Sáb. Oct 1st, 2022

Habiendo parecido que el mundo había olvidado tras la explosión del covid el conflicto de Marruecos o las guerras de Siria y Yemen, las desgracias de la pandemia terminaron de evidenciar las consecuencias de un sistema turístico usurpador e insostenible. Ya podríamos concluir que el modelo preparado por Hawai para el periplo anual de las familias pudientes se retrata cuanto menos anhelante y satisfactorio, mas, no ocupando un lugar tan remoto, no se halla gran dificultad en ejemplificar esto en España (¡maldito país!). Los demás canarios pueden corresponderme en que los españoles peninsulares (si no todos, en su gran mayoría) poseen una visión idílica de un archipiélago paraíso, donde sus costas son intocables para el capital extranjero, la precariedad es cosa de la literatura y los tratos entre el Gobierno y las autonomías son equitativos. La realidad se distancia en gran medida de esto, aunque pan y circo te mantengan alejada de la realidad vigente.


A día de hoy, las luchas sociopolíticas del pueblo canario no cesan. Cada pocos meses un colectivo nuevo nace: Salvar la Tejita, Salvar Montaña Taco, Salvar Chira Soria, Salvar Fonsalía… (¿Por qué será que tantos surgen en tan poco tiempo?) De entre todos los mencionados, uno de estos ha destacado en Tenerife pasadas las últimas cuatro semanas de agosto: Salvar el Puertito [de Adeje]. Resulta inverosímil creer que los habitantes del centro de la Macaronesia aún no pierden la esperanza en defender sus últimos terrenos vírgenes de la garra colonial, así como también es casi imposible no apoyar el ideario del grupo. El macroproyecto que arrasaría con la flora y fauna archipelágica recibe el nombre “Cuna del Alma” —tan irónico que los propios activistas lo han rebautizado “Tumba del Alma”—, donde nada más puesto sobre la mesa, ya contaba con dos dictámenes desfavorables, además de que el propio informe arqueológico ni siquiera fue hecho por un arqueólogo. Para no ser menos, otro de los informes patrimoniales escondía siete de las ocho especies protegidas encontradas en el terreno que ahora peligra y el colectivo defiende. Rematando, el señor Presidente del Cabildo de Tenerife (Pedro Martín), a sabiendas de tales irregularidades, declara simultáneamente que «van a hacer que se cumpla la ley» y que «tienen todos los permisos», mientras que el Alcalde del municipio de Adeje, José Miguel Rodríguez Fraga (a quien también se le descubrió hace un tiempo que permitió que su hermana edificara un chalet en un suelo rústico en el que no era permitida la construcción), cambia el Plan General de Ordenación Urbana para dar
cabida a un ecocidio.


Ya es sabido que donde el capital tenga paso, ahí irá —si no lo tiene, se lo abrirá—, porque este no empatiza ni comprende, solo se adapta para acabar imponiendo. El conflicto entre la preservación de un archipiélago y las ansias capitalistas de campar a sus anchas amasando millones no solo discurre por los
sentimientos ecologistas. Irrevocablemente, el problema de la vivienda va de la mano, dada la gentrificación practicada en zonas hoteleras antaño desiertas: el Puertito apenas cuenta con veinte viviendas y el proyecto de la empresa a cargo del resort turístico, Segunda Casa Adeje, pretende instalar 420 inmuebles de lujo mientras el conjunto insular se retrata en las estadísticas con un 36’6% de riesgo de pobreza y exclusión social, teniendo Canarias a su vez unas 140.000 viviendas vacías. ¿Especulación? 12.000 euros ofrecen a los residentes del Puertito para abandonar sus hogares y que el promotor, Filip Hoste, finalmente disponga de su playa semiprivada.


La brega sigue, las cadenas resuenan cada vez más conforme los canarios se mueven, los cardones (única especie protegida presente en el informe patrimonial) siguen siendo arrancados sin permiso alguno y el precio de la vivienda sube cada día más, porque así es el juego sucio. Hay quien ignora que exista una correlación entre ser la tercera comunidad autónoma española con más turismo anual y la de menor PIB de todo el país, pero si no somos nosotros quienes cambiemos esto, ya sabemos que no serán los políticos caciques quienes lo hagan.

Ariday D.

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