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Impasse, antes del diluvio

Tras dos semanas infartantes, las vacaciones de Semana Santa parecen haber traído cierta calma, un bálsamo para un gobierno sitiado. Hasta que alguien, muy probablemente el juez Sergio Moro, desenfunde nuevamente la espada y todo vuelva a encabritarse.

A falta de hechos concretos, abundan los rumores. Unos dicen que Lula desistiría de presidir el gabinete, acorralado por 13 acciones en su contra en el Supremo Tribunal Federal, que deberá pronunciarse al respecto la próxima semana. O sea que ya no es sólo el juez Sergio Moro el que tiene contra las cuerdas al ex presidente brasileño, sino la mayor instancia judicial del país, donde la mayor parte de los jueces fueron nombrados bajo los gobiernos del PT.

Otras versiones aseguran que en Brasilia se estaría llegando a tejer acuerdos entre la oposición socialdemócrata (Psdb) y el hasta ahora oficialista Pndb para un eventual gobierno que presidiría el actual vice, Michel Temer. Aunque se necesitan dos tercios de la Cámara para destituir a Dilma Rousseff, no son pocos los que estiman que se podría alcanzar esa cifra. En todo caso el proceso de impeachment es largo, aunque la comisión encargada de analizarlo ya fue nombrada.

En los hechos, la apuesta de Dilma y del PT de colocar a Lula en el gabinete como principal articulador para salir de la crisis se reveló un completo fracaso. Parece evidente, en contra de lo que sostienen los analistas de izquierda, que el ex presidente perdió su aureola. Pocos quieren aparecer de la mano de un futuro preso por corrupción. Hasta Frei Betto, amigo personal de Lula y ex integrante de su gobierno, dio un paso al costado y destacó que resulta sospechoso que el PT no haya expulsado a ninguno de los militantes procesados en la Operación Lava Jato.

OEA entra en disputa

Mientras la operación de la justicia lleva arrestadas a 133 personas y ha encarcelado a algunos de los más destacados y ricos empresarios del país, pertenecientes a 16 compañías (entre ellas Camargo Correa, Oas, Utc, Odebrecht, Mendes Junior, Engevix, Queiroz Galvão, Iesa y Galvão Engenharia), y a políticos de numerosos partidos oficialistas y opositores (entre ellos PP, PT, Pmdb, Psdb y Ptb), el país se encuentra en una cuesta abajo que parece imparable.

Una de las personas más criticadas y elogiadas en los últimos días fue el juez Moro. Los análisis más sensatos dicen que su gestión es la oportunidad para llevar decoro a la política al destripar los mecanismos de financiación de los partidos, cuyos fondos provienen del sector privado y de trasvases más que dudosos. En ese sentido, la Operación Lava Jato sería un avance republicano tan necesario como urgente. Sin embargo, la difusión de conversaciones telefónicas entre Lula y Dilma horas después de que el ex presidente fuera nombrado al frente del gabinete dio alas a quienes sostienen que en Brasil está en curso un golpe. Debe decirse que esta tesis resulta más que confusa y poco sustentada, toda vez que sus mentores no dijeron una sola palabra cuando eran procesados los empresarios y algunos dirigentes políticos, pero pusieron el grito en el cielo cuando llegó el turno de Lula.

En una situación de honda polarización, sorprendió la declaración del secretario general de la Oea, Luis Almagro, quien el viernes 18 se pronunció en contra de las actuaciones del juez Moro. “El Estado de derecho exige que todos seamos responsables e iguales ante la ley. Nadie, y quiero decir nadie, está por encima de la ley”, dijo Almagro. Por si quedaban dudas, agregó que “ningún juez está por encima de la ley que debe aplicar y de la Constitución que garantiza su trabajo. La democracia no puede ser víctima del oportunismo, sino que debe sostenerse con la fuerza de las ideas y de la ética”.

Aún es muy pronto para interpretar lo que está sucediendo en Brasil: si un proceso de limpieza de carácter republicano o una simple venganza anti PT, o ambas cosas a la vez, ya que es muy probable que algo que empezó como una operación legal esté siendo utilizado, y desviado, para derribar un gobierno.

Cuestión de clase

La situación brasileña cambia de día en día y, en ciertos momentos, de hora en hora. Esto quiere decir que es muy difícil pensar que haya una mano negra detrás del telón que esté orientando las jugadas con cálculos fríos. Así razona hoy la izquierda oficialista, aunque muchos datos desmienten estas apreciaciones.

En el lado opuesto, nadie puede creer en la sinceridad de dirigentes del Pmdb y del Psdb que están acusados de corrupción y que en los gobiernos de los estados utilizan mecanismos idénticos a los del PT en el gobierno. Todo indica que la Operación Lava Jato no va a terminar con la corrupción si bien lo más seguro es que liquide al PT y al gobierno. Esto avala la tesis de quienes afirman que estamos ante un golpe.

“Nos estamos hundiendo”, escribió hace algunas semanas el ex ministro de Hacienda Antonio Delfim Netto, ministro de la dictadura y ahora simpatizante de Dilma y Lula. Delfim Netto destaca la perplejidad que le produce la situación del país. Recuerda que “en los últimos cinco años crecimos 5 por ciento, mientras el mundo creció 18 por ciento y los emergentes 28 por ciento” (Valor, 15-XII-15). El país se hundirá si no recupera la gobernabilidad muy rápido, dice ahora el ex ministro.

Una legión de analistas compara la situación actual con la que llevó al suicidio de Getúlio Vargas en 1954. Aunque hay elementos comunes, apunta el historiador José Murilo de Carvalho, ya que Vargas era acusado “por sectores de la clase media de tolerar prácticas corruptas, hay una gran diferencia, que es la presencia activa de los militares en 1954 que forzaron la salida de Vargas”. “Hoy el conflicto es civil y nacional”, sostiene (BBC Brasil, lunes 21).

Para el historiador, como para tantos brasileños, uno de los principales problemas es la polarización y el triunfo de la irracionalidad. “La radicalización política y la intolerancia llegaron a un punto peligroso. No hay más debate, apenas griterío. En este escenario dominado por las pasiones todo puede suceder, incluso un serio conflicto social.”

Una encuesta realizada a los manifestantes de la avenida Paulista de San Pablo en los actos del domingo 13 revela algo de esto. El 77 por ciento eran titulados superiores y un porcentaje idéntico son blancos, 63 por ciento perciben ingresos equivalentes al menos a cinco salarios mínimos y tienen un promedio de 45 años, según Datafolha (Carta Capital, viernes 18).

Un estudio de la consultora Data Popular realizado en enero, con 3.500 entrevistados en 146 ciudades, reveló una de las mejores fotografías del Brasil actual: sólo el 3 por ciento de los consultados aceptan que son corruptos, pero el 70 por ciento admiten que realizan prácticas corruptas, como mentir en el impuesto a la renta o sobornar guardias.

La guinda del pastel la puso el juez federal Catta Preta Neto, quien derogó el nombramiento de Lula como ministro. En su perfil de Facebook el juez colocó sin empacho fotos suyas y de su familia participando en las manifestaciones contra el gobierno, el 7 de marzo, y escribió: “Ayude a derribar a Dilma y vuelva a viajar a Miami y Orlando. Si ella cae, el dólar bajará” (Carta Capital, viernes 18).

Como señala el sociólogo Jessé Souza, “la llamada clase media es la fuerza de choque de los adinerados”. Ciertamente. Si Dilma es derribada, lo que vendrá puede ser peor aún, en un país donde se evaporó la hegemonía y será difícil restablecer el consenso.

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Semillero de ideas anticapitalistas en Chiapas

Un buen puñado de intelectuales y activistas respondieron a la convocatoria del zapatismo que organizó un «semillero de ideas» durante una semana en dos espacios de Chiapas, donde se escucharon análisis que abordaron desde la crisis ambiental y el feminismo hasta las crisis económicas y la violencia. El resultado fue un abanico de análisis poco frecuentes en los movimientos antisistémicos. En las afueras de San Cristóbal, al pie de una de las colinas que la circundan, se yergue el Centro Integral de Capacitación Indígena (CIEDECI), que albergó el seminario “El Pensamiento Crítico ante la Hidra Capitalista”.

Es poco común la confluencia de una variedad de pensadores como Immanuel Wallerstein, Silvia Federici, Pablo González Casanova, Adolfo Gilly, Michael Löwy y John Holloway, entre los más conocidos, así como miembros del PKK del Kurdistán. Si se suma la participación de 1.500 personas de varios continentes, el resultado fue un evento que pocos movimientos en el mundo pueden convocar. Con el declive de los foros sociales, que hace años no se realizan en América Latina, las convocatorias zapatistas son ahora las que obtienen mayor resonancia.

“Los zapatistas no guardamos un pensamiento si coincide o no con el nuestro sino si nos hace pensar o no, si nos provoca o no, pero sobre todo si da cuenta cabal de la realidad”, dijo el subcomandante Galeano (ex Marcos) el 4 de mayo, en los primeros días del seminario. Y agregó algo que nunca había dicho: “Nuestra admiración al pensamiento anarquista. Es claro que no somos anarquistas, pero sus planteamientos son de los que provocan y alientan, los que hacen pensar”.

Sin embargo, en su última alocución, Galeano defendió el marxismo o, por lo menos, los principales escritos de Marx. Citó extensamente pasajes de ‘El Capital’, en particular la sección donde analiza la acumulación originaria del capital, en la que destaca que el capitalismo llegó al mundo “chorreando sangre y lodo por todos los poros”. Es posible que sea una inflexión en la trayectoria zapatista que hasta ahora no había mostrado ese perfil.

En los análisis macro predominó la visión de Wallerstein de los sistemas-mundo, quien con su “telescopio”, dijo Galeano, es capaz de crear un relato de conjunto sobre la situación actual del capitalismo y prever, incluso a largo plazo, los derroteros de los conflictos sociales.

En su ponencia, Wallerstein analizó la “crisis estructural del capitalismo”, sistema que estaría en su etapa final: “Los tres costos básicos de la producción capitalista –los costos de personal, los costos de materias primas y los costos en infraestructura– aumentaron lenta pero sostenidamente”. De ese modo el sistema encontró “límites estructurales, dada la ausencia de nuevas zonas que pudiesen ser incorporadas dentro del sistema-mundo, ahora global”.

En la segunda parte de su exposición, destacó que «la política en una etapa de transición”, como la actual, “debe ser diferente de la política que se desarrolla en el período del funcionamiento normal del sistema-mundo”. Destacó que la confusión ideológica y analítica que sufrimos es “una realidad estructural”, de la que será difícil escapar. Sus siete propuestas no fueron recibidas con unanimidad, en particular la segunda que propugna “usar defensivamente las tácticas electorales”. Así y todo, su ponencia fue una de las más serias y profundas.

Los discípulos de Iván Illich y los indigenistas, así como una vasta gama de artistas presentes en el evento, fueron de algún modo el contrapunto de los teóricos seducidos por Marx. Ambas corrientes comparten la importancia de lo subjetivo, ya se trate de las cosmovisiones indias o de la crítica a la ciencia, la escuela y la medicina occidental. Ambas pueden confluir en cierta inspiración libertaria, quizá romántica, que genera tensiones y desencuentros con el modo marxista de pensar y actuar.

Pero unos y otros, coinciden en que la humanidad atraviesa momentos de gran incertidumbre, que pueden conducir a una suerte de colapso civilizatorio. En este punto, es posible que Marx, Illich y los indigenistas se den la mano, aunque desde genealogías diferentes. El fin del mundo o Pachatkutik, es figura omnipresente en las culturas indias. La crisis y derrumbe de sistema es un punto clave en el pensamiento de Marx. Es fácil entender los puentes entre estas ideas y el anti-industrialismo de Illich, por lo menos como tensiones éticas que, en momentos de descomposición como los que atraviesa la sociedad mexicana, pueden traducirse en acciones comunes.

Entre los movimientos antisistémicos, coexisten dos miradas diferentes: quienes sostienen que estamos ante una crisis, mayor aún que las crisis cíclicas de la economía capitalistas, y los que consideran que la humanidad está siendo llevada a una situación de colapso por el sistema. El zapatismo escogió la segunda, pero es también algo relativamente nuevo, probablemente influido por los hechos de Ayotzinapa y la guerra contra el narcotráfico del Estado mexicano.

La idea de crisis está asociada a períodos de cambios, desorden, inestabilidades y turbulencias que interrumpen el desarrollo normal de las cosas, para luego de cierto tiempo volverse a una nueva normalidad pero modificada. En las crisis pueden emerger factores de orden que le darán a lo nuevo una diferente fisonomía. Desde el punto de vista de los movimientos, es importante destacar dos cosas: que el concepto de crisis está demasiado asociado a la economía y que aparece ligado a transformación y cambios.

El colapso, por el contrario, es una catástrofe a gran escala que implica el quiebre de instituciones, en forma de ruptura o de declinación definitiva. En la historia hubo muchas crisis pero pocas catástrofes/colapsos. Como ejemplo está lo sucedido con el Tawantinsuyu, el imperio incaico, a raíz de la llegada de los conquistadores. Algo similar puede haberle sucedido al imperio romano. La peste negra entre 1347 y 1352 mató entre un tercio y la mitad de la población europea, marcando el comienzo de una nueva cultura que desembocó en el capitalismo. En todo caso, el colapso es el fin de algo, pero no el fin de la vida, porque como sucedió con los pueblos indios; luego de la catástrofe se reconstruyeron, pero como sujetos diferentes.

En esa dirección fueron las palabras del subcomandante insurgente Moisés, quien dijo en el cierre del seminario que “no sabemos si nos va a dar tiempo de multiplicar esto”. Para los zapatistas, lo que se avizora no es una crisis sino algo más serio. Insistió: “el tiempo nos está ganando”, y dijo que ya no alcanza con caminar sino que es hora de trotar, de ir más deprisa.

La noche anterior el subcomandante insurgente Galeano dijo que hasta un 40% de la humanidad será migrante y que habrá despoblamiento y destrucción de zonas para ser reestructuradas y reconstruidas por el capital. Al parecer no pensaba en una crisis sino en algo que podríamos llamar colapso, aunque no usó el término. Sea como fuere, el encuentro fue un verdadero semillero de ideas, de análisis que van más allá de la coyuntura, que buscan comprender las tendencias de fondo que vive y sufre la humanidad. Una mirada necesaria para izquierdas demasiado enfrascadas en sus fugaces tiempos electorales. A propósito, el zapatismo hizo un guiño a las corrientes electoralistas al afirmar que más allá de que se vote o no se vote, lo importante es organizarse para enfrentar un futuro caótico.

 

Primera derrota del neoliberalismo europeo

El triunfo de Syriza coloca a la troika ante el dilema de la intransigencia, que puede ser el primer paso hacia la disgregación de la Unión, o el pragmatismo, que implica bajarse del programa de ajuste neoliberal. Para la nueva izquierda se abre un período luminoso pero, a la vez, lleno de obstáculos que pueden socavar su prestigio como alternativa al sistema.
“Grecia deja atrás cinco años de austeridad catastrófica, deja atrás el miedo y el autoritarismo, deja atrás cinco años de humillación y sufrimiento”, dijo Alexis Tsipras en el acto de la victoria en la noche del domingo, cerca de la plaza Syntagma de Atenas, ante miles de votantes de Syriza.

“Grecia tiene que pagar su deuda porque eso forma parte de las reglas del juego en Europa”, declaró Bruno Coeuré, miembro del directorio del Banco Central Europeo (BCE) apenas conocer el resultado. “No hay espacio para un juego unilateral en Europa”, agregó, enseñando las uñas en nombre de la mayor institución financiera europea.

Del mismo modo se pronunciaron los diferentes voceros de la troika, como se llama al trío integrado por el BCE, el FMI y la Comisión Europea, que desde que comenzó la crisis griega vienen monitoreando las sucesivas reformas que exigieron al país. Sólo el presidente francés, François Hollande, esgrimió un tono más amable, al comprometerse a mantener estrechos vínculos con el nuevo gobierno griego “para promover el crecimiento y la estabilidad en la zona euro” (Xinhua, 26 de enero de 2015).

Con las horas, se fue imponiendo un clima menos agresivo hacia la nueva realidad griega. Es que el triunfo de Syriza fue arrollador. Alcanzó el 36,5 por ciento y 149 diputados (99 más 50 de premio al partido más votado), frente al 27,7 y 77 escaños de la derechista Nueva Democracia, del exprimer ministro Georgios Samaras. El tercer lugar lo ocupa el partió nazi Amanecer Dorado con 6 por ciento y 16 escaños. Deetrás el recién creado To Potami (El Rio) con 16 escaños, los comunistas con 15, los socialistas que conocieron su mayor debacle con 13 y los nacionalistas de derecha, Griegos Independientes, con otros 13 escaños.

A dos escaños de la mayoría absoluta, Syriza acordó con Griegos Independientes para que su líder, Alexis Tsipras, fuera ungido el mismo lunes como nuevo primer ministro. Llama la atención que la ultraderecha conserva sus votos pese a que la mayor parte de sus dirigentes están en la cárcel, así como la debacle socialista, incluyendo el monumental fracaso del ex primer ministro Yorgos Papandreu que con su Movimiento de los Socialistas Demócratas no consiguió el tres por ciento mínimo para ingresar al parlamento.

Cuesta arriba

“El problema de los planes de Syriza es que pueden no ser lo suficientemente radicales”, puede leerse en la columna del Nobel de Economía Paul Krugman (The New York Times, 26 de enero de 2015). Semejante frase, escrita por un pensador liberal en el más importante diario estadounidense, debería ser motivo de reflexión para las autoridades europeas. Lo habitual sería que fuera pronunciada por radicales de izquierda que, sin embargo, hoy se muestran más bien pragmáticos y propensos a la negociación.

Según Krugman, para comprender el “terremoto político” griego hay que remontarse al 2010 cuando la troika impuso a Grecia “una combinación de austeridad y reforma”. El vendía al pueblo griego una fantasía económica que se tradujo en recesión, desocupación del 28 por ciento, desempleo juvenil del 60 por ciento, recortes salvajes de los servicios públicos y de los salarios. El país demorará años en volver a los niveles sociales anteriores a la crisis. Con esta política de austeridad, se esperaba reducir el gasto público y ahorrar lo suficiente como para pagar las deudas. No funcionó. “El gobierno griego está recaudando un porcentaje mucho más importante del piben impuestos, pero el pibha caído tanto que la recaudación tributaria se vino abajo”, escribe Krugman.

El resultado es que la deuda griega no dejó crecer, hasta alcanzar un abrumador 175 por ciento del pib, cuando en 2009 era del 100 por ciento. Una historia bien conocida por los latinoamericanos. Sigue el Nobel: “Dos años después de que comenzara el programa griego, el fmi buscó ejemplos históricos donde los programas de tipo griego, habían tenido éxito. No se encontró ninguno”. Concluye que ese programa no podía funcionar nunca y que ahora las soluciones de Syriza pueden quedarse a medio camino.

Una pregunta se impone: ¿porqué la troika impuso un programa que sabía que no iba a funcionar? La respuesta más probable es que nunca buscó la recuperación de Grecia sino su subordinación política al sistema financiero que la misma troika representa. El portal estratégico francésdedefensa.org lo dice sin vueltas: “La sociedad griega ha sido sistemáticamente desestructurada y disuelta en nombre de la austeridad, en beneficio de las fuerzas sistémicas y de los entornos transnacionales, a la vez autores y beneficiarios de la operación” (Dedefensa.org, 27 de enero de 2015). La barbarie financiera que destruye naciones y personas, concluye el portal, está criando movimientos antisistema.

El futuro inmediato es negro para el nuevo gobierno. Entre febrero y julio se concentran vencimientos de deuda por más de 20.000 millones de euros y, hasta el final del año, las amortizaciones avanzan hasta 30.200 millones, lo que coloca a Tsipras contra la pared: o mantiene la austeridad del gasto público para poder pagar a los acreedores (no sólo violando sus promesas electorales sino condenando a los griegos a seguir pasando hambre) o declara la cesación de pagos.

El principal portavoz mediático del capital financiero, Financial Times, apunta que Tsipras debe elegir entre ser “Hugo Chávez, el líder populista venezolano y adversario regional de Estados Unidos” o seguir el ejemplo de “Luiz Inácio Lula da Silva, el expresidente brasileño que al llegar al poder gobernó más como reformista que como izquierdista radical” (Financial Times, 26 de enero de 2015). La demonización del gobierno de Syriza está servida.

Ucrania como telón de fondo

En su primera medida de gobierno Tsipras suprimió ocho ministerios. El diputado y economista Yanis Dragasakis, asumió la vicepresidencia económica del gobierno y será el encargado de negociar con la troika. El economista Yanis Varufakis, que fue asesor del gobierno del socialdemócrata Yorgos Papandreu, asumió la cartera de Finanzas. En su libro El Minotauro global sostiene que Estados Unidos es el responsable de la crisis al haber creado un sistema financiero que le permite vivir de los flujos de capital del resto de economías. La de Defensa fue la única que recayó a su aliado nacionalista.

Entre las primeras medidas, todas destinadas a aliviar la situación de los más pobres, figura el aumento del salario mínimo (de 684 a 751 euros), un proyecto de ley para retornar a la negociación colectiva de los salarios y otro “para que los contribuyentes reciban mejores términos para devolver sus deudas”, que no deben superar el 30 por ciento de sus ingresos (El Economista, 27 de enero de 2015). Además se prevé que unos 300.000 hogares que viven por debajo del umbral de la pobreza reciban electricidad gratuita, muchos de los cuales han sido desconectados por impagos. Medidas apenas socialdemócratas que en el clima actual son tildadas como “radicales”.

Pero el tema central es la negociación de la deuda. El gobierno parece dispuesto a pagar y seguir en la zona euro, pero depende de la flexibilidad de los acreedores. El 60 por ciento de la deuda griega, 315.000 millones de euros, es con la Eurozona. Pero más de la mitad de esa cifra es deuda con Alemania, Francia e Italia. Habrá negociación. El punto son los plazos y las posibles quitas. Ni unos ni otros parecen beneficiarse de una cesación de pagos.

Sin embargo, el panorama regional es bien complejo. Días antes de las elecciones Brunello Rosa, director para Europa de Roubini Global Economics, destacó la relación que existe entre la caída del petróleo, su impacto en la economía rusa, el conflicto con Ucrania y la posible compra de bonos soberanos por parte del bce. El director del centro de análisis del economista Nouriel Roubini (ex asesor del fmi y del Tesoro estadounidense) destacó que “las repercusiones geopolíticas de una salida de Grecia del euro, podrá tener consecuencias imposibles de manejar”. Se refería a que si Grecia es expulsada de la zona euro, o la abandona, “Rusia podría salir al rescate de Grecia”, como sucedió con Islandia en 2008, “cuando su colapso financiero se mitigó gracias a la intervención rusa” (El Economista, 20 de enero de 2015).

La advertencia parece dirigida a la troika. Le está diciendo que no se olvide que Grecia tiene alternativas y que la intransigencia puede empujarla hacia Rusia. Pero la advertencia no tendría sentido fuera de un contexto en el que Europa (empujada por la Casa Blanca) ha hecho una frenética opción anti-rusa. Una Europa que ampara un gobierno lleno de neonazis como el de Kiev, surgido de un golpe de Estado pergeñado por Estados Unidos y bendecido por Berlín (véase la crónica “La guerra larvada de Ucrania”)*.

Sobre el tema, el reputado periodista Robert Parry, quien descubrió el Irangate, sostiene que The New York Times forma parte de la conspiración para confrontar Europa y Rusia al desinformar gravemente a sus lectores. El periódico omite “la extraordinaria intervención de Estados Unidos en los asuntos políticos de Ucrania” de la mano de neconservadores como la Fundación Nacional para la Democracia y la secretaria para Asuntos Europeos, Victoria Nuland, seguido “con el golpe de Estado respaldado por Estados Unidos el 22 de febrero de 2014, que derrocó al presidente electo Viktor Yanukovich y puso uno de los líderes elegidos de Nuland, Arseniy Yatsenyuk, como primer ministro” (Consortiumnews, 24 de enero de 2015).

Para el Times todo comienza con la “anexión” de Crimea, pasando por alto el referéndum abrumador por la unión con Rusia y obviando que “las tropas rusas estaban ya en Crimea como parte de un acuerdo con Ucrania para el mantenimiento de la base naval rusa en Sebastopol”. Se pregunta si Rusia podía permanecer pasiva ante la posibilidad de que armas nucleares en manos de ultraderechistas se instalen a kilómetros de su frontera. El problema, para Estados Unidos y para el mundo, es que si el Times piensa como el ultraconservador senador John McCain, queda poco margen para otra política que no sea la confrontación abierta.

¿Hacia la desintegración europea?

Es posible que Roubini tuviera algo de esto en mente cuando alertó sobre la posible alianza de Grecia con Rusia. Recordemos que su fama se debe Roubini a sus acertadas previsiones sobre la crisis económica de 2008, desencadenada por la crisis de las hipotecas subprime. Es un ferviente anti-ruso y anti Putin, pero su temor es que la brecha entre la Unión Europea y su país “se está volviendo aún más polarizada” (Time, 13 de junio de 2015).

Un think tank del sistema como el que dirige Roubini, muestra cierta preocupación por la tendencia de la superpotencia a actuar en solitario mediante una amplia gama de mecanismos, que van “desde aviones no tripulados hasta un estilo de gobierno económico que incluye la amenaza de congelación de los activos de las naciones problemáticas (como Rusia o Irán), una estrategia que apoda la militarización de las finanzas”.

A nadie escapa que la Unión Europea, y el euro, están atravesando su peor momento al punto que pueden estllar. Aquí no valen las declaraciones, siempre engañosas, sino los hechos duros y puros. Alemania está repatriando sus reservas de oro. En 2014 fueron 120 toneladas, de ellas 35 fueron retiradas del Banco de Francia en París y 85 toneladas de la Reserva Federal de Nueva York. Para 2020, Alemania tiene la intención de tener la mitad de sus reservas de oro en sus bóvedas, frente a sólo un tercio en la actualidad.

No es el único país europeo que está repatriando masivamente sus reservas. Según varios economistas, ese comportamiento obedece a desconfianza: “El almacenamiento de oro dentro del país puede ser cierto tipo de seguro en caso del retorno a las monedas nacionales en Europa. El hecho de que numerosos países quieran tener un seguro de este tipo significa que estos Estados consideran que hay una posibilidad real del colapso de la eurozona” (Russia Today, 20 de enero de 2015).

Desde que Estados Unidos desató la crisis en Ucrania, la eurozona va de mal en peor. En su resistencia a dar paso a un mundo multipolar, “Occidente en vez de salvarse, parece haber decidido salvar los mecanismos y los actores de su crisis omni-dimensional: los mercados financieros, los bancos, el dólar, la Otan, el unilateralismo, el democratismo ultraliberal”, sostiene el Laboratorio Europeo de Anticipación Política (Geab 91, 15 de enero de 2015). El tránsito hacia un mundo más equilibrado está bloqueado por la parálisis europea, agudizada con la crisis de Ucrania.

Sin embargo, el tránsito hacia ese mundo es inevitable, toda vez que Asia ya es el centro económico del mundo. Lo que está en juego es cómo quedará parada Europa, si consolidará su alianza con Rusia, y con China a través de la Ruta de la Seda o si, apuesta a seguir los dictados del sistema financiero centrado en la City de Londres y en Wall Street, en lo que el Geab considera “un suicidio colectivo que los europeos bien saben lo que significa”.

En una Europa empantanada, el triunfo de Syriza puede ser decisivo. Es la primera derrota del capital financiero. Abre una ventana de oportunidades para forzar un cambio de rumbo, una bifurcación capaz de convertir a Europa en una región más autónoma; capaz de elegir, sin chantajes, sus alianzas necesariamente diversas, sin someterse a ninguna potencia. Un camino que inevitablemente pasa por la democratización de las decisiones, algo que horroriza al capital financiero, devenido en principal obstáculo para la soberanía de los pueblos europeos.

Nota:

* https://www.diagonalperiodico.net/global/25407-la-guerra-larvada-ucrania.html

Raúl Zibechi, periodista uruguayo, escribe en Brecha y La Jornada. Integrante del Consejo de ALAI.

Fuente: http://alainet.org/active/80472

 

2015, un año crítico y turbulento

El 2014 termina con la decisión de Barack Obama de restablecer relaciones con Cuba, luego de medio siglo de bloqueo y ataques a la soberanía de la isla. La alegría que suscita la noticia debe matizarse. El acercamiento se produce en el momento en que Estados Unidos muestra marcadas tendencias hacia la provocación de conflictos y guerras, como parte de estrategia de crear caos sistémico para seguir dominando.

El año que finaliza fue uno de los más tensos e intensos, ya que la Casa Blanca desplegó un conjunto de iniciativas que pueden llevar a la guerra entre países que poseen armas atómicas. El caso más crítico es el de Ucrania. Washington pergeñó un golpe de Estado en la frontera de Rusia, con la intención de convertir a Ucrania en plataforma para la desestabilización y, eventualmente, la agresión militar contra Rusia. La estrategia estadunidense se orienta a establecer un cerco militar, económico y político a Rusia, para impedir todo acercamiento con la Unión Europea.

Entre los hechos más graves de 2014, debemos recordar que Estados Unidos no movió un dedo para impedir los bombardeos indiscriminados de Israel sobre la Franja de Gaza. La política de la Casa Blanca en Medio Oriente es de una hipocresía alarmante. Avaló unas elecciones más que dudosas en Egipto, luego de un golpe de Estado contra el primer gobierno democrático, que llevaron a su incondicional aliado Albdelfatah Al-Sisi al poder.

La situación caótica que atraviesan Siria, Sudán, Irak y Libia es una muestra clara de que se ha diseñado una estrategia del caos, como vienen denunciando varios analistas, como medio para rediseñar las relaciones de poder a su favor. Siguen siendo un misterio cómo las poderosas fuerzas militares occidentales no pueden abatir al Estado Islámico, haciendo crecer las sospechas de que la organización terrorista trabaja en la misma estrategia que impulsa el Pentágono.

En América Latina, llama la atención el silencio de la administración Obama sobre las masacres en México. Por mucho menos, funcionarios del gobierno de Venezuela están siendo denunciados y perseguidos por la Casa Blanca.

No deja de llamar la atención que la nueva escalada contra el gobierno de Nicolás Maduro sea simultánea con el acercamiento a Cuba. Parece obligado preguntarse: ¿qué intenciones abriga Estados Unidos con esta nueva política hacia la isla?

Es evidente que no hay una política estadunidense hacia Venezuela y otra hacia Cuba, o hacia México. El objetivo es el mismo: seguir imperando en el Caribe, en Centroamérica, México y todo el norte de Sudamérica, el área donde Estados Unidos no admite desafíos. Para evitarlo, todo vale. La guerra contra los sectores populares en México (con la excusa del narco) fue diseñada para impedir un levantamiento popular, que era posible en los primeros años del nuevo siglo.

Pero en México, Estados Unidos puede contar con una clase políticaentrenada y financiada por ellos, fiel y sumisa. Algo con lo que no pueden contar en Venezuela (donde la oposición no tiene ni la cohesión ni la capacidad como para dirigir el país), mucho menos en Cuba, donde los cuadros técnicos y políticos no son manejables por las agencias del imperio.

En Venezuela se está apostando fuerte por el caos, como se desprende del tipo de acciones llevadas adelante en los primeros meses de este año por los sectores más radicalizados de la oposición. Es probable que intenten llevar la estrategia del caos en Cuba, con todo lo que implica: desde la introducción de la cultura capitalista (en particular consumismo y drogas) hasta las formas venales de la democracia electoral al uso en occidente.

Al parecer, porque aún es pronto para saber si la Casa Blanca está promoviendo un viraje en su política exterior, existe la intención de jerarquizar el papel de América Latina. El análisis del Diario del Pueblo, apunta en esa dirección. La estrategia de Estados Unidos de influir en la zona Asia-Pacífico fue una decisión trasnochada y ya se han dado cuenta. Ahora Estados Unidos mueve sus piezas hacia otros derroteros. La normalización de las relaciones con Cuba intenta eliminar la gran piedra para su activa participación en los asuntos de América Latina, y desliza una discreta adecuación en su fallida estrategia de regresar a Asia-Pacífico( Diario del Pueblo, 19 de diciembre de 2014).

Es cierto que Obama en su alocución hizo referencia a que la política hacia Cuba distanció a Estados Unidos de la región y limitó las posibilidades de impulsar cambios en la isla. A través de Cuba, simbólicamente, Estados Unidos enfatiza su interés por la comunidad americana, concluye el diario oficialista chino.

Si es cierto que la potencia apunta sus baterías hacia América, estaríamos ante un viraje de proporciones a la vez que se estaría evidenciando la escasa consistencia de su política exterior, que desde 1945 estuvo focalizada en Medio Oriente y en los dos últimos años se propuso bascular hacia Asia-Pacífico.

En todo caso, los latinoamericanos estamos ante problemas nuevos. En los últimos años el poder blando de Estados Unidos provocó dos golpes de Estado exitosos (Honduras y Paraguay), una guerra de alta intensidad contra un pueblo (México), puso en jaque la gobernabilidad en varios países (Venezuela y en menor medida Argentina) y ahora la emprende contra la mayor empresa del continente (la brasileña Petrobras). Es cierto, todo hay que decirlo, que la incompetencia de algunos gobiernos les facilita la tarea.

Todo indica que 2015 será un año difícil, en el cual las tendencias hacia la guerra, la desestabilización y el caos sistémico crecerán de forma probablemente exponencial. Esto va a afectar a los gobiernos conservadores y a los progresistas, entre los cuales hay cada vez menos diferencias. Para los movimientos de los de abajo y para quienes seguimos empeñados en acompañarlos, toca aprender a vivir y a resistir en escenarios de agudas tempestades. Es en ellas donde se forjan los verdaderos navegantes.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2014/12/26/index.php?section=opinion&article=016a1pol

 

EL PAPA FRANCISCO Y LOS MOVIMIENTOS SOCIALES

La Teología de la Liberación fue en gran medida consecuencia de la práctica de millones de creyentes en sus comunidades eclesiales de base, pero también en una amplia gama de movimientos, desde los campesinos y sindicales hasta las guerrillas armadas. La reflexión teológica se nutría de una práctica transformadora, y a menudo revolucionaria, a la cual servía.

Entre el 27 y el 29 de octubre se celebró en Roma el Encuentro Mundial Movimientos Populares convocado por el Papa Francisco. No es algo habitual que la mayor autoridad de la Iglesia católica se reúna con más de cien dirigentes sociales de todos los continentes para debatir sobre tres ejes, tierra, trabajo y vivienda; sobre los grandes problemas y desafíos que enfrenta la humanidad desde la perspectiva de las organizaciones de los pobres y excluidos.

La convocatoria fue realmente amplia. De América Latina acudieron organizaciones tan importantes como el Movimiento Sin Tierra de Brasil, el Movimiento Nacional Campesino Indígena de Argentina, el Comité de Unidad Campesina de Guatemala, la Federación Uruguaya de Cooperativas de Viviendas por Ayuda Mutua, la Corriente Villera Independiente de Argentina, la Coordinadora Nacional de Organizaciones de Mujeres Trabajadoras Rurales e Indígenas de Paraguay, la organización de mujeres Bartolina Sisa de Bolivia y el Sindicato Mexicano de Electricistas, por mencionar sólo a las más conocidas en cada país.

Del Estado español fueron invitadas la Asociación Democracia Real YA y la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. Salvo excepciones no hubo centrales sindicales, siendo mayoritarias, por los menos por Latinoamérica, las organizaciones de cartoneros y recicladores de basura, trabajadores de empresas recuperadas, campesinos, comunidades negras, habitantes de favelas y villas miseria, así como pueblos indígenas. Las delegaciones de Asia y Africa fueron muy numerosas, destacando la organización campesina de Palestina. Participó también el presidente Evo Morales.

Por el tipo de organizaciones invitadas, el Papa priorizó a los trabajadores pre-carizados, temporales, migrantes y los que participan en el sector informal sin protección legal, ni reconocimiento sindical ni derechos laborales. A los campesinos sin tierra y pueblos indígenas en riesgo de ser expulsados del campo a causa de la especulación agrícola y de la violencia, y a los que viven en suburbios, sin infraestructura urbana adecua-da. En suma, a las capas más pobres en cada país, que son en realidad los protagonistas de las luchas más importantes de los últimos años.

Los objetivos centrales del Encuentro, según Joao Pedro Stédile, coordinador del MST, consistieron en compartir el pensamiento social de Francisco, contenido en su Exhortación Apostólica «La Alegría del Evangelio», difundida en noviembre de 2013. También se trató de reflexionar sobre las injusticias y las «formas de interacción con las instituciones y las perspectivas futuras», en una reunión que fue preparada durante más de un año y en la que Vía Campesina jugó un papel destacado (Adital, 24 de octubre de 2014).

En su intervención en el Encuentro, Francisco no se limitó a criticar la economía actual, a la que definió como «Imperio del dinero», sino que habló largamente de los movimientos: «No se contentan con promesas ilusorias, excusas o coartadas. Tampoco están esperando de brazos cruzados la ayuda de ONG, planes asistenciales o soluciones que nunca llegan o, si llegan, llegan de tal manera que van en una dirección o de anestesiar o de domesticar. Esto es medio peligroso. Ustedes sienten que los pobres ya no esperan y quieren ser protagonistas, se organizan, estudian, trabajan, reclaman y, sobre todo, practican esa solidaridad tan especial que existe entre los que sufren, entre los pobres, y que nuestra civilización parece haber olvidado, o al menos tiene muchas ganas de olvidar».

Además, les propuso «luchar contra las causas estructurales de la pobreza», advirtió contra «estrategias de contención que únicamente tranquilicen y conviertan a los pobres en seres domesticados e inofensivos» y terminó con un «sigan con su lucha», porque nos hace bien a todos.

Francisco tiene una larga experiencia con los movimientos de los más pobres. En 2009, tuve una larga conversación con el padre Pepe, José María Di Paola, en la villa 21 en el barrio Barracas de Buenos Aires. Es una villa poblada por paraguayos inmigrantes, con viviendas precarias autoconstruidas, muy pobres, donde el padre Pepe trabajó diez años hasta que tuvo que salir amenazado por bandas de narcotraficantes. En ese momento Pepe tenía 46 años, pelo largo, ropa informal y se expresaba como un vecino más.

Hablamos de Mario Bergoglio, entonces arzobispo de Buenos Aires, un hombre a todas luces conservador, al punto que algunos lo acusaron de haber colaborado con la dictadura, pero comprometido con los pobres. «Viene a la villa en micro (transporte colectivo), viene solo, camina hasta la iglesia y toma mate con los vecinos. No viaja en el coche del arzobispado. Conoce nuestro trabajo, apoya a los curas villeros que vinimos a aprender de la gente, no a decirles lo que tienen que hacer».

La anécdota vale para recalcar un hecho que me parece indudable. El Papa Francisco cree en la necesidad de que los pobres se organicen y que luchen por sus derechos. Piensa así desde mucho antes de haber sumido el trono de Pedro y ha codificado sus ideas en textos que sintetizan sus postulados sociales y políticas. No veo dobles intenciones por ningún lado.

Siento, sin embargo, una gran distancia entre la propuesta de Francisco y aquellos años sesenta y setenta cuando predominaba la Teología de la Liberación y la práctica de las comunidades eclesiales de base. Encuentro dos diferencias importantes. Una, en las propuestas que defiende el Papa. La otra, en el modo como se propone modificar el estado actual de las cosas.

Ciertamente, la «exhortación apostólica» de Francisco sostiene que «los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio». Tanto en su doctrina como en vida pastoral, los pobres juegan un papel central. Sin embargo, a lo largo del texto de 142 páginas aparecen más como objetos de ayuda que como sujetos de su liberación. Destaca un capítulo que titula «La inclusión social de los pobres», que siento contrasta con la «opción por los pobres» de los teólogos de la liberación y sintoniza con las políticas sociales de los gobiernos progresistas.

En segundo lugar, la Teología de la Liberación fue en gran medida consecuencia de la práctica de millones de creyentes en sus comunidades eclesiales de base, pero también en una amplia gama de movimientos, desde los campesinos y sindicales hasta las guerrillas armadas. La reflexión teológica se nutría de una práctica transformadora, y a menudo revolucionaria, a la cual servía. No siento una tensión similar en el Encuentro Mundial de Movimientos Populares. Quiero decir, que no veo una voluntad de poder como la que impregnó a los cristianos cuatro décadas atrás.

Es posible que esa diferencia esté ligada al cambio de época (ya no se habla de revolución ni hay fuerzas que la promuevan) y no tanto a una intención explícita de integrar más que en transformar. Los curas de la liberación tenían muy claro que el sujeto no eran ellos, ni la Iglesia, sino los pobres. Aún es pronto para saber hacia dónde se dirige este impulso de Francisco. Pese a las cautelas necesarias, y a las limitaciones que se adivinan es, en todo caso, un aire fresco tan necesario como urgente.

Movimientos y elecciones en Brasil

La polarización que dominó Brasil durante dos décadas, entre el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) de Fernando Henrique Cardoso y el Partido de los Trabajadores (PT) de Luiz Inácio Lula da Silva, quedó hecha añicos con las manifestaciones de junio de 2013. La disputa entre tucanos y petistas dividió al país entre quienes defendían el modelo neoliberal y las privatizaciones y los que proponían cambios de fondo para salir de ese modelo.

Como toda contradicción aguda, fue un principio de orden capaz de alinear a las más diversas fuerzas políticas y sociales detrás de cada una de las propuestas representadas por esas siglas y esos dirigentes. Mientras la década de 1990 fue un periodo de hegemonía del partido de Cardoso, la primera década del nuevo siglo estuvo dominada por los orientados por Lula. Cada una de ellas hizo alianzas amplias para asegurar la gobernabilidad y enfrentó demandas de los diversos grupos de presión.

Con las grandes movilizaciones de junio de 2013, este escenario cambió radicalmente. Era la primera vez que el gobierno del PT enfrentaba demandas nacidas de la sociedad, ya que hasta ese momento las disputas principales habían provenido, en lo fundamental, de diversos sectores empresariales y profesionales, y sólo secundariamente de los movimientos. Los millones de personas movilizadas en 353 ciudades exigieron la anulación del aumento del transporte, demanda que obtuvieron, cosechando un histórico triunfo.

Junio fue mucho más que eso. Fue un grito contra la desigualdad, focalizada en un primer momento en el transporte, y contra la criminalización de la protesta y de los movimientos, ya que la protesta se masificó por la desmedida represión policial. Brasil sigue siendo uno de los países más desiguales del mundo. Con los tres gobiernos del PT la pobreza disminuyó considerablemente, pero la desigualdad apenas se movió, ya que no hubo cambios estructurales, no se hizo la reforma agraria ni se procedió a la reforma urbana como demandan los nuevos movimientos. Sin cambios en la estructura de propiedad y de la renta, los planes sociales no pueden resolver los grandes desafíos que plantean los sectores populares.

La represión sigue siendo otra cuenta pendiente. Como muestra, ahí está la brutal y sofisticada represión que sufrieron los manifestantes el día que se jugaba la final del Mundial de Fútbol, en la plaza Sáenz Peña de Río de Janeiro. Fueron cercados por un abrumador despliegue policial, sin permitirles salir del cerco durante horas, hasta que finalizó el partido. La Policía Militar se mueve en las favelas con total impunidad, utilizando fuego real contra la población. La organización Maes de Maio, formada a raíz del asesinato de 500 personas inocentes en Sao Paulo en mayo de 2006, luego de acciones criminales del narcotráfico, contabiliza 25 masacres entre 1990 y 2013, a razón de una por año.

Junio de 2013 fue una reacción contra las continuidades entre los gobiernos del PSDB y el PT. Los analistas mediáticos y académicos suelen enfatizar los cambios habidos desde 2003 (cuando Lula llegó al gobierno), pero no mencionan las continuidades. El sociólogo Chico de Oliveira fue uno de los primeros en enfatizar que entre ambos partidos no hay tantas diferencias. En junio fue la calle quien se encargó de mostrarlo. Bruno Cava, uno de los más profundos analistas de Brasil, destacó que lo que está fuera del campo de visión de la izquierda sólo conlleva una carga errática y peligrosa, que debe ser controlada (IHUOnline, 5 de julio de 2013). Siento que la polarización de años entre tucanos y petistas empobreció la capacidad de análisis de estos militantes, razona el sociólogo Rudá Ricci en su blog.

En los últimos días hubo varios pronunciamientos de movimientos sobre la cuestión electoral. Lucas Oliveira, del Movimiento Passe Livre (MPL) que jugó un destacado papel en las manifestaciones de junio, señala que ninguno de los tres principales candidatos apoya la tarifa cero (en el transporte) ni tienen propuestas para reducir el precio del billete. El MPL defiende la movilización permanente, no cree en la vía institucional, de arriba abajo. Si creyéramos en ella, estaríamos contribuyendo a construir alguna candidatura. Y no estamos haciendo eso ( Estado de Sao Paulo,23/8/14).

El Movimiento de Trabajadores Sin Techo (MTST) emitió un contundente comunicado en defensa de vivienda libre y reforma urbana. En nuestra presión sobre el Estado, en sus diversos niveles, no nos guiamos por quién esté en el gobierno. Tenemos rigurosa autonomía en relación a cualquier partido político y esencialmente ante cualquier gobierno (MTST.org, 26/8/14). Los sin techo agregan que sus demandas se construyen con lucha y organización popular y no a través de las instituciones. El texto finaliza: Reafirmamos que nuestro camino no es la participación en las campañas electorales. ¡Nuestro voto es el poder popular!

El 2 de septiembre el Movimiento Sin Tierra (MST) publicó un comunicado en el que demanda reforma agraria a los tres candidatos.Desgraciadamente, cada vez más, el poder del capital secuestra la política y las instituciones públicas, impidiendo las transformaciones políticas y económicas que interesan al pueblo brasileño (MST.org, 2/9/14). Luego de detallar un conjunto de demandas hasta ahora incumplidas, finaliza con su compromiso de luchar de forma permanente, en defensa y construcción de la Reforma Agraria Popular y de una sociedad socialista.

Dos días antes del comunicado, el MST había ocupado la hacienda de un senador y candidato a gobernador de Ceará, miembro del PMDB, aliado del gobierno. Las movilizaciones no se han detenido ni siquiera en la recta final de la campaña electoral. Junio de 2013 fue un parteaguas, profundo, irreversible. Un ¡Ya basta! para el que quiera o pueda escucharlo. El ser de izquierda, en este difícil periodo, sobrevive sólo en los movimientos anticapitalistas.

El capital financiero saquea Río de Janeiro

En menos de una década Río de Janeiro está padeciendo tres grandes eventos que modifican su fisonomía: los Juegos Panamericanos en 2007, la Copa del Mundo en 2014 y los Juegos Olímpicos en 2016. Esa sucesión de megaeventos deportivos en tan poco tiempo es aprovechada por el capital financiero para remodelar una de las ciudades más bellas del mundo, donde obtiene enormes ganancias y provoca daños irreparables a los más pobres.

Este mes el Comité Popular de la Copa y las Olimpiadas de Río lanzó el cuarto dossier titulado Megaeventos y violaciones de los derechos humanos en Río de Janeiro (se puede bajar de comitepopulario.wordpress.com).

A lo largo de 170 páginas analiza las principales consecuencias que están teniendo sobre la ciudad y su población, a la vez que pone al descubierto quiénes se benefician con las millonarias obras que imponen, entre otras, la FIFA y el Comité Olímpico Internacional.

“Los megaeventos deportivos marcan el retorno de la forma más violenta de menosprecio de los derechos a la vivienda en la ciudad”, puede leerse al comienzo del dossier. Se trata de una “limpieza social” que consiste en relocalizar a los pobres para abrir oportunidades de negocios a las grandes empresas, en zonas “nobles” como Barra da Tijuca, Jacarepaguá y el centro histórico, mientras los traslada a zonas lejanas donde deben remprender sus vidas desde la nada. Hasta ahora son casi 5 mil familias desplazadas de 29 comunidades, estando otras 5 mil amenazadas de desalojo.

El Comité de la Copa apoya con estudios y análisis a las comunidades desalojadas, pero sus miembros también ponen el cuerpo para resistir a las excavadoras que derriban viviendas. Las mujeres están a la cabeza de la resistencia, como Inalva Britos, en Vila Autódromo, y Alessandra en el morro da (cerro de la) Providencia. En los barrios populares las mujeres venden comida en el vecindario o hacen artesanías, estrategia de sobrevivencia que no van a poder continuar en los desolados “barrios” del programa Mi Casa Mi Vida. Resistir es cuestión de vida.

Río es la ciudad más afectada por la especulación inmobiliaria. El precio de las viviendas subió 65 por ciento entre 2011 y 2014, frente a un promedio de 52 por ciento en Brasil. El precio de los alquileres subió 43 por ciento, frente a 26 por ciento en São Paulo. La lista de obras es impresionante: dos estadios (el Olímpico y Maracaná), la Villa Olímpica y el Puerto Maravilla; seis líneas de trenes livianos, ampliación del metro y de las autopistas o vías rápidas urbanas: todo financiado con dineros públicos.

Sólo la remodelación en Río, de Maracaná demandó mil 50 millones de reales (470 millones de dólares). El presupuesto de obras aumentó 65 por ciento desde lo presupuestado en 2010, alcanzando la astronómica cifra de mil 500 millones de dólares sólo para las obras del Mundial y las Olimpiadas. Las principales beneficiarias son las grandes constructoras: Odebrecht, OAS, Camargo Corrêa y Andrade Gutierrez. Casualmente, las que mayores aportes hacen a los partidos políticos en las campañas electorales.

Maracaná ha sido remodelada completamente por Odebrecht, que conserva además la apetecida gestión del recinto. Comparte con Andrade Gutierrez la construcción y gestión de la Villa Olímpica, con OAS la gestión del estado Olímpico, y así hasta 20 grandes obras en Río de Janeiro, cientos en las 12 ciudades sedes del Mundial, incluyendo nuevos aeropuertos y hoteles. Sólo la nueva Terminal 3 del aeropuerto de Guarulhos (São Paulo) tuvo hasta ahora un costo de mil 500 millones de dólares.

Nada de esto se puede hacer sin represión. La ocupación por el ejército del Complexo da Maré (130 mil habitantes en 16 favelas), hasta que termine el Mundial, es apenas la acción más conocida por la población. Esta semana el gobierno del estado de Río informó de la incorporación de ocho nuevos blindados para el Batallón de Operaciones Especiales (BOPE), que serán utilizados en los operativos de “pacificación de las favelas” ( O Globo, 24/06/14).

En los cuatro meses previos al Mundial, la Secretaría de Estado de Río informó de 4 mil 250 internaciones forzosas de personas en situación de calle, quienes son trasladadas a un albergue a 70 kilómetros del centro de la ciudad, donde, según el dossier de los Comités de la Copa, son alojados en condiciones precarias y sufren prácticas de tortura.

“Río de Janeiro se está convirtiendo en una ciudad cada vez más cara y desigual”, señala el dossier del Comité de la Copa. Una ciudad fracturada, conflictiva, como sucedió en el reciente carnaval, cuando más de 70 por ciento de los 14 mil recolectores de basura entraron en huelga. Luego de ocho días de duro conflicto y descalificaciones, una de las categorías peor pagadas obtuvo un aumento de 37 por ciento en su salario base, que aun así es de apenas 500 dólares. Pese a las presiones, aún se mantiene el enorme campamento de 4 mil personas organizado por el MTST (Movimiento de Trabajadores Sin Techo) a tres kilómetros del estadio Itaquerão.

Cuando se lleva disputada la mitad del Mundial, las manifestaciones han descendido y la cantidad de personas movilizadas es menor que en las semanas previas. Aun así, las protestas están lejos de desaparecer. Nadie olvida el éxito de las jornadas de junio de 2013, que consiguieron frenar los aumentos del boleto de transporte urbano, pero que en realidad cuestionaban el modelo de ciudad que va imponiendo el capital con apoyo de una amplia coalición de partidos.

Un reciente comunicado del MTST, que mantiene un campamento de 400 personas frente a la cámara municipal en demanda de vivienda popular, asegura que su lucha no comenzó con el Mundial ni se terminará cuando finalice. “Reafirmamos que el gran legado del Mundial fue la especulación inmobiliaria y la exclusión urbana”.

Después de julio, cuando el balón deje de rodar y se apaguen los fuegos de artificio mediáticos, los brasileños volverán a su vida cotidiana, pagando precios abusivos por un transporte pésimo. La resistencia al extractivismo urbano recién comienza.

Entre la paz y el retorno al pasado. Elecciones en Colombia

Todo apunta hacia el empate en la primera vuelta entre el presidente Juan Manuel Santos y el ultraderechista Óscar Iván Zuluaga, quien representa al ex presidente Álvaro Uribe. Un escenario de retorno al pasado, y a la guerra, por el que una parte de la sociedad colombiana se siente seducida.

La impresionante remontada del candidato afín al expresidente Álvaro Uribe, Óscar Iván Zuluaga, le permite colocarse a la par del presidente Juan Manuel Santos que busca la reelección en ancas del proceso de paz que negocia con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

En las elecciones presidenciales del domingo 25 de mayo está en juego la continuidad de las negociaciones en La Habana, el proceso de paz que más ha avanzado en la historia de Colombia. Pero también está en juego la carrera de política de Uribe, quien acusa a su ex ministro de Defensa, Santos, de hacer demasiadas concesiones a la guerrilla. Lo cierto es que el presidente y el candidato uribista reclutan en torno al 30 por ciento de las adhesiones, según todas las encuestas, mientras los otros tres candidatos (la conservadora Marta Lucía Ramírez, Enrique Peñalosa de la Alianza Verde y la progresista Clara López) rondan el diez por ciento cada uno.

Es posible que el equilibrio se rompa a último momento, ya que Zuluaga –que se presenta por el Centro Democrático- fue filmado junto a un hacker al que la Fiscalía había acusado de realizar interceptaciones ilegales a los miembros de la mesa de negociaciones de La Habana. Pese a la evidencia, que confirma que el candidato de Uribe boicotea las negociaciones, la mayoría del electorado se mostró reacia a modificar su voto, aunque la imagen de Zuluaga sale dañada del escándalo.

Las negociaciones

Una semana antes de las elecciones, el viernes 16, el gobierno y las FARC cerraron su tercer acuerdo en La Habana, esta vez sobre la política antidroga. Se trata del tercer acuerdo al que arribaron los negociadores en dos años de intensas gestiones que por momentos parecieron al borde del fracaso. Anteriormente habían acordado la política agraria y la participación política de la guerrilla una vez finalizado el conflicto.

Aunque varios candidatos calificaron el acuerdo como oportunista por concretarse días antes de las elecciones, la periodista Juanita León estima que si lo firmado se cumple, “podría darle un vuelco total a la política antidrogas que tanto daño le ha hecho a Colombia” (La Silla Vacía, 18 de mayo de 2014). El acuerdo toma distancia de la política militarista en el combate a las drogas articulada por el Plan Colombia, y se inclina hacia “la erradicación a partir de un proceso de planeación participativa con las comunidades involucradas, lo que permitiría una mayor integración social de los cocaleros”.

Según el acuerdo se seguirán tres pasos para poner fin a los cultivos: la erradicación voluntaria, luego la erradicación manual forzosa y, como última instancia, la fumigación aérea que es el punto más rechazado por la guerrilla, que al día siguiente de difundido el acuerdo libró un comunicado en el que propone posponer el tema hasta una eventual asamblea constituyente.

En adelante el combate a las drogas estará enfocado desde la óptica de la salud pública, lo que implica un cambio radical ya que echa por tierra la filosofía que llevó a la militarización del país. Las FARC se comprometen a dar información para desmantelar las minas antipersonas que han sembrado alrededor de los campos de cultivos de coca. Por primera vez, la guerrilla reconoce que se financiaba a través del tráfico.

El comunicado conjunto de las partes destaca “el compromiso de las FARC-EP de contribuir de manera efectiva, con la mayor determinación y de diferentes formas y mediante acciones prácticas con la solución definitiva al problema de las drogas ilícitas, y en un escenario de fin del conflicto, de poner fin a cualquier relación, que en función de la rebelión, se hubiese presentado con este fenómeno”. No es un tema menor, sobre todo porque a continuación señala que “la construcción de una paz estable y duradera supone la disposición por parte de todos de contribuir con el esclarecimiento de la relación entre el conflicto y el cultivo, la producción y la comercialización de drogas ilícitas y el lavado de activos derivados de este fenómeno, para que jamás el narcotráfico vuelva a amenazar el destino del país”.

Según la directora de La Silla Vacía, las principales zonas cocaleras están en zonas de influencia de las FARC que controlarían un 60 por ciento de estos cultivos. Si la guerrilla sale definitivamente del negocio de la droga, será más fácil combatir a las bandas de narcotraficantes y paramilitares que controlan otros eslabones del negocio y que tratarán de ocupar los espacios que dejen las FARC, quienes podrían “arrojar información valiosa sobre rutas, sobre lavadores de activos (algunos de ellos elegantemente camuflados en la alta sociedad), sobre las alianzas con la Fuerza Pública, los empresarios y los políticos que son cómplices de los ilegales”.

El acuerdo sobre drogas va en la misma dirección que los anteriores, ya que apuesta a la creación de asambleas comunitarias que serán la base para la construcción de los planes municipales integrales de sustitución y desarrollo alternativo para las zonas afectadas por cultivos de coca. En el mejor de los casos, en La Habana se estaría gestando una nueva institucionalidad que representa “una oportunidad más para que los guerrilleros desmovilizados puedan fortalecerse como alternativa política en las zonas de influencia”, destaca León.

La fuerza de Uribe

A principios de año el presidente Santos triplicaba la intención de voto del candidato del Centro Democrático. El punto de quiebre fueron las elecciones legislativas de marzo, donde las listas del Centro Democrático, encabezadas por el propio Uribe, consiguieron 20 escaños en el Senado y fueron las más votadas en una docena de departamentos, incluyendo Bogotá.

A partir de ahí se registró un fuerte ascenso de Zuluaga, un estancamiento de Santos y un vuelco en la campaña. Zuluaga no tiene, ni de lejos, el prestigio, la trayectoria y la visibilidad de los otros candidatos, incluyendo no sólo al actual presidente sino también a Peñalosa, López y Ramírez. Peñalosa fue alcalde de Bogotá; Ramírez fue la primera mujer ministra de Defensa y antes fue ministra de Comercio y senadora; López fue alcaldesa de Bogotá y presidenta del Polo Democrático. Zuluaga fue apenas ministro de Hacienda de Uribe durante tres años y alcalde de su pueblo natal, Pensilvania (Caldas), de poco 25 mil habitantes. En febrero, dos tercios de los colombianos no lo conocían, pese a que Uribe lo cargaba en hombros.

El cambio de estrategia se debe a Duda Mendonça, quien orienta la compaña de Zuluaga. El marketinero brasileño fue el artífice de la campaña electoral de 2002 que llevó a Luiz Inácio Lula da Silva a la presidencia, en ancas del lema “Lulinha paz e amor”. Decidió separar a Uribe del candidato presidencial y focalizarse en la primera letra de su apellido: la Z. La campaña comenzó a destacar las virtudes familiares y profesionales de Zuluaga. El éxito de la estrategia es evidente, al punto que varias encuestas muestran que puede vencer en la segunda vuelta a celebrarse el 15 de junio.

En paralelo, Santos no puede despegarse de su gestión presidencial. Desde el punto de vista social y económico el gobierno tiene poco que mostrar. Bajo el gobierno Santos emergió un vasto movimiento social que por primera vez en décadas forzó al Estado a reconocer sus demandas. En las áreas rurales se movilizaron, en agosto de 2013, miles de campesinos que confluyeron con las demandas de camioneros, cafeteros, pequeños y medianos mineros y un amplio conjunto de productores de alimentos que atraviesan una profunda crisis a raíz del TLC con Estados Unidos.

El paro agrario nacional duró cuatro semanas y se saldó con doce muertos y casi 500 heridos y forzó a Santos a firmar un “Pacto Nacional por el Agro y el Desarrollo Rural” y a reestructurar su gabinete, lo que revela la profundidad del impacto que tuvieron las movilizaciones sociales.

A fines de abril, en plena campaña electoral, estalló un nuevo paro agrario que amenazaba obstaculizar la reelección. Pero esta vez la mesa de La Habana mostró la capacidad de disciplinar al movimiento social. “Santos logró bajar de la movilización a Marcha Patriótica, al Congreso de los Pueblos y a sus aliados, que eran los sectores que podían lograr que el paro se le saliera de las manos a sólo dos semanas de las elecciones” (La Silla Vacía, 12 de mayo de 2014)

Contrastando con el duro enfrentamiento registrado en 2013, las organizaciones indígenas, campesinas y afrocolombianas mostraron su respaldo a las negociaciones de paz que, en los hechos, significa un apoyo a Santos. “Esta movilización es para respaldar el pliego y la mesa. No estaremos bloqueando carreteras, para darle un mensaje positivo al gobierno de que seguimos dialogando y negociando”, señaló una vocera del Congreso de los Pueblos, considerado más a la izquierda que la Marcha Patriótica vinculada al Partido Comunista (Nasaacin.org, 12 de mayo de 2014)

Síntoma de los tiempos electorales, el ex alcalde progresista de Bogotá, Gustavo Petro, destituido por el conservador Procurador General de la Nación, decidió apoyar la reelección de Santos en los últimos días de la campaña (El Tiempo, 14 de mayo de 2014). Petro fue restituido en el cargo a instancias de Santos, en cumplimiento de una resolución de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. El apoyo del popular alcalde de Bogotá a la reelección puede torcer el virtual empate entre los dos principales candidatos.

El negocio de la guerra

“Me impresiona”, respondió el sociólogo francés Daniel Pécaut cuando la entrevistadora María Jimena Duzán le preguntó sobre la polarización entre Santos y Uribe (Semana, 16 de mayo de 2014). Pécaut es un profundo conocedor de la realidad colombiana, la que estudia desde décadas atrás y sobre la que ha dejado textos imprescindibles como “Orden y Violencia: Colombia 1930-1953”. (1)

Recuerda que hay mucho escepticismo sobre el proceso de paz. “Muchos sectores, no solo las elites dirigentes, están descubriendo que a ellos les ha ido mejor con el conflicto armado que lo que les podría ir en caso de que se firmara un acuerdo pacífico”. En primer lugar porque el conflicto no afecta a las ciudades sino a las periferias del país. En segundo, porque perciben que el conflicto armado ha sido “un factor de cierta estabilidad social y política”, que ha sido capitalizada por Uribe.

Esta percepción es bien realista. En las seis décadas que dura el conflicto, “no ha habido mayores sobresaltos ni surgimiento de movimientos sociales fuertes que expresen sus reivindicaciones”. Por cierto, la guerra dejó muy pocos espacios a los movimientos y cuando aparecen como sucedió con los paros agrarios, favorecen indirectamente al discurso uribista del orden.

Lo cierto, afirma Pécaut, es que el conflicto contribuyó a mantener el estatus quo, a pesar de que en 30 años se registró un fuerte crecimiento económico pero se mantuvo el mismo nivel de desigualdad que en 1930. La cultura política dominante en Colombia es reacia a aceptar conflictos sociales que son inevitables en todo país moderno.

El sociólogo alerta que es la última oportunidad para la paz, al igual que lo hacen unos cuantos analistas colombianos. Cuando fracasó el proceso de paz del Caguán, en 2002, la población culpó a las FARC y se volcó con el discurso guerrerista de Uribe. “Si se vuelve a fracasar en La Habana, la gente con mucha razón le va a echar la culpa a las FARC”, afirma Pécaut. No obstante, considera que lo que más afectó el conflicto armado fue el narcotráfico y lo que más le asusta de Colombia es el populismo.

La actual polarización no sólo impresiona a Pécaut porque ve en ella una “guerra sucia” que anticipa lo peor. Quien dedicó su vida académica a comprender La Violencia que arrasó al país afirma: “Sólo podría compararla con el clima que se vivió en los años 1946 y 1947 entre conservadores y liberales”. Como consecuencia de ese clima, el 9 de abril de 1949 fue asesinado el dirigente liberal Jorge Eliécer Gaitán. El asesinato desencadenó el levantamiento popular conocido como El Bogotazo y dio inicio a una larga guerra de más de seis décadas.

Anexo

Votar, cuestión de minorías

LA ABSTENCIÓN SIEMPRE ganó en Colombia. Pero ahora se manifiesta de forma masiva en las grandes ciudades y toma dos direcciones: la baja participación, menor a la mitad de los habilitados, y el voto en blanco, que viene creciendo de forma sostenida.

En las elecciones legislativas del pasado 9 de marzo, un millón y medio de personas votaron en blanco. En las “circunscripciones especiales” fue mayoritario. En la elección para elegir representantes de los pueblos indígenas, se registraron en total 171 mil votos a candidatos y otros 138 mil votos en blanco, según detalle Le Monde Diplomatique en su edición de mayo. Algo similar ocurrió en la circunscripción afrocolombiana. Fueron emitidos 159 mil votos por listas de partidos mientras otros 77 mil sufragaron en blanco.

Pero lo más significativo es la enorme abstención en las ciudades. En Bogotá, los diputados fueron electos apenas con los votos de tres de cada diez capitalinos. La abstención alcanzó el 65 por ciento y el voto en blanco el 10 por ciento. En Medellín, la segunda ciudad del país, sólo llegaron a las urnas el 41 por ciento de los habilitados y el 7 por ciento de los que votaron lo hicieron en blanco. En Cali la abstención batió todos los registros alcanzando el 67,7 por ciento, siendo el voto en blanco del 7 por ciento.

En opinión del analista Miguel Suárez, “el voto en blanco refleja la tercerea ola de indignación expresada en las urnas colombianas”, en los doce últimos años. Las dos anteriores fueron el apoyo al candidato de izquierda Carlos Gaviria y luego a la centrista Ola Verde, ambas desafiando al establecimiento político. Las elecciones son cuestión de minorías en un país que no confía en que las cosas puedan cambiar algún día.

Nota 

(1) Siglo XXI, Bogotá, 1987.