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¿Ciudadanía? No, gracias.

   Es curioso cómo hemos heredado una vida que no nos es propia a través del lenguaje, e irónico cómo su uso puede truncar nuestras intenciones comunicativas.  A veces decimos algo con el mejor de los deseos y quien recibe ese mensaje no lo entiende como una buena propuesta. Qué decir del coloquial uso de las palabrotas para referirnos cariñosamente a alguien o gastar una broma. La palabra es flexible y por ello podemos hacer con ella lo que queremos.

Cada persona tiene un código etimológico único con el que a través de su aprendizaje ha asignado un significado a cada vocablo que usa: algunos significados son más simples o formales -el uso de las preposiciones, artículos, las composiciones verbales…- pero hay otros que tienen un contenido más denso y personalizado, que es compartido por un grupo de personas más o menos amplio. Esta es la función del lenguaje: la comunicación.

En la etimología[1] colectiva, donde se cruzan todos estos significados que se han ido modelando y revisando durante siglos, repensar el poder que tiene la comunicación es lo que nos lleva a entender cómo afecta y cómo puede cambiar un contexto determinado: los discursos, virtuales o no, afectan a personas reales. Por eso, me lanzo a hacer una reflexión sobre las calles y lo que utilizamos al llamar a reinvidicar los espacios públicos.

Calle y llamamiento activo al espacio público

Y es que no todas las personas que habitamos las calles podemos habitarlas en las mismas condiciones. Decir ‘con las mismas condiciones’ significa aceptar de pleno que existen circunstancias que limitan nuestras vidas. Desde el privilegio económico, la racialidad o la alfabetización, hasta las diferencias entre los múltiples géneros e identidades, existe una escalera de opresiones que tienen unos efectos determinantes para nuestra existencia vital. Así, por ejemplo, cuando hablamos de la opresión del trabajo es tan necesario como importante reconocer que una mujer trabajadora está doblemente explotada y discriminada por su condición de mujer y de trabajadora. De la misma manera, habrá que extender ese reconocimiento a una mujer negra, por la discriminación de raza o etnia, o a una mujer gorda, por la gordofobia, o a una mujer trans, por la transfobia, y así sucesivamente, sumando una transversalidad de luchas que atraviesan directa y constantemente los cuerpos y las vida de las oprimidas.

Quienes habitamos en territorio del Estado español asistimos a una deprimente época de represión que ha mermado la actividad en calle de los movimientos sociales. Las oleadas de represión normativa de los últimos años, particularmente las leyes mordazas[2], han marcado un antes y un después en la forma en la que ocupamos el espacio público: hay que tener en cuenta que nuestra libertad está enmarcada en un sistema de derecho concebido como la estructura de un conjunto de normas, cómo aplicarlas y cómo han de interpretarse, que van desde la regulación de los derechos y libertades fundamentales recogidos en la Constitución de 1978, al desarrollo de cada una de esas libertades, qué implican, cómo ejercerlas y qué contraprestaciones tienen. Para muchas personas, papel mojado, para otras fundamento del sistema democrático basado en la aceptación tácita del contrato social.

Sin entrar a debatir sobre la legitimidad de este sistema regulador, la historia demuestra que es irrefutable que los derechos se conquistan: hay que tomar un papel activo. Pretendo entender el peso que tiene la palabra ‘ciudadanía’ y cuál es el trasfondo que tiene cuando se usa en los discursos de las ideologías más dispares que van del argumentario de la izquierda más clasista hasta, incluso, un partido político cuyo nombre es ‘Ciudadanos’.

¿Ciudadanos y ciudadanas?

Podríamos decir que hablar de ciudadanía es hablar de un conjunto de personas que viven en la ciudad, que habitan las calles de los núcleos urbanos. No obstante, la acepción de este término como circunscripción demográfica ha ido evolucionando del término griego polis con el que se denominaba la ciudad y que con el paso del tiempo se transformó en nuestro actual concepto de ‘política’. La palabra latina civitas[3], sin embargo, refería a la comunidad ciudadana jurídicamente organizada en la que sólo los hombres tenían derechos: ni mujeres, ni extranjeros y esclavos podían ejercerlos. Si queremos averiguar cuánto conserva de primigenio esta referencia a la persona, es necesario acudir a un significado compartido que pueda esclarecer qué significa en la actualidad:

ciudadano, na

  • y f. Persona considerada como miembro activo de un Estado, titular de derechos políticos y sometido a sus leyes[4].

¿Seguimos usando un término que refiere una realidad clasista, machista y basada en el supuesto privilegio de ser súbdito -en masculino- de un Estado?

La importante diferencia entre personas ciudadanas y no ciudadanas

En base a la definición anterior, las personas ciudadanas tienen capacidad jurídica, es decir, aptitud para ser titular de derechos y obligaciones y capacidad de obrar como aptitud para ejercitar esos derechos. Estos dos conceptos definen la identidad jurídica de cada sujeto, el acceso al ejercicio de libertades y derechos fundamentales, dicho de otra forma sobre la base jurídica, define quiénes somos y qué podemos hacer.

La diferencia estriba en quiénes tienen la posibilidad de ejercer ese rol activo y a quienes no se les reconoce o a quienes, mediante limitaciones indirectas, se les impone per se esta condición de ser: son muchos los colectivos discriminados por el capacitismo, pero hoy hablamos de quiénes están en situación administrativa irregular, de quiénes son personas ‘ilegales’[5] o ‘sin papeles’ a ojos del Estado español. Probablemente, cuando usas el término ciudadanía no te habías parado a pensar que su antónimo es, precisamente, lo que concierne a la extranjería. Entonces, ¿esto significa que no pueden hacer valer sus derechos?

Las personas extranjeras tienen reconocidos los mismos derechos y libertades fundamentales que las personas que tienen la ciudadanía[6] española -esto que se denomina ‘ser español o española’-. Un nimio ejemplo de la vulneración de este reconocimiento es la polémica reforma de la asistencia sanitaria[7]. Esta normativa reformula el derecho de acceso a la protección de la salud, cambiando la concesión de la prestación sanitaria de los titulares de derechos a ‘asegurados’, definiéndose como tal cuatro supuestos que excluyen al colectivo de personas en situación administrativa irregular y a personas extranjeras cuya situación administrativa que no estén afiliadas a la seguridad social (persona con visados de visita, por ejemplo).

Siquiera es necesario elevar nuestro análisis a cuestiones legislativas cuando día tras día, en las temidas oficinas de Extranjería se favorece un trato discriminatorio tejido sobre unos criterios que en muchas ocasiones contravienen lo dispuesto en la normativa y que vienen de donde nunca se sabe[8]. Grano a grano, la montaña se colma. Sumado a ello, prima la cultura del miedo y el desconocimiento, y la desinformación de mano de una práctica nefasta en un contexto en el que gobiernan los intereses del dinero, lleva a asumir que por el hecho de ser inmigrante o extranjero/a te pueden detener en cualquier momento, incluso cuando siendo mujer necesitas denunciar una situación de maltrato y no hay nada que pueda asegurarte la permanencia.

Hace tiempo tuve una conversación muy interesante con una amiga. Me dijo ‘si no quieres que el pájaro escape no hace falta que mantengas cerrada la jaula. Abre la puerta y convéncele de todos los miedos que vivirá ahí fuera’.

¿Propuestas?

Las que quieras. Quizá tú, como yo, tienes pasaporte y por suerte puedes vivir en el lugar en el que quieres estar. Esto, no obstante, no es así para quienes viven en el exilio, ni para quienes sienten el aislamiento carcelario dentro de los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE)[9], tampoco para quienes no tienen la opción de escapar de los conflictos bélicos ajenos a su vida. Entonces, ¿qué podemos hacer con todo esto?

Mi propuesta es que al menos tomemos consciencia de esta situación, que nos tomemos un momento para reflexionar sobre ello, sobre el irónico y triste privilegio que ostentamos conviviendo con inmigrantes, compartiendo calle y precariedad con ellas. Si hablamos de mínimos, reconocernos en el espacio en el que convivimos con esta realidad es hacer un acto de responsabilidad para con nosotras mismas y para con quienes la sufren. Hablar de ciudadanía implica invisibilizarlas: dejemos de hablar de ciudadanos y ciudadanas.

[1] La etimología es la disciplina filológica que estudia el origen de las palabras y la evolución de su forma y significado.

[2] Se denominan ‘leyes mordaza’ a las leyes represivas que limitan derechos y libertades fundamentales publicadas en el año 2015: Ley Orgánica 4/2015, de 30 de marzo, de protección de la seguridad ciudadana; Reforma del Código Penal publicada como Ley Orgánica 1/2015, de 30 de marzo y Ley de Reforma Procesal Penal, publicada como Ley Orgánica 13/2015, de 5 de octubre, de modificación de la Ley de Enjuiciamiento Criminal para el fortalecimiento de las garantías procesales y la regulación de las medidas de investigación tecnológica.

[3] La civitas tiene su origen en la polis griega y encuentra su desarrollo en la configuración de la República romana. La civitas desarrolla los ideales democráticos de la polis griega, especialmente la sumisión a la ley pública.

[4] Se refiere el significado publicado por la RAE -Real Academia de la Lengua- como referencia sobre la que se construye el concepto y no como único referente o reconocimiento de autoridad conceptual a esta institución. Se han consultado otras fuentes: recomendamos echar un vistazo a http://es.thefreedictionary.com.

[5] Es una contradicción jurídica y un uso moralmente reprobable del término. En este caso, se usa a modo ilustrativo del uso denigrante del término ‘legal’ referido a personas y a modo ejemplo para contraponerlo a la calificación correcta de la situación de estas personas.

[6] Artículo 3  de la Ley Orgánica 4/2000, de 11 de enero, sobre derechos y libertades de los extranjeros en España y su integración social, Derechos de los extranjeros e interpretación de las normas: 1. Los extranjeros gozarán en España de los derechos y libertades reconocidos en el Título I de la Constitución en los términos establecidos en los Tratados internacionales, en esta Ley y en las que regulen el ejercicio de cada uno de ellos. Como criterio interpretativo general, se entenderá que los extranjeros ejercitan los derechos que les reconoce esta Ley en condiciones de igualdad con los españoles.

[7] Real Decreto-ley 16/2012, de 20 de abril, de medidas urgentes para garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud y mejorar la calidad y seguridad de sus prestaciones que supuso la modificación de 3 de la Ley 16/2003, de 28 de mayo, de cohesión y calidad del Sistema Nacional de Salud.

[8]El pasado 15 de septiembre, la Federación SOS Racismo publicó el informe sobre racismo en el Estado español con interesantes datos sobre esta discriminación institucional. Puedes ojearlo aquí: https://sosracismo.eu

[9] Los Centros de Internamiento de Extranjeros, integrados en el Estado español en 1.985, resultado de la firma del Acuerdo Schengen para el control de la política migratoria de la UE (cuya consecuencia es que los ciudadanos y ciudadanas de los países participantes del acuerdo pueden circular ‘libremente’ por el territorio, desfavoreciendo integralmente esta libertad de movimiento a las personas extranjeras) no deben tener carácter penitenciario, conforme establece la normativa de regulación de estos centros Real Decreto 162/2014, de 14 de marzo, por el que se aprueba el reglamento de funcionamiento y régimen interior de los centros de internamiento de extranjeros. En la actualidad, hay siete en el Estado español y el Ministerio de Interior tiene la intención de construir tres más: el funcionamiento interno de los CIE contraviene gravemente los derechos y libertades fundamentales reconocidos por la normativa e innegables a cualquier persona: asistencia sanitaria integral, acceso a intérprete, comunicación con familiares, acceso a asistencia jurídica, entre otros. Además, estas personas pueden permanecer privadas de su libertad durante un plazo de hasta sesenta días. Recordemos que la privación de libertad es una pena de carácter penitenciario que en el Estado español se deriva de la comisión de un delito: los y las internas de los CIE ingresan a estos centros por estar en situación administrativa irregular, es decir, por una infracción administrativa como podría ser una multa de tráfico.

 

Notas al pie:
[1] La etimología es la disciplina filológica que estudia el origen de las palabras y la evolución de su forma y significado.
[2] Se denominan ‘leyes mordaza’ a las leyes represivas que limitan derechos y libertades fundamentales publicadas en el año 2015: Ley Orgánica 4/2015, de 30 de marzo, de protección de la seguridad ciudadana; Reforma del Código Penal publicada como Ley Orgánica 1/2015, de 30 de marzo y Ley de Reforma Procesal Penal, publicada como Ley Orgánica 13/2015, de 5 de octubre, de modificación de la Ley de Enjuiciamiento Criminal para el fortalecimiento de las garantías procesales y la regulación de las medidas de investigación tecnológica.
[3] La civitas tiene su origen en la polis griega y encuentra su desarrollo en la configuración de la República romana. La civitas desarrolla los ideales democráticos de la polis griega, especialmente la sumisión a la ley pública.
[4] Se refiere el significado publicado por la RAE -Real Academia de la Lengua- como referencia sobre la que se construye el concepto y no como único referente o reconocimiento de autoridad conceptual a esta institución. Se han consultado otras fuentes: recomendamos echar un vistazo a http://es.thefreedictionary.com.
[5] Es una contradicción jurídica y un uso moralmente reprobable del término. En este caso, se usa a modo ilustrativo del uso denigrante del término ‘legal’ referido a personas y a modo ejemplo para contraponerlo a la calificación correcta de la situación de estas personas.
[6] Artículo 3  de la Ley Orgánica 4/2000, de 11 de enero, sobre derechos y libertades de los extranjeros en España y su integración social, Derechos de los extranjeros e interpretación de las normas: 1. Los extranjeros gozarán en España de los derechos y libertades reconocidos en el Título I de la Constitución en los términos establecidos en los Tratados internacionales, en esta Ley y en las que regulen el ejercicio de cada uno de ellos. Como criterio interpretativo general, se entenderá que los extranjeros ejercitan los derechos que les reconoce esta Ley en condiciones de igualdad con los españoles.
[7] Real Decreto-ley 16/2012, de 20 de abril, de medidas urgentes para garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud y mejorar la calidad y seguridad de sus prestaciones que supuso la modificación de 3 de la Ley 16/2003, de 28 de mayo, de cohesión y calidad del Sistema Nacional de Salud.
[8]El pasado 15 de septiembre, la Federación SOS Racismo publicó el informe sobre racismo en el Estado español con interesantes datos sobre esta discriminación institucional. Puedes ojearlo aquí: https://sosracismo.eu
[9] Los Centros de Internamiento de Extranjeros, integrados en el Estado español en 1.985, resultado de la firma del Acuerdo Schengen para el control de la política migratoria de la UE (cuya consecuencia es que los ciudadanos y ciudadanas de los países participantes del acuerdo pueden circular ‘libremente’ por el territorio, desfavoreciendo integralmente esta libertad de movimiento a las personas extranjeras) no deben tener carácter penitenciario, conforme establece la normativa de regulación de estos centros Real Decreto 162/2014, de 14 de marzo, por el que se aprueba el reglamento de funcionamiento y régimen interior de los centros de internamiento de extranjeros. En la actualidad, hay siete en el Estado español y el Ministerio de Interior tiene la intención de construir tres más: el funcionamiento interno de los CIE contraviene gravemente los derechos y libertades fundamentales reconocidos por la normativa e innegables a cualquier persona: asistencia sanitaria integral, acceso a intérprete, comunicación con familiares, acceso a asistencia jurídica, entre otros. Además, estas personas pueden permanecer privadas de su libertad durante un plazo de hasta sesenta días. Recordemos que la privación de libertad es una pena de carácter penitenciario que en el Estado español se deriva de la comisión de un delito: los y las internas de los CIE ingresan a estos centros por estar en situación administrativa irregular, es decir, por una infracción administrativa como podría ser una multa de tráfico.

¿El grupo o la sociedad es la suma de lxs individuxs (o de las necesidades de lxs mismxs) que la componen?

El todo es mayor que la suma de sus partes” (Psicología Gestalt)

Evidentemente sin personas (individuxs) no hay sociedad, ni hay grupo. Pero si hay un logro psicológico del capitalismo liberal es este precisamente el pensamiento individual frente al del común/social/colectivo. Y este pensamiento que reduce a un grupo a la suma de individualidades es toda una ceguera. Los grupos (y sociedades) para empezar pueden que no sean sumas, pueden que al interactuar sean multiplicaciones, divisiones, restas o cualquier tipo de formula matemática que se nos ocurra… Ejemplo: “A veces en un grupo nos ha restado nuestro potencial individual y otras nos ha multiplicado por 10 nuestras fuerzas individuales”. Ahí es donde el axioma o la premisa de partida se complementan y se hace más compleja. Otros factores que entran en juego son:

“redes de propagación”  de las que esa persona o ese grupo tenga.

La dinámicas de interacción o relación que el propio grupo crea bien reproduciendo un modelo ya establecido o bien de forma autónoma.

La estructura. Los grupos tienen una estructura implícita o explícita que asumen necesaria para su funcionamiento.

La historia común. Todos esos sucesos que han ido construyendo un relato común de sus vivencias.

La misión. El objetivo a largo plazo, el sentido de vida que el grupo construye.

¿Un Alma? Puede que haya un sentir común que se escape a la racionalidad. O una sustancia que une al grupo de una manera diferente.

El Contexto. Aquellos elementos que rodean a las personas que se mueven en un determinado escenario social-historico-político que les da unos límites de actuación del que puede querer salir o no.

Lo “que no se es” o lo que no se tiene. El grupo al igual que la persona también lo compone aquello que no se es, los anhelos, deseos, frustraciones, limitaciones, falta de recursos…

Viendo estos otros factores, lo que era una suma puede que sea una suma ponderada porque en el grupo Paquita, no cuenta igual que Menganita. Además sabemos gracias a la psicología de los grupos sabemos que el individuo no se comporta de igual manera en un grupo que solo y además según el tamaño sus comportamientos van cambiando. Es el debate también de una parte de la psicología: ¿Terapia de grupo o Terapia en grupo? (Esta última la más utilizada, no se hace terapia al grupo como ente sino a los individuos dentro de un grupo).

Personalmente esta premisa o axioma atomista de que el grupo es una suma de individuos es casi una forma de decirle que si al liberalismo. En la filosofía de esta doctrina económica-social esta: “Un voto, una persona. Un comprador, un ciudadano”. Mientras mejor este Emilio Botín mejor para la sociedad. Mientras más feliz sea mi vecina, mejor para la de la Palmilla. Sin embargo asumir esto es no visualizar el conflicto y ser miopes a las desigualdades.  Incluso a las clases sociales, que en mi opinión de alguna forma siguen existiendo aunque dentro de ellas haya muchas microsegmentaciones. Clases bajas y dentro de ellas: precarias, “dependientes”, funcionariado bajo, estudiantes…

Para saber más:

Foucault

Estructuralismo

Psicología de los grupos

Ecologismo Social

¿Si entender lo social y lo grupal es tan complejo (difícil) porque no nos centramos únicamente en el individuo?

Visto de esta manera es tentador abandonar la visión social y centrarnos en lxs individuxs únicamente. O mejor centrarnos entonces en el Yo (en el ego), pues es lo único de lo que tenemos certezas empíricas directas y control más o menos directo.

Lo primero que me presenta  dudas es que “la persona” por si sola sea mucho menos compleja que entender la sociedad. Lo segundo la convicción de que la persona por sí sola NO EXISTE, quiero decir existe el “Ser Social” el ser que se construye en base a su entorno, que se modela a la par que también modela su propio entorno. Los “experimento” de seres humanos que desde chicos viven sin sociedad dan como resultados animales que poco o nada tienen que ver con lo que llamamos ser humano.

Sobre todo creo que un grupo que su “misión” principal es la transformación social el renunciar al análisis social es todo un error. Cuando su objeto de cambio es precisamente la sociedad. Por el contrario pienso que será una suerte tener una buena sociología y  aprovechar nuestras herramientas de análisis crítico. Muchas venimos de la comunidad universitaria de las ciencias sociales criticas, utilicemos nuestras capacidades, nuestras herramientas para precisamente deconstruir su discurso.

Para saber más:

Sociología

Raúl Zibechi

¿Para que haya un cambio social tiene que haber un cambio individual?

Si fuera verdad que cambiando todos individualmente cambiaria automáticamente el sistema-estructura haríamos bueno el capitalismo. Este es uno de los argumentos procapitalistas: “No es el sistema es las personas”, “El problema no es el estado es la corrupción”… La gente de una manera u otra puede que ya perciba las realidades injustas y que se esfuerce en ser lo más “buena” posible, pero sin embargo el cambio no se produce. Si fuera de esta manera es solo un problema de gestión podemos pedir que haya mejores gestores para que las estructuras den como resultado un cambio social. Sin embargo el desarrollo personal e individual de una persona sin más no da como resultado mejores sociedades, en muchos casos da lugar a todo lo contrario. Así como que botín genere más riqueza, que la Ford cree más puestos de empleos, que la UMA tenga mayor número de estudiantes no crea una mejor sociedad. Que yo me desarrolle intelectualmente, que me deconstruya más o me sane mis traumas de la infancia puede que no dé a parar en ningún tipo de cambio social. Es más puede que genere tanta desigualdad, asimetría y alejamiento con el resto de mortales que me produzca una continua insatisfacción de por vida en mis relaciones con las otras. Por eso es importante que determinemos que tipo de cambio y en qué dirección va ese cambio. No es tema baladí, ¿Cómo se produce un cambio profundo?, ¿Qué nos lleva a cambiar?, ¿Para qué cambiar?, ¿Con quién cambiamos?…

Un ejemplo de cambio social no determinado por un cambio previo individual es por ejemplo un terremoto, un accidente nuclear, un bloqueo económico, un “corralito”… una circunstancia externa a los individuos de un grupo/sociedad pero que hace que todos tomen una perspectiva muy diferentes de su contexto-vida sin una deconstrucción previa de ningún tipo. Circunstancias no individuales que determinan las conciencia colectiva de los grupos/sociedades, vivir en una isla, que haya mucho viento, que en tu país las castas estén naturalizadas… Lo que esto nos demuestra es que en el cambio también juegan aspectos en apariencia “coyunturales”, “azaristicos” o no “previsibles”.

Si aceptáramos la premisa del título del epígrafe, incluso el determinismo Marxista podría tener razón: “La revolución es un proceso científico.”. Sin embargo la realidad nos da de golpes continuos contra un muro, se dan todas las condiciones objetivas para que esta ocurra, pero no prende la mecha de la revolución. Tiene que haber algo más que estemos pasando por alto que una mera suma de cambios individuales que llevan a un gran cambio global. Incluso podrían asumiendo esta idea tener razón los Postmodernos: “La historia ya no existe, lo que existe son una gran concatenación de microhistorias.”

Sin negar parte de las razones de estos pensamientos, creo que en lo concreto derivan en prácticas que gozan de poca mirada global, muy fraccionadas, y que no encuentran conexiones. Es posible que el problema no sea que ya no exista la historia, sino que ahora y siempre la historia la escriben los que mantienen posiciones de poder. El problema es que la historia no la escribimos como un sujeto común “los oprimidos”. ¿Por qué? Aquí intuyo que está la clave. No existe ese sujeto común (¿la clase obrera?, ¿los de abajo?…) o sujetos comunes de cambio (¿Las precarias?, ¿Los ecologistas?…)  Está todavía muy por construir y de estar ya construidos falta encontrar las relaciones transformadoras entre ellas. Desde la diversidad, nos faltan espacios comunes y de encuentros que generen una autonomía transformadora.

Eso creo que es en parte Zambra/Baladre, un sujeto común de cambio que posibilita un espacio común y autónomo para una lucha transformadora desde la diversidad. Por tanto el grupo tiene una esencia más allá de que la persona concreta (Yo, Menganita o Paquita…) entre o salga del grupo. La persona pone parte de sus características en el grupo, pero el grupo mantendrá parte de su esencia inalterada o si no será otro grupo.

Entonces ¿Las revoluciones serán espontanea? Pues intuyo que tendrá un elemento de espontaneidad. Como la de unxs chicxs que deciden acamparse en la plaza del Sol, tras una manifestación donde la policía les reprime. Pero todo eso se dará bajo la tierra bien abonada de nuestras luchas cotidianas, locales y globales. Ese es nuestro trabajo arar. Crear continuamente condiciones para que algún día la chispa adecuada de con la tecla que desborde el sistema. Y seguramente ese solo sea el inicio de un proceso tan fuerte de cambio que no lo viviremos nosotras, ni siquiera los hijos de esta generación… ¿Por qué nos creemos tan especiales? Si la lucha de clases ha existido prácticamente desde que el mundo es mundo porque vamos a tener el privilegio de ver la abolición de la misma. Me gusto una charla que dio Raúl Zibechi en CGT, empezó preguntándonos ¿Por qué creo que no será posible la revolución? Mayores niveles de represión y más eficaces, cambios sociales a los que no damos respuesta, falta de redes reales de apoyo mutuo, debilidad del movimiento sindical, falta de militancia… Esto no nos debería desanimar sino retar, porque ya lo decía Durruti: “llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones”. El nuevo mundo se parirá espero entre todas en este vertedero y habrá que amamantarlo y cuidarlo por personas que como nosotras ya se están atreviendo a intentar vivir la utopía (La IdeA). Nosotras estamos viviendo un momento histórico muy especial y tenemos las herramientas para allanar el camino para que otras sigan con una ancestral lucha para que otro tipo de vida más justa se produzca para todxs.

 Para saber más:

A ti misma!!!

Textos Libertarios (Taibo “Repensar la anarquía”, Bookchin, Malatesta, Zapatistas…)