Mundo inexistente.

Sheila no había tirado migas de pan porque no quería recordar el camino de vuelta.

Salió por la noche a pasear, y ya no estaban las paradas de autobús, ni las carreteras, se habían borrado los graffitis, las paredes se habían derrumbado. Se sintió algo confundida andando por esa llanura ausente de todo estimulo físico. Miro hacia el horizonte, solo quedaban las cenizas de la puerta; de la que tantas veces había tocado el timbre y tantas veces le habían recibido con los brazos abiertos. Se movía por un escenario de cine, pensó que era como estar en Dogville.

Al regresar a casa. Fue a por el disco, Meds de Placebo, lo coloco en la minicadena. Pista 1, silencio, Pista 2, silencio, Pista 3, silencio, Pista 4, silencio… pensó que el disco estaba roto, coloco “Relax” de Los Piratas, y ocurrió lo mismo. Probo a ponerlo en el ordenador, y el resultado fue idéntico. Se sirvió una copa de vino tinto, le supo a agua.

Llamó por teléfono a toda su agenda de amigxs, nadie le contesto. Los libros se habían convertido en libretas de hojas en blanco, los cuadros en lienzos sin pintura alguna. Solo funcionaba la televisión. Todo está desapareciendo.

 Sheila quiso acordarse del camino de vuelta a cuando el mundo existía, pero no había tirado migas de pan y ahora vivía en un continuo mundo de inexistencia.

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