocar en la muerte, bien por omisión de responsabilidades, bien por decisión de los responsables, a menos que esta barbarie se frene a tiempo. Porque volver, la mayoría no tiene a dónde volver; y porque la incertidumbre, la discriminación y la desesperanza, matan. Y tan cierto es esto, que las autolesiones y los intentos de suicidio ya comienzan a dejarse ver.

Esta visible situación de terror lanza de forma contundente un mensaje unívoco: “No sois bienvenidos y nadie como vosotros lo será. Y esto es lo que os espera. Avisadle al resto.”

La RAE define terrorismo como “creación de un clima de terror e inseguridad susceptible de intimidar a los adversarios o a la población en general” o “sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror”. Cuando quien ejecuta es el Estado, se llama Terrorismo de Estado.