Sáb. Oct 1st, 2022

Podemos un partido, de aquella manera

Algún día el yunque cansado de ser yunque, pasará a ser martillo.

Mijaíl Bakunin

Visto desde la distancia, atendiendo casi exclusivamente a uno o dos chats, se percibe que desde el inicio la lucha de ‘Salvar el puertito’, ha tratado de ser cooptada por distintas líneas políticas. Hace unos días un amigo me preguntaba ¿Pero vamos a ver, qué tienen en común un/a socialdemócrata y un/a anarquista? Y le respondí, influido por lo que he estado leyendo, que ambas dos están en el mismo chat de ‘Salvar el puertito’. Nada más.

Antes de entrar en el asunto, tengo que aclarar que no puedo hablar de ‘cooptación’, ‘recuperadores’ o incluso de ‘entrismo’, durante los primeros pasos que se han dado en esta lucha. Los debates, el asentamiento de una serie de líneas, que se dió tuvieron que ver con el proceso habitual de formación de un nuevo ‘colectivo’ (grupo humano). Cuando un movimiento social aparece es normal que varias formas de entender, de razonar, y de expresar, la problemática que trata sean confrontadas. Esto puede parecer cooptación, pero no es otra cosa que el difícil camino del consenso. ¿Quiénes somos? ¿A quién y desde donde viene nuestra reivindicación? ¿Cuáles son las ideas fuerza que la dotan de sentido? ¿Qué expresiones se usan, para identificarnos entre nosotras, y también para describir lo que ocurre? Llegado el caso, creo que han sido tres los ejes de debate/polémica:

1. Entender la lucha, y explicarla, desde una visión netamente técnica. Esta perspectiva atiende a una forma de ‘lucha’ burocratizada, en la que se apela a la ‘justicia’ para frenar el proceso. Para ella es importante poner el foco en las ilegalidades, y documentar los daños presentes y futuros, en materia ‘medioambiental’ y en un segundo momento, ante la evidencia, también arqueológica.

2. Entender la lucha como una reivindicación ‘ciudadana’, y sólo de esta manera. Como veremos es esta la vía posibilista, que apoyándose en los datos (propios o extraídos a partir del trabajo del primer grupo), apela a las instituciones, y considera estas como un espacio de ‘representación’ secuestrado, pero recuperable.

3. Entender la lucha como un ejercicio dialéctico radical. Está postura sería aquella que, si bien puede compartir cierto análisis de 1, en absoluto está de acuerdo con 2, en que las instituciones están ‘secuestradas’. Al contrario, considera que el espacio de representación político debe ser discreto, el de las personas que se asamblean y toman compromisos personales, y que lo institucional no es un terreno de lucha, si no una herramienta más del poder.

Por honestidad, tengo que aclarar que me situó en el tercero de los grupos. Cada uno de esos ejes es diverso, y bastante, vamos a encontrar personas (compañeras) que se mueven entre ellos, son posicionamientos que en definitiva pueden misturar. No obstante, la transición de un punto de vista a otro tiene que ver con el nivel de conciencia política de cada activista. Cuando hablo de conciencia política, no me refiero a una ‘jerarquía’ (aún cuando personalmente tenga simpatías o antipatías), sino de la comprensión individual de lo que ‘está en juego’ según se defienda uno u otro nivel. En definitiva, defender a priori uno de los posicionamientos implica, normalmente, tratar de hacerlo de una manera general (holista), aplicando por ello unas tácticas acordes a esta.

Sea como sea, la irrupción de la Acampada rompió, de facto, con los dos primeros posicionamientos. Veamos por qué:

Respecto a 1: – Si entendemos que, con la demostración de la ilegalidad es suficiente para la puesta en marcha de mecanismo de justicia. ¿Por qué entonces se recurre a la desobediencia civil?

Respecto a 2: – Si entendemos que, el espacio natural de lo político está en las instituciones ¿cómo podemos creer que estas se encuentran secuestradas? Si apelamos a las reglas del juego de las democracias parlamentaristas, la desobediencia civil no es un ‘movimiento permitido’ salvo en situaciones de excepción. Pretender ‘recuperar’ las instituciones a través de esas prácticas es del todo incoherente, y peligroso.

Que cada unx extraiga sus propias conclusiones, y bregue como pueda con las contradicciones. Lo cierto es que, hasta el momento en que un grupo humano decidió exponerse, el movimiento popular en torno a la defensa de Adeje era poco más que un incordio para la cacicada. Y eso no es poca cosa, pero quizás no habría bastado para llegar a donde estamos.

Así las cosas, la coyuntura actual isleña ha dejado en evidencia, no sólo en este caso si no respecto a muchas otras contradicciones de nuestra sociedad, que 1. y 2., no son vías óptimas para llevar a buen puerto las reivindicaciones. Y no lo son, porque sencillamente la actualidad demuestra cómo el entramado mafioso-político (caciquil) de las Islas no es permeable a ningún tipo de réplica, cambio, o transformación. El poder económico de las Islas ya se ha planteado estas cuestiones, por ejemplo en lo referido a la economía centrada en el ladrillo y el turismo. Lo hizo durante el confinamiento, y lo sabemos porque por primera vez cargos políticos de las Islas anunciaron que quizás dicho modelo debía cambiar. No obstante no encontraron una solución, una alternativa al actual modelo extractivista. Colateralmente, y atendiendo a la Agenda 2030, sí que pusieron en marcha (de hecho ya estaba muy encaminado) lo que se conoce como el Greenwashing, una mascarada política que (a costa de inversiones multimillonarias) presenta la idea de que un capitalismo verde (sostenible) es posible. Por diversas evidencias sabemos que no es verdad, entre ellas basta señalar que hemos entrado ya en la década del ‘fin de la energía barata’. No es posible un ciclo de ‘crecimiento exponencial’, cuando se carece del combustible necesario, de las materias primas, y de los mercados, que lo sostengan. Las soluciones a estos graves problemas, que yo he conocido, son todas de carácter ‘mágico’ (la ciencia infusa que se decía antiguamente), y por supuesto, ninguna se compromete con acabar con los problemas relacionados con ese ‘crecimiento’ que siempre se da a costa del sufrimiento de la mayoría.

Bueno planteada la generalidad del asunto, ¿a qué me refiero con entrismo? Y ¿en qué medida se ha producido, o se está produciendo, en ‘Salvar el Puertito’?

Nombrar las acciones no tiene que ser sinónimo de comprenderlas, pero por lo menos ayuda en ese camino. El entrismo, en tanto que táctica política, ha sido ampliamente utilizado a lo largo de la historia, con este nombre o con otros. Veamos una definición del mismo:

«El entrismo es una vieja estrategia política, que algunos atribuyen a Trotsky y al trotskismo, otros ven su origen en Lenin, y otros le endilgan a Mao un tanto de su aplicación. En todo caso, el entrismo es la penetración por parte de organizaciones de cuadros políticos en partidos reformistas de masas, con el fin de redireccionarlos hacia una organización revolucionaria, o dividirlos después de haber captado un importante número de su militancia política para constituir un nuevo partido revolucionario. Por lo general el entrismo lo realizan grupos de izquierda dentro de organizaciones socialdemócratas.»

Fuente: ¿Entrismo? Nicmer Evans, en Aporrea.org el 12/10/2014 12:18 PM

En la cita planteada, se define esta táctica (aunque es erróneamente llamada ‘estrategia’), dentro de un contexto y un momento determinado de la historia de Venezuela. Hoy en día la verdad es que este tipo de práctica, y también en el momento en que se escribió ese artículo, ha sido de sobra estudiada y aplicada de manera muy diversa en todo el planeta. No sólo con el fín, ni mucho menos, de ‘radicalizar’ grupos u organizaciones, sino precisamente al revés, y de manera más común para: suavizar, rebajar, reconducir, o incluso inspirar (con intereses geopolíticos) colectivos y movilizaciones. Una de las formas más elevadas de esta manera de actuar viene dada por los ahora denominados ‘populismos’, sean de izquierda o de derecha. Y en el conjunto de herramientas de las que disponen debemos añadir, y colocar en el centro, las redes sociales.

Populismos, de derecha o de ‘izquierda’, han sido ya estudiados, hay mucha información, y no voy a pararme demasiado en el asunto. Huelga decir que, para el caso que nos interesa, a quienes refiero son a los segundos. El populismo de izquierda, una renovación descafeinada de la socialdemocracia, ha tratado, y muchas veces con éxito, postularse en diversos países como la única garantía de ‘transformación’ social actual. Esto se ha logrado, allí donde funciona, a base de aprovechar las debilidades (naturales) de los movimientos populares a la hora de confrontar a un poder que siempre tiene todo de su parte. De esta manera en el estado español un partido como Podemos, sin ningún tipo de estructura, capacidad de negociación, o luchas conocidas, ha logrado en muy pocos años situarse como una fuerza a tener en cuenta. Desde luego esto no se logra sólo mediante la táctica mencionada, hay muchos más en juego, pero veamos como funciona el asunto, a groso modo:

El populismo (de ‘izquierda’) establece una dicotomía absoluta, los ‘de arriba’ frente a ‘los de abajo’

Esta retórica se abrió paso en el estado español a raíz de las movilizaciones del ‘15M’. Los motivos por los que ha calado, tienen que ver con una serie de procesos históricos, descritos aquí y allí. En general todos los análisis remiten, aclarando que no son las únicas, a dos cuestiones: 1. La desaparición de la URSS 2. La consigna tatcheriana que dice ‘there is no other way’ (no hay otro camino). Esta anunció la hegemonía absoluta de las democracias parlamentarias occidentales, con una economía organizada en torno al modo de producción capitalista en su forma neoliberal.

Así las cosas, venimos de la descomposición de los ‘grandes sujetos políticos’ alrededor de los que se aglutinan las ideologías. Fruto de esto el populismo ha buscado encontrar, llegando incluso a romantizar, el ‘pueblo’ en cualquier tipo de expresión social. Como los ‘pastores’ guían al ganado, el populismo ‘traduce’ los hábitos, y las preocupaciones de la mayoría social, curiosamente haciéndolo siempre con mucha consideración a la sensibilidad de las ‘clases medias’. Con esto quiero decir que, no acuden a la raíz del problema, sino que inducen a creer en la fantasmada de que ‘el sistema puede ser domesticado’. En definitiva, convenciendo a sus votantes que efectivamente a través de un proceso de acumulación de ‘pisquitos’ (reformas), finalmente se alcanza un clima de justicia social ‘óptimo’. Y eso nunca ha ocurrido en la historia de la humanidad, y buen ejemplo lo tenemos en Allende, una persona que tiene un halo de heroicidad (para mi merecido) pero que a fin de cuentas fue asesinado por lo que fue asesinado. Lo que ocurrió después en Chile, eso también se sabe.

Muchas compañeras podrían corregirme, y tendrían razón, diciendo que los movimientos genuinamente sociales (horizontales y asamblearios, por eso situados en el tercer posicionamiento que he nombrado), también hablan de ‘los de arriba’ frente a ‘los de abajo’. Y es cierto, ahora bien, esos movimientos sociales tienden a diferenciarse del populismo estatista en que:

1. Aunque puedan hablar de ‘reparto de la riqueza’, como el populismo estatista, atacan al modo de producción capitalista.

2. Apelan a la autogestión, y la no dependencia de estructuras estatales o paraestatales.

3. Se niegan a ser absorbidas por las instituciones. Consideran, junto con las anarquistas decimonónicas, que de las luchas sociales deben surgir las nuevas instituciones del pueblo. Esta se nombra a veces como la ‘estrategia de construcción en paralelo’, y consiste en cimentar (de abajo hacia arriba) un nuevo orden social mientras se combate el régimen vigente. Dicho de otra manera, su crítica se dirige al estado en tanto que organización de la sociedad, y no a quienes están a la cabeza del mismo.

4. Aunque no tienen claro, o no suelen tenerlo, cuál es el horizonte político ‘postcapitalista’ y aunque ,a veces, llegan a renunciar a la noción ‘clásica’ de revolución, entienden que la ruptura con el régimen vigente es necesaria y debe darse.

6. No hablan al pueblo como si fuera menor de edad. Exigen compromisos, responsabilidades personales y que deben responder a una serie de valores consensuados. Estos implican cuestiones tan diversas como: Condenar y luchar activamente contra las violencias machistas, y hacerlo en primer lugar en los espacios más cercanos. Abandonar las lógicas del crecimiento infinito, que apuntalan los ecocidios contemporáneos. Afrontar una perspectiva internacionalista, pensando primero en el internacionalismo doméstico y el antirracismo. Reconocer la diversidad de epistemologías (teorías del conocimiento), sean estas conmensurables, o no, respecto al saber científico. Evitar prácticas autoritarias y vanguardistas, que supongan el secuestro de la ‘voluntad general’ por parte de intereses personales. No disponer de la fuerza de trabajo ajena, sea ello a través del pago de un salario, o sin él, etcétera, etcétera…

De tal manera si es cierto que podemos encontrar esta retórica de ‘los de arriba frente a los de abajo’ entre quienes defienden por ejemplo, luchas indigenistas, autónomas, o de otro tipo, también es verdad que lo que quieren significar, el lugar a donde se busca llegar, es bien distinto al de esta no tan original socialdemocracia de la que estoy hablando. También cabría preguntarse ¿Invento Podemos, o el resto de partidos populistas esta división de la sociedad? La respuesta no es difícil de encontrar.

Recoge las reivindicaciones de unos movimientos sociales ‘dispersos’

Los movimientos sociales que hoy en día conocemos son producto de lo dicho antes. Ante la debacle de las formas de organización tradicionales en el mundo (sindicatos y partidos), surgen los ‘movimientos sociales’ en el s.XX. Estos consisten en grupos humanos creados como respuesta a un problema concreto, pero que renuncian a seguir el disciplinamiento (habitual) de las organizaciones de masas. Son más ‘móviles’, y tienen fases explosivas, pero también pueden apagarse rápidamente. En general, en la mayoría de ellxs, no se alcanza una visión ‘a largo plazo’, u ‘holista’ si no que con el fin de mantener al grupo ‘unido’ mantienen una serie de acuerdos mínimos que lleven a buen puerto la reivindicación.

Un ejemplo de cómo se trata de ‘reunir’ a estos grupos lo tenemos sin ir más lejos antes, durante y después del 15M en Tenerife. Donde continuamente, al hilo de la acampada, surgían ‘vanguardias’ que trataban de proponerse como ‘cerebro’ de la movilización. Siendo que la gente ponía el músculo necesario para esa lucha, estos aspirantes a jefecillos eran quienes pretendían ‘alumbrar’ la verdad revolucionaria que daría forma a la protesta. En general sus intentonas fueron desactivadas, en ese momento. Aunque con el paso de los años un partido, Podemos, logró finalmente rentabilizar, y casi que hegemonizar por completo, la memoria política de una movilización que fue espontánea. Ese partido recogió el sentir general de las protestas, descontentos, e injusticias y creó una quimera, una organización que quería aglutinar lo estético y reivindicativo del asunto, pero sin comprometerse en absoluto con el mar de fondo que lo provocó.

Logra ciertas cuotas de poder dentro de la estructura del estado

Una vez que el partido alcanza cuotas de poder, las que estiman suficientes, se estancan. Sus reivindicaciones, que en un primer momento parecían coincidir con las de quienes se supone representan, se rebajan, y se pone toda la organización al servicio del mantenimiento de los puestos de poder. Al poco tiempo esto se traduce en que los movimientos sociales que han sido ‘afines’ al partido reciben ciertas prebendas, quizás algunos de sus miembros ganan una concejalía, aparecen locales, y en general se paga el apoyo dado a la organización. Pero esto se hace también a costa del mantenimiento de un criterio corporativista, en donde los ‘problemas se deben resolver en casa’, y aún cuando los miembros de esos movimientos sociales no son de hecho afiliados, se crea la falsa sensación de que su subsistencia política (e incluso personal a veces) depende de que Podemos se mantenga en el poder. Lo que empezó siendo un conato insurreccional, se convierte en una vía para la reproducción del sistema, lo que arranca con un ánimo libertario y autogestionado, acabe transformándose en una extensión ‘títere’ de las instituciones que cuestionaba. Y hay algo peor, la represión no merma y además se acentúa porque militantes y activistas están bajo el ‘embrujo’ posibilista. Sobre esto tengo que decir, si existe algo así como un imperativo político de las revoluciones debería ser: Sabes que es una revolución, o que el movimiento es revolucionario, cuando se está en camino de cerrar los cuarteles y las cárceles. Cualquier tipo de política real, no nos engañemos, que no avance hacia esto a lo que aspira es a sentarse en el trono y ejercer por su cuenta el monopolio de la violencia del estado.

Y pintando el asunto, de manera muy basta, así es como se va pasando de querer parar una obra, a meterse sólo con determinados partidos, a por último (y lamentablemente), claudicar y aceptar en el ser cómplices de un ecocidio ‘menor’ al esperado. Está es una de las posibilidades en el escenario, y para nada creo que sea la más remota. Como decía al principio de este texto, el esfuerzo por penetrar en esta lucha, por parte de gentes afines a Podemos, no ha sido menor. Pero es que es más, aquí y allí (en las redes claro), se pueden leer cosas como:

– La política de verdad es la que se logra con el voto.

Y es este un enunciado profundamente antidemocrático. Que oculta que la política es ante todo una acción humana, y que si sólo el ‘voto’ fuera un resorte de transformación a buen seguro que nunca se habría otorgado el sufragio universal. El voto, con mucho, es la manera más ‘chana’ de política, la pura y dura delegación que encima no es contractual. ¿O acaso pasa algo si un partido incumple su programa?

– Los partidos políticos son los que cambian las cosas.

En la historia de la humanidad los ‘partidos políticos’, además del capitalismo, tiene mas bien poco recorrido. Visto en perspectiva estos son una organización reciente, y que desde luego no cambia las ‘cosas’. Eso sí hacen leyes, que como todo lo humano tiene su fecha de caducidad.

– Si cuestionas, dudas, o críticas a Podemos, estas rompiendo la ‘unidad’.

Quienes hablan de esa unidad suelen ser más bien personas que quieren disciplinarte. Nadie te ha preguntado por cuál debe ser esa unidad de la ‘izquierda’, ni a donde llevan sus objetivos. Lo único que buscan es que se les deje actuar conforme a sus propias agendas corporativistas. Y a eso es a lo que llaman ‘unidad’, como los tres monitos: no ver, no hablar, no escuchar.

– Tenemos que tener está o tal institución, o concejal, cargo público, etcétera de nuestra parte.

De acuerdo incluso a las leyes de las democracias parlamentarias no es tarea de la gente seducir a alguien que ha sido escogido para ‘representar al pueblo’. La cosa debería ser justo al revés . Afirmar, o querer que la gente actúe de esa forma, o tan sólo promoverla, es devolvernos automáticamente al antiguo régimen: al feudalismo.

– Se le ‘ruega’ (esto es literal), a tal o cuál política (el nombre de una empieza por Y.) que diga algo al respecto de esta lucha.

Por supuesto, jamás y nunca hasta el momento se ha pronunciado. Y con respecto a lo que sí ha dicho, en este caso Podemos, pues debemos aclarar que: Su inconformidad con el proyectado hotel (Tumba del Alma), no le impide seguir manteniéndose en el gobierno de las flores mustias. Esto les sitúa a la cola del oportunismo, los últimos de una fila de gentes que viven de ‘representar’ a un pueblo muy poco o nada identificado con sus ‘líderes’.

– Es que Podemos no tiene mucho poder, realmente quienes están en cada una de las instituciones son los del pesoe.

Frases como estas denotan tal empantanamiento mental que incluso aburre escribir una réplica… Y es que están al mismo nivel de cuando se nos culpaba a las abstencionistas de ‘poner la alfombra roja’ a la entrada del ‘fascismo’ (VOX) en el gobierno. Ocultando claro está, que el castigo del electorado ‘podemita’ tenía mucho que ver con la apatía que produjo la lenta caída hacia el absurdo de su política.

Hasta aquí de lo que he hablado es de una manera de hacer, un runrún, que está en el telón de fondo de esta brega popular. Supongo que habrá quien esperaba que aportará ‘pruebas’, capturas, documentos, que de alguna manera reprodujese el ‘modo de la justicia burguesa’. De esa forma detectivesca se ‘recomponen’ unos hechos que felizmente, llevan a decir: ‘Ahí estás, eres culpable y te condeno’. No es ese mi estilo, aunque si creo que más uno/a se va a sentir aludido/a por estas líneas, de eso me alegro.

Continuará…

Miguel Delgado Valentín

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