Sobre La Tejita, el movimiento social de Tenerife y la causa nacional

La lucha de La Tejita se sitúa, marcada de antemano, sobre dos contextos estrechamente relacionados. El movimiento social de Tenerife, respetando las opiniones de quien no lo vea así, llevaba muchos años de letargo. Nada tenía que ver con la década de los 2000, donde bregamos contra el Radar de Anaga, el tendido eléctrico de Vilaflor, el Puerto de Granadilla, la Vía Exterior, los diferentes PGO, etc. Fruto de estas luchas, se crearían la Coordinadora de Pueblos y Barrios y la Asamblea por Tenerife, entre otros. Incluso diría que ni siquiera la pelea contra el Petróleo, ya en la década pasada, llegó a esos niveles, al menos en Tenerife. Desde entonces, la cosa ha estado demasiado parada y no porque no hubieran motivos, sino porque se generó una situación de desánimo y desidia.

Esto, coincide en el tiempo con una desaparición del independentismo como actor político claro con un papel preponderante. A mi parecer, esto también se debe a dos cuestiones: a) ahora hay militantes como mínimo, por la autodeterminación, en todo tipo de organizaciones, pero salvo honrosas pequeñas excepciones, no son colectivos independentistas. Hemos normalizado nuestra lucha y consolidado gran parte de nuestro discurso y simbología (la Tricolor, guanchismo, tema cultural…), pero también perdido peso como movimiento propiamente dicho, nos diluímos en el Pueblo. Y la otra, b) hemos abandonado la calle. Ahora, con las redes sociales, estamos todo el día publicando «stories» y creemos que con eso basta. Y no, no basta. De hecho, la característica del independentismo es de bregar «a pie de piche», desde el MPAIAC/FAG al FREPIC. Desde Azarug a Inekaren. Pero ahora nos gusta la comodidad de nuestro smartphone.

La lucha de La Tejita viene de largo, materializada como movimiento social desde hace 5 años, apróximadamente. La asamblea me merece todo el respeto, no me cabe duda de su brega contra el proyecto del hotel todos estos años, se lo han currado por todas las vías, pero la fuerza ha sido limitada y los objetivos no se habían cumplido. Sin embargo en política, las ecuaciones nunca son 1+1=2. A veces una chispa, lo prende todo. Y cuando parecía que era una batalla perdida más (no se nos quita el trauma de Granadilla), dos jóvenes se suben a las grúas y cambia todo.

El movimiento «Stop Hotel de La Tejita» ha sido, sobre todo, un alarde de organización y de un ejemplo de como hacer las cosas. Calculando pasos en función a una estrategia y a los acontecimientos como han ido viniendo. Y que se partió apostando alto, luchando de verdad, con un compromiso diario total. Nada de esto abunda en ninguna parte y aquí, con el contexto existente ya comentado con anterioridad, menos. Todo ello con un discurso fuerte, claro y directo. Antifascista, anticapitalista, feminista, nacional y anticolonial.

Por todo ello, sin menospreciar a nadie ni a ninguna tendencia, creo que a simple vista, el independentismo ha vuelto a brillar en un terreno clave: la defensa del territorio, nuestro auténtico bastión desde siempre. Seguramente en otros lugares es muy importante, pero en un País archipielágico como el nuestro, el territorio es lo más imprescindible, lo básico, depende nuestra propia existencia física. Nuevamente hemos vuelto a aportar, a arrimar el hombro, a reinvindicar, en igualdad con otros compañeros que puede que no vean tan claro la cuestión nacional, pero el independentista que se precie, debe estar ahí, bregando con nuestro Pueblo.

Por tanto, las conclusiones que creo que debemos sacar son las siguientes:
1) Nunca debemos abandonar la defensa del territorio, aunque como en todo, puedan haber crisis.
2) Nunca tenemos que escondernos por ser independentistas, tenemos que ir de frente.
3) Dejen los móviles y peleen en la calle.

Nernu Inekaren.
Seguimos alzados.

Jose Carlos Ortega

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