Jue. Mar 12th, 2026

Baladre ha sido mi casa, una casa elegida en todos los sentidos, desde que entrara en mi vida los primeros años de este raro siglo que andamos. Desde la primera vez que tuve la oportunidad de viajar más allá del mar que rodea a mis islas para conocer desde lo cotidiano gentes, grupos y experiencias que participan de diferentes y creativas maneras en la Coordinación, hace hoy más de veinte años, sentí plena y conscientemente todo el privilegio y la excepcionalidad de tejer relaciones por debajo, con los afectos y las complicidades en el centro. La magia del encuentro desde los mínimos que nos unen, sin las lógicas de poder tan presentes en nuestros mundos colectivos, tendiendo manos desde un apoyo mutuo que provoca que nos pertenezcamos sin poseernos, generando así una cercanía real que muchas coincidimos en no saber explicar bien, aun siendo capaces de percibir la certeza en la piel de esa telaraña de afectos compartidos tan desde dentro y tan duraderos a pesar de las distancias y los tiempos que nos separan.

Hoy, de vuelta de una de esas vueltas por territorios, países y naciones sin estado, vuelvo a casa con la impresión de que no ponemos en valor lo suficiente, quizá por la rareza de su existencia en las lógicas que nos habitan, de este tipo de prácticas de andarnos compartiendo con libros, charlas y presentaciones como excusas. Y es desde ahí desde donde puedan tener algún sentido estas letras. Sólo por la experiencia de colocar sobre la mesa y el papel una de tantas giras y tinglados puestos en marcha por muchas de nosotras y devolver algunos de los favores y abrazos compartidos.

Mallorca me acogió allá por el 25 de febrero, con el calorcito y el cariño  con olor a pan y café de la casa de Margarida, para compartir de Archipiélago a Archipiélago, lo limitado que nos vuelve la vida el monopolio turístico y conocer espacios sociales para la soberanía de las personas y de los pueblos, acabando con los pies en el Ateneu Popular L´Elèctrica y comprobar de nuevo cuanto compartimos de las prácticas de abajo en los espacios de relación que generamos en forma de Centros Sociales, con la cultura y la acción política en el centro.

Todavía con salitre en la piel del mar de la isla balear caminé hacia el País Valencià, de regreso a una de esas casas comunes que mis pies ya conocían, el Ateneu Popular de Xàtiva, en lucha por la importancia de sostener sus paredes, techos y todas las vidas que lo habitan, como las de Lucía, Martxi… amigas de tantos años, que nos abrieron una vez más sus puertas para que nosotras abriéramos nuestros mapas, estadísticas, comparativas de datos imposibles y emancipaciones planeadas y participadas.

En esa misma noche (quién conoce Baladre y alguna vez subió a su baladrina sabe bien que una nunca sabe dónde duerme por más que anochezca en cualquier ciudad) buscamos cama de camino a El Punt, una Biblioteca, Centre de Formació i Documentació sobre moviments socials autogestionado, para comunicarnos, comer y aprender de los veteranos de las luchas libertarias del país y, sin tiempo que perder aun con el café en la boca, poner rumbo a la Mancha, más concretamente al Alcazar de San Juan de Rosa y las gentes cegeteras que mantienen en el centro de la ciudad un Espacio Social que nos dio cobijo de domingo, churros y debate sobre colonialismo y geopolítica alrededor de una mesa repleta, pantallas y proyectores. Y también noche de vino, gatos y terrazas de frío seco antes de continuar camino abajo.


Pasa, creo que de alguna manera a todas las que compartimos esta flor que coordina, que hay territorios que ya cuentan historias comunes de grupos, encuentros, llegadas a metas de marchas colectivas y reencuentros con familia, de la de verdad, más allá de mares y continentes. La Cuenca de Vir, Dani, Aurelio, Rosita…para mi es una de esas mecas a la que una quiere siempre regresar y en las que me tratan como en casa. La universidad se vistió de barrio, poesía, colonias africanas, feminismos y pasilleos enredados de nuevo. Nos encontramos con Zulema, Kike y caras desconocidas con preguntas y reflexiones renovadas que nos impulsaron para llegar de un soplo largo de carretera, a dormir a casa de Naty, el mejor hotel de lujo en el pueblo de Torrent. Un tres de marzo con las activistas del CSA La Llavor y las Amparo, Tamara, Teres…del Parke Alkosa, junto a Manolo poniéndonos la lágrima en el ojo y de punta los pelos al recordar la masacre de Gasteiz 50 años después, raíz de este Baladre nuestro que aún lucha y envenena.

Seis días que saben a décadas de agradecimientos y una verdad irrenunciable: Somos porque nos tenemos, y esa premisa solo es real cuando nos juntamos y nos miramos a los ojos y a los sueños compartidos. Por eso es urgente y necesario seguir viéndonos en las calles y en esta alma compartida que nos parió.

Súbanse a la Baladrina. Acompañémonos la vida. Para nosotras, siempre con otras.

José M. Martín
De Canarias pal Mundo

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