Realismo y realidad ante un nuevo proceso electoral en Canarias

Si cambiara una cosa de mi militancia política personal, hubiera sido no haber militado en partidos políticos tan joven (con solo 20 años en listas para el Ayuntamiento de Aguere o Parlamento de Canarias por APC). Sin embargo, las lecciones que te llevas, las aprendes para toda la vida.

Una cosa que aprendí es que sin trabajo previo, sin arraigo y sin base social, no se va a ninguna parte. Por muy lindo que sea tu logo, por muy currado que sea tu programa, por muchos carteles que pegues. No sirve de nada, salvo para estallarte como una pita contra un muro y quemarte.

Otra, es que si para conseguir un representante público necesitas 5000 votos, cualquier resultado entre 0 y 4999 tiene un nombre: Fracaso. Lo demás son excusas.

Todo esto teniendo en cuenta que la vía electoral sea con una finalidad institucional, claro. Si se usa el proceso sufragista de modo estratégico para otra función, es gofio de otro costal.

Hoy por hoy, mi opinión personal es que no tenemos nada, o casi nada. Hay iniciativas interesantes, pero lo cierto es que, en la mayoría de los casos, lo único que se puede votar es «al menos malo».

Se necesita crear espacios físicos, proyectos, organizaciones, infraestructura y movimiento. Y trabajo real, mucho trabajo. Pero muy pocos bregan en esa dirección, es más fácil destruir o simplemente, buscar atajos que no llevan a ninguna vereda. O al menos, a ninguna vereda buena.

Pase lo que pase en la próxima cita electoral, la vida sigue, no se maten. El futuro y el País están por construir.

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