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DE “QUIEN NO TIENE, NO PAGA”  A  LA TARIFA CERO

Mari Arrabalí, Enrique García, Manuel S. Bayona y David Muñoz (Gentes de Baladre)

En la década de los ochenta, en la ciudad de Gasteiz, se dieron muchas luchas por la GRATUIDAD del transporte para las personas sin recursos. Aquellas acciones directas pretendían colocar en la lucha social y política del momento la importancia de la gratuidad al transporte, desde la lógica de: “Quien no tiene, no paga”. En más de una ocasión se tomaron autobuses urbanos por parte de activistas, que colocaban las pancartas reivindicativas y realizaban todo el recorrido sin abonarlo. En alguna ocasión, por iniciativa del conductor terminábamos en la comisaría de policía; en otras hacíamos sin problemas el recorrido completo.

Pero fue en febrero de 1984 cuando se consolidó el derecho al transporte gratuito para todas las personas de Gasteiz cuyas rentas fuesen consideradas bajas, según un baremo de ingresos mínimos. En esos primeros días de febrero, después de tres largos meses terminaba un Encierro, por parte de la Asamblea de Paradas de Gasteiz, en la Iglesia de San Miguel de aquella ciudad. En aquella ocasión el encierro respondía a la necesidad de eludir la represión, tras una acción directa contra el INEM, donde se había retenido al director de esa institución durante unas horas para denunciar la gravedad de la situación de las gentes desempleadas. Del encierro salimos con un acuerdo con la policía que nos daba una hora para desalojar el edificio si dejábamos libre a Cesar Milano (director provincial del INEM). Saliendo fuimos conscientes que teníamos que eludir la cárcel de alguna manera y decidimos encerrarnos en la Iglesia de San Vicente.

Esto sucedía a finales de noviembre de 1983, luego pasaría todo el mes de diciembre, con sus festividades, que nos trajeron muchísima solidaridad. Lo que empezó como una acción para eludir la represión, se fue convirtiendo en la gran posibilidad de conseguir Derechos Sociales. Así fue como de menos a ¡más! fuimos sacando nuestras reivindicaciones ante la ciudadanía y, por supuesto, ante las distintas instituciones de la ciudad, entre ellas el Ayuntamiento. Se podría decir que el tiempo jugaba a nuestro favor, porque cada día que pasaba recibíamos más y mayor solidaridad, y eso se traducía en más ganas por conseguir el máximo de nuestras reivindicaciones históricas.

Entre estas reivindicaciones estaba la de TRANSPORTE GRATUITO para quienes carecíamos de recursos económicos. Con el nuevo año (1985), finalizando el mes de enero, se concretó nuestra demanda en un derecho regulado por el Ayuntamiento. Se daría a toda persona con bajos recursos un carnet, renovable cada seis meses, para poder viajar gratuitamente en los autobuses del municipio e igualmente ese carnet nos posibilitaba entrar gratuitamente en las instalaciones deportivas y en las piscinas municipales. En febrero salimos del encierro de San Vicente y la amenaza de la represión se había esfumado.

Entonces creímos que ese derecho al transporte gratuito podría extenderse por más municipios de Euskal Herria y del Estado español. A todos los grupos de Baladre les contábamos lo sucedido y explicábamos cómo era el funcionamiento del carnet. En alguna otra ciudad se intentó puntualmente tomar algún autobús reivindicando este derecho, pero no llego a cuajar en más intentos posteriores.

Durante los años noventa, tras la llegada de textos que hablaban de las experiencias de las amigas de AC! (organización de personas desempleadas de Francia) y de las alemanas del Movimiento BAG (contra el empobrecimiento), en algunas grandes ciudades se sacaban pegatinas reivindicando la gratuidad del transporte, pero en acciones sin continuidad, muy coyunturales y puntuales. Muchas leían el libro de Las Paradas Felices (donde relataban sus experiencias de viajar gratis en trenes y autobuses enseñando una tarjeta de precaria o empobrecida, que daban los mismos colectivos de personas empobrecidas y paradas) y se sentían con ganas de intentar viajar gratis en trenes y buses, pero esas iniciativas eran muy aisladas y nunca se sostuvieron lo suficiente como para hablar de una actividad continuada y menos de un movimiento por el transporte gratuito. Con el nuevo siglo naciendo y como de la mano del Movimiento Anti-Globalización, se repitieron acciones y campañas por el transporte gratuito, que no pasaron de actos aislados y muy puntuales.

Con el incremento estructural del colectivo de personas empobrecidas y excluidas por lo económico, en los llamados Servicios Sociales (SS) se fueron asumiendo de manera asistencial los bonos de transporte reducido o gratuito para familias empobrecidas. Se reconoce la necesidad del acceso al transporte urbano, pero no se posibilita la universalización, el derecho para todas las personas, sino que se hace pasar a las familias sin recursos, empobrecidas, por el filtro y el embudo de la caridad y el control social. Las concesiones de estos bonos de transportes por medio de análisis de casos individuales, son por tiempos cortos, implican una constante revisión y en algunos casos la renovación periódica del bono.

Aquel derecho que conseguimos en febrero de 1985 en la ciudad de Gasteiz, quedó como excepción. En lugar de ir hacia formas de universalización del derecho a la movilidad, se consolidó la dinámica de la individualización de casos para cubrir esta necesidad de acceso al transporte de quienes carecemos de recursos básicos, mediante los SS de cada pueblo o ciudad, que gestionan unos recursos reducidos para dar algunos bonos de transporte gratuitamente, por meses o días. Lo mismo que hacen cuando una persona sin recursos tiene que viajar a otra ciudad, por razones personales, solo en base a esa excepcionalidad se concede la gratuidad del billete (el pago del mismo por parte de los SS).

Atrás quedan muchas horas de debates, multitud de acciones aisladas, de multas y represión; pero el derecho al transporte gratuito para quienes carecen de recursos sigue siendo un objetivo urgente de conseguir. No poder acceder al transporte es ser doble o triplemente excluida, al convertir el transporte en negocio, donde los costes se tienen que cubrir por quienes los usan. La idea de un derecho universal a la movilidad/transporte dentro de la ciudad, la comarca el territorio, como lo es la sanidad, la educación… es necesario retomarla. En un contexto de creciente necesidad de la movilidad dentro y entre ciudades, con los recursos fragmentados y las personas obligadas a desplazamientos forzados (principalmente por la precariedad creciente), la movilidad debería incorporar-se entre los derechos básicos que sí o sí tenemos que conseguir para TODAS las personas.

Leyendo el último libro de Raúl Zibechi[1] (Descolonizar la rebeldía), nos pareció interesante la idea de rescatar parte del mismo. En concreto la lucha en Brasil del Movimento Passe Livre, para esta revista y en particular para el articulo. Colocar en el centro esta experiencia de lucha y animar a que le podamos dar formas especificas en nuestras ciudades y pueblos a Movimientos en la misma dirección. Lo que sigue a continuación son partes de ese texto. Esperamos que nos ayuden a profundizar sobre la urgencia e importancia de la lucha por la llamada TARIFA CERO.

“El Movimento Passe Livre (MPL) cumple con ambos requisitos: ha sido el disparador de las masivas manifestaciones de junio, al descargarse contra sus convocatorias una brutal represión policial que enervó a la población, y es uno de los más sólidos representantes de la nueva cultura política que pretendemos revisar (…) Durante cinco semanas la ciudad de Salvador (Bahia) fue sacudida por las constantes manifestaciones de decenas de miles de estudiantes que protestaban por el aumento del precio del pasaje, de 1,30 a 1,50 reales. Entre el 13 de agosto y mediados de septiembre de 2003, más de 40 mil personas realizaron cortes de calles y avenidas, bloquearon lugares neurálgicos para la circulación y le plantaron cara a las fuerzas represivas. La oleada de protestas se conoce como Revolta do Buzu (en referencia a los autobuses) y se la considera como la carta de nacimiento del movimiento por el pasaje gratuito o passe livre.

Se trató de un movimiento de estudiantes pobres y de clase media baja, de colegios secundarios y de universidades, pertenecientes a familias de trabajadores precarios y desempleados, en las que el presupuesto de transporte representaba el 30 por ciento del salario mínimo. Las asociaciones estudiantiles, distanciadas de la vida cotidiana de los estudiantes, no jugaron ningún papel en un movimiento caracterizado por su rápida radicalización, protagonizado por personas que nunca habían participado en manifestaciones. Esos jóvenes sin experiencia política pero acostumbrados a desafiar a las autoridades (colarse en los autobuses, bailar samba y beber en las plazas, danzar capoeira y escuchar pagode en espacios públicos) rechazaron la ‘dirección’ de las entidades que los representaban y de los partidos, pero estaban en primera fila en los cortes de calles resistiendo a la policía (Nascimento, 2011)[2].

Las multitudes estudiantiles rechazaron a las entidades que los decían representar y tomaron decisiones sin mediaciones, en torno a las tareas comunes a todos. En los bloqueos que se extendieron por toda la ciudad se realizaron asambleas que sólo decidían en base al consenso y rechazaron la creación de comisiones, funcionando de modo estrictamente horizontal con la expresa voluntad de ‘evitar la formación de una nueva burocracia estudiantil en las calles’ (Nascimento, 2011: 9). Sin embargo, la sensación dominante entre quienes se manifestaron asegura que perdieron en el terreno institucional lo que habían ganado en las calles.

En efecto, militantes de las organizaciones estudiantiles ‘oficiales’ se proclamaron representantes del movimiento y negociaron un acuerdo con el municipio que contribuyó a la desmovilización sin haber conseguido ninguno de los objetivos de las movilizaciones (Saraiva, 2010: 65). Diversos análisis coinciden en que si bien los militantes de partidos de izquierda fueron directamente responsables de la convocatoria de la primera manifestación en Salvador, cuando el movimiento se masificó se colocaron a un costado esperando el agotamiento de las movilizaciones (Nascimento, 2011).

En paralelo se desarrollaba, desde 2000, la Campanha pelo Passe Livre Estudiantil en Florianópolis, aunque ya había pequeños grupos en São Paulo y otras ciudades que enarbolaban la misma demanda. La organización Juventude Revolução ligada al PT fue la que inició el trabajo local llevando el debate sobre el pase libre a todos los colegios secundarios y promoviendo pequeñas manifestaciones, que crearon las condiciones para que en 2004 se movilizaran entre 15 y 20 mil estudiantes en una ciudad de 400 mil habitantes (Coletivo Maria Tonha, 2013).

El colectivo que impulsaba el movimiento por el pasaje gratuito fue expulsado de la organización juvenil, según Marcelo Pomar porque pensaban que los jóvenes debían ser independientes y ‘no deben estar tutelados por una organización adulta’ (Coletivo Maria Tonha, 2013). Los jóvenes de Florianópolis, como los de muchas ciudades, hicieron circular el video del cineasta argentino Carlos Pronzato, Revolta do Buzu, que resultó un estímulo para sus colectivos. En mayo de 2004 el municipio decidió un aumento del transporte, que ya acumulaba aumentos del 250% en los diez últimos años. La movilización consiguió la anulación del aumento luego de diez días de grandes manifestaciones que llegaron a cerrar los puentes que unen la isla con la parte continental de la ciudad en las horas de tránsito más intenso, y de acciones directas como saltar los molinetes, abrir las puertas traseras de los autobuses para que los usuarios ingresaran sin pagar, con asambleas en numerosos espacios públicos (Cruz y Alves, 2009).

El relato de las movilizaciones habla por sí sólo sobre la expresión en los espacios públicos de una manera diferente de protestar:

‘Cientos de secundarios, movimientos comunitarios del norte y el sur de la isla, estudiantes universitarios, madres, padres, profesores, actrices y actores, funcionarios públicos, sindicalistas, entre otros asalariados. El movimiento hip hop, los grupos de maracatu y de capoeira animaban las marchas. Después de unos días ya se había hecho hábito: grandes asambleas ocupando la Avenida Paulo Fontes (por la que se accede a la Terminal del Centro, la mayor de la ciudad) rebautizada calle de la Revuelta. Hablaban líderes comunitarios, representantes de grupos organizados, y también personas no vinculadas a ninguna entidad o institución, De repente hablaba aquella señora indignada con la situación, hablaba aquel joven con una propuesta de acción. Buena parte de los caminos se construían allí mismo (Cruz y Alves, 2009)’.

Aunque las instituciones estudiantiles y los partidos políticos no jugaron un papel destacado, al igual que en Salvador, debe señalarse el papel jugado por el CMI, expresión brasileña de Indymedia, en la difusión de las manifestaciones, de sus demandas y de los discursos de los protagonistas. Cuando los grupos existentes en diversas ciudades decidieron crear una organización nacional, el CMI jugó un papel importante en la coordinación y comunicación de los grupos, lo que permitió convocar el primer encuentro durante el Foro Social Mundial 2005, en Porto Alegre, sin contar con ningún aparato que los apoyara (Coletivo Maria Tonha, 2013) (…) El mismo día en que nació el MPL federal, la Plenaria Nacional aprobó un documento en el que se proclama ‘autónomo, independiente y apartidario pero no antipartidario’, define su objetivo estratégico es ‘la transformación de la actual concepción del transporte colectivo urbano, rechazando la concepción mercantil del transporte y abriendo la lucha por un transporte público gratuito y de calidad para el conjunto de la sociedad, fuera de la iniciativa privada’ (Movimento pelo Passe Livre, 2005). A ese conjunto de definiciones sólo habría que agregar, como se verá en los siguientes documentos del movimiento, las prácticas centradas en la acción directa y un horizonte anticapitalista.

El MPL nace con dinamismo y presencia en las principales ciudades de Brasil y mantiene la iniciativa durante un par de años, luego entra en un período de reflujo –como todos los movimientos del país- para retornar con fuerza hacia fines de la década. Para comprender un movimiento no es suficiente con observar y analizar sus expresiones públicas, las manifestaciones y acciones de calle, los congresos y encuentros, las declaraciones y programas que defiende, sino internarse en su mundo interior, en las relaciones que establecen sus miembros, en el carácter de sus encuentros y reuniones, para poder comprender la cultura que anima a ese sector social, sus modos de ver el mundo, las relaciones sociales en que se inserta. En el caso del MPL seguiremos su evolución a través de los principales eventos y campañas y nos aproximaremos a lo que sucedía en su interior, o sea las relaciones cara a cara en la vida cotidiana del movimiento.

Luego de su fundación se convocan varias jornadas de lucha y el II Encuentro Nacional realizado en julio de 2005 en Campinas. En ese encuentro de tres días el incipiente movimiento vivió su primer intento de cooptación por parte de dos pequeños partidos de la izquierda radical que quisieron modificar las resoluciones tomadas en Porto Alegre, el Partido Operário Revolucionário (T-POR ) y Construção ao Socialismo (CAS). Eso llevó a la plenaria a reafirmar sus posiciones en particular las que estaban cuestionadas, la horizontalidad y la independencia, y se decidió que ‘el movimiento se constituye a través una federación de grupos’ con un Grupo de Trabajo federal pero no una coordinación, que le hubiera dado un carácter más jerárquico (Passe, Livre, 2005a).

El 26 octubre el MPL convocó una jornada de luchas en conmemoración de la aprobación del pasaje gratuito para los estudiantes en Florianópolis, fecha que se convirtió en el Dia Nacional de Luta pelo Passe Livre. La jornada se realizó en trece ciudades incluyendo tres manifestaciones en São Paulo y se lanzó un periódico nacional distribuido en diez ciudades. Las movilizaciones oscilaron entre un centenar y 500 personas y en algunas ciudades se quemaron molinetes (Passe Livre, 2005b). El año siguiente se realizó el II Encuentro Nacional, entre el 28 y el 30 de julio, en la Escuela Nacional Florestan Fernandes, del MST, en São Paulo. Fue un encuentro decisivo ya que se consiguió consolidar el movimiento y se decidió reivindicar el pasaje gratuito para toda la población, no sólo para los estudiantes.

En el encuentro participaron 160 militantes de trece colectivos que formalizaron un pacto federal en base a los principios de horizontalidad, autonomía, independencia y la toma de decisiones por consenso, pero a su vez decidieron la creación de grupos de trabajo de comunicación, organización, apoyo jurídico y un grupo de estudio sobre transporte. En este punto la charla del ingeniero Lúcio Gregori, que fue secretario de Transporte entre 1990 y 1992 en la gestión municipal de la entonces militante del PT Luiza Erundina en São Paulo, contribuyó a profundizar la comprensión de la problemática entre los militantes más activos. Gregori sostuvo la tesis de que el transporte debe ser un servicio público y por lo tanto gratuito. Desde el momento que se cobra por la tarifa se crea un mecanismo que divide entre quienes pueden usarlo y quienes no pueden, por lo que la tarifa privatiza algo que es común a todos como el transporte. Recordó que ni la salud ni la educación son pagas y que del mismo modo el transporte debe ser costeado por quienes se benefician del servicio, ‘la clase dominante que necesita del transporte colectivo para que sus empleados se trasladen hasta el lugar de trabajo’ (Movimento Passe Livre, 2006).

En este punto, el movimiento produce un viraje importante. Por un lado las luchas habían menguado, los grupos de base se debilitaron y no se consiguió la principal demanda, lo que algunos sintieron como una derrota. Por otro, el núcleo activo del movimiento consigue consolidar un tipo de funcionamiento diferente al tradicional y comienza a profundizar debates que lo llevaron a transitar del ‘passe libre’ a la ‘tarifa zero’. En esta primera etapa habían conseguido no sólo poner en pie un movimiento sin ningún apoyo institucional, sino también instalar el debate sobre la problemática del transporte en la sociedad.

En una ciudad como Brasilia (2,5 millones de habitantes), el MPL llegó a estabilizar un colectivo que oscilaba entre 40 y 80 personas. Después de 2006, en un período de siete años sin aumentos del precio de los pasajes, quedaron entre ocho y veinte en promedio. Realizaban tres tipo de actividades: ‘acciones directas en la calle, estudiar e informar sobre el transporte colectivo y la movilidad urbana, con cortes de clase, raza y género, y presiones sobre los poderes públicos con propuestas de pasaje libre y tarifa cero’ (Zibechi, 2013). Esos grupos tenían una intensa vida interior y una potente convivencia. Los jóvenes universitarios que años después crearon el MPL en Brasilia, realizaron en 2001 un campamento de un mes de duración, lo que revela la intensidad de los vínculos que establecían (Duques, 2013: 3) (…)

En la situación de reflujo que se instala a partir de 2006, ‘el movimiento ingresó en un denso, y muchas veces tenso, proceso de reflexión, procurando entender qué había ´fallado´ en la lucha contra las tarifas’ (Saraiva, 2010: 70). Desde el interior del MPL de São Paulo, por ejemplo, se sintió que el no haber podido frenar los aumentos de 2006 y la falta de propuestas sobre cómo continuar la lucha, tuvo un fuerte impacto interno: ‘Los militantes se sintieron estafados, exhaustos, varias personas se apartaron y el movimiento entró en una larga fase de reestructuración’ (Legume y Toledo, 2011). Ese período se extiende hasta 2010, con variaciones según regiones y ciudades.

La adopción del objetivo estratégico de la ‘tarifa cero’ fue apenas uno de los virajes del movimiento. Los demás irán en el mismo sentido: la profundización de su carácter popular y anticapitalista. Despegarse de la consigna de ‘pasaje gratuito’ fue también un modo de ir más allá del movimiento estudiantil para levantar una propuesta que involucra a toda la población. La formación de grupos de estudio y el asesoramiento de técnicos militantes como Gregori, le permitieron al MPL profundizar sus conocimientos sobre el transporte y la ciudad, comprender mejor las consecuencias políticas de la existencia de ciudades segregadas en lo espacial y racial, y asumir la inserción del movimiento en una larga historia de luchas y revueltas contra los aumentos de tarifas con expresiones notables entre 1974 y 1981 en Rio de Janeiro, São Paulo, la Baixada Flauminense, las ciudades satélites de Brasilia y Salvador (Filgueiras, 1981; Ferreira, 2008). Todo esto le permitió al MPL convertirse en referencia en el debate sobre el transporte y sobre el derecho a la ciudad que es el núcleo de la propuesta sobre la ‘tarifa cero’.

Un segundo viraje tendrá repercusiones aún más profundas ya que se relaciona con el carácter de clase y con el modo de sentir las opresiones. En Brasilia, ‘desde 2007 y 2008 el MPL cada vez hace más trabajos en las escuelas secundarias y los barrios de las periferias’, reflexiona el militante Paíque Duques Lima (Zibechi, 2013). En São Paulo el MPL ‘percibió que necesitaba diversificar sus frentes de actuación iniciando trabajo en algunas comunidades, con destaque en la Zona Sur’, la más pobre de la ciudad (Legume y Toledo, 2011). Sin embargo, cuando comenzaron a trabajar en las periferias urbanas encontraron una población que resistía los desalojos por la especulación inmobiliaria y la Copa del Mundo de 2014, involucrada en asociaciones comunitarias, en partidos políticos, ONGs y también en el tráfico de drogas. Como señala Duques desde Brasilia, ‘el mismo camino hicieron los Comités Populares de la Copa’ que ‘empezaron a tener fuerza en las remociones de barrios enteros’ (Zibechi, 2013).

Esa opción implicó también cambios en la integración del movimiento. Si en São Paulo el trabajo en las periferias le otorgó mayor legitimidad al MPL, en Brasilia hubo un verdadera mutación de clase y de raza: mientras los fundadores eran jóvenes de clase media y media baja y la presencia de negros era excepcional, después de 2008 aparecen ‘jóvenes oriundos de las ciudades en torno de Brasilia’ (Guará, Taguatinga, São Sebastião, Ceilandia y Samambaia), de familias pobres y una mayor presencia de negros (Saraiva, 2010: 85). Es el tipo de personas que no encuentran ‘su’ lugar en una institución formal, sea un partido de izquierda, una entidad estudiantil o un sindicato.

La identidad del movimiento se expresa, desde este punto de vista, en el posicionamiento contra un conjunto de opresiones de clase, de género, de raza y, aunque no lo explicitan, también generacionales. En suma, un rechazo a todas las opresiones, lo que supone que en las actividades procuran evitar la clásica división del trabajo en función de los géneros y del color de piel. El MPL comienza a reflejar en su composición el compromiso con los más pobres, los negros, las mujeres y los que no tienen acceso al transporte y a la ciudad. Negros y pardos (o mestizos), sujetos a un mismo sistema de discriminación, se acercaron al movimiento por ver en él una interlocución con sus luchas y porque los negros que integraban el MPL participaban en las acciones del movimiento anti-racista.

Para 2010, cuando comienzan a reactivarse los movimientos urbanos, el MPL era una organización nacional implantada en las principales ciudades, con vínculos fluidos con otros movimientos, convertido en referencia en el debate sobre transporte y reforma urbana. Contaba con miles de militantes formados y experimentados que en cinco años realizaron cientos de acciones de calle (desde pequeños actos testimoniales hasta manifestaciones de 10 mil personas), volanteadas, ocupaciones de edificios públicos y de predios, tomas de terminales de autobuses, cortes de calles y autopistas, y contaban con medios de comunicación en los que se informaban cientos de miles de brasileños. Era un movimiento relativamente pequeño, pero en modo alguno marginal, como lo demuestra el hecho de que al lanzar la campaña Tarifa Zero en 2011 participaron personalidades tan conocidas como la ex alcaldesa de São Paulo, Luiza Erundina.

Las formas de acción trascendieron las fronteras del movimiento y fueron asumidas por otros grupos y movimientos que estaban haciendo un proceso similar. Duques reflexiona que ‘la formación del MPL forjó una cultura de acción política que se desarrolló más allá de su propia lucha’, porque su experiencia organizativa influyó a militantes involucrados en otro tipo de acciones no vinculadas al transporte público (Duques, 2013: 7). Esa nueva cultura de lucha y de organización nació lejos de las instituciones, en espacios sociales relativamente autónomos que es donde puede nacer un discurso oculto y donde se fraguan las culturas disidentes, como señala Scott. Al analizar la relación discurso oculto-espacio social, destaca la dilución de la frontera entre teoría y práctica, presente en colectivos como el MPL: ‘Como la cultura popular, el discurso oculto no existe en forma de pensamiento puro; existe sólo en la medida en que es practicado, articulado, manifestado y diseminado dentro de los espacios sociales marginales’ (Scott, 2000: 149)”.

Pensamos que este magnífico texto del compañero y amigo Raúl Zibechi sobre la interesante experiencia del MPL pone las palabras necesarias para un debate que creemos imprescindible. Los nuevos contextos sociales que dibuja el capitalismo postcrisis no parecen en absoluto mejores que aquellos de dónde venimos: el empobrecimiento se generaliza enmascarado en procesos de precarización más difundidos entre distintos grupos de población, menos territorializados en barrios o lugares concretos. Las luchas en este escenario deberían partir siempre de la premisa de la universalización de los derechos, así como de la ampliación de los
mismos. Esto responde a una cuestión de justicia social, de empatía con las otras que también son nosotras. Pero también responde a la necesidad de crear luchas que sumen, que incluyan, que puedan vincular las distintas subjetividades y, sobre todo, que abran caminos hacia la emancipación de un sistema injusto y depredador.

[1]
[1] Agradecemos a Raúl Zibechi el permiso para reproducir aquí los siguientes fragmentos de su texto “Brasil. Debajo y detrás de las grandes movilizaciones”. Este texto forma parte del libro Descolonizar la rebeldía. (Des) colonialismo del pensamiento crítico y de las prácticas emancipatorias, publicado por Baladre/Zambra.

[2]
[2] Las referencias bibliográficas citadas por Raúl Zibechi se pueden encontrar en el mencionado libro Descolonizar la rebeldía.

“Desobedecer para ser personas”

Para cambiar las cosas hace falta desobedecer, pero hay que conseguir algunas pértigas que nos ayuden a saltar por encima del miedo paralizante.

Hay tres pértigas fundamentales:

Una es la pértiga que da la rabia que se siente al ver cómo las injusticias se hacen visibles en los cuerpos de otros. En nuestros propios cuerpos.

Otra es la ilusión por saber que se puede construir algo diferente.

Y la tercera es la pértiga de la fiel esperanza.

Hacen falta muchas pértigas, porque somos muchas y muchos los que tenemos que saltar por encima de nuestros miedos para desobedecer, colectivamente, frente al sinsentido y la barbarie que se está instalando en nuestras calles.

DESOBEDECER PARA SER PERSONAS

Escribir sobre lo que una viene haciendo y viviendo desde hace treinta años de manera colectiva, en la medida que ha podido y que hemos encontrado una brecha, es difícil. Las dificultades vienen por diferentes lados y tiene el rostro de diferentes dudas: por dónde empezar, cómo hilvanar tantos recuerdos parciales pero colectivos, dónde poner el acento de lo que hemos vivido… Pero voy a intentarlo, procurando enmarcar lo realizado, desde nosotras, solas y con otras, hasta los retos actuales de las nuevas iniciativas de desobediencia ante el terrorismo de los mercados económicos, dígase de las empresas del capital y la gestión de este terror por parte de instituciones como la U€.

TREINTA AÑOS DESOBEDECIENDO ANTE LA INJUSTICIA Y EL TERROR

Fue al inicio de la década de los años ochenta, del siglo pasado, cuando personas que carecíamos de recursos suficientes y estables (llamadas y conocidas entonces como paradas), cuando comprendimos la dimensión de la palabra DESOBEDECER, en la acepción más pura de incumplir conscientemente asumiendo las consecuencias de nuestros actos. Lo primero que tuvimos que hacer es comprender la necesidad de la desobediencia para evitar la muerte en vida, al sometimiento. Aquello no era fácil, pues teníamos que sacar de encima esa sensación de responsabilidad que nos trasladaban cantidad de sectores de la sociedad, de ser los propios causantes y culpables de nuestro paro laboral. Entender aquella situación de Paro, como carencia de recursos estables y suficientes, fue difícil, era un parto complicado, pues además de asumir que teníamos delante un Fracaso absoluto de una Sociedad. Aquellas reflexiones nos llevaron a una campaña de concienciación para nosotras y para otras: El Paro es Un Fracaso Social y NO personal.

Partiendo de comprender la situación de una y de todas, pudimos comenzar a ver la inviabilidad del Capitalismo, su fracaso y por lo tanto la necesidad de superarlo. Acometiendo maneras de actuar que incorporasen la nueva sociedad a parir/construir entre muchas. Desde esa manera de situarnos ante la vida, de hacerla posible y viable, es desde donde asumimos las gentes de Baladre la DESOBEDIENCIA CIVIL.

Cuando discutíamos cómo generar las mejores condiciones ante la represión que nos iba a traer y trajo, la desobediencia del orden establecido, sus leyes y normas, vimos con claridad que la coordinación Baladre no podía ser un espacio de relación para la lucha y búsqueda, limitado por el marco de las legalidades. En consecuencia asumimos conscientemente ser una coordinación de personas y grupos sin formas jurídicas, eludiendo registros, pensando en vernos para desobedecer, para salir del marco pseudodemocratico capitalista, para eludir la represión sistemática de toda disidencia que ya entonces ponían en marcha las instituciones de la llamada monarquía democrática del actual Estado español. Aquella decisión fue algo consensuado, estamos fuera de sus leyes y registros para poder luchar en las mejoras de condiciones, eludiendo esquemas de representación y delegaciones jerárquicas.

De alguna manera nuestras formas de organización y relación tienen que poder ayudar/posibilitar el buen desarrollo de la DESOBEDIENCIA.

Nunca ha sido un problema en estos treinta años de Baladre jugar a la simulación de legalizaciones de asociaciones para conseguir objetivos puntuales o parciales en el marco de un territorio o sector. Lo que conseguimos con esta manera de actuar bajo el marco legal siempre lo hemos visto como una manera de ampliar las brechas, la desobediencia, preservando a la coordinación Baladre donde tiene que estar: fuera de la Legalidad. Si lo vemos necesario usamos decenas de marcas para acceder a iniciativas puntuales en el terreno local, como herramientas puntuales, medios pero siempre con la conciencia de no hipotecar nuestras luchas.

De alguna manera nuestra forma de relación para el Apoyo Mutuo: Coordinación de personas y grupos, es el suelo del que partimos para poder avanzar en la desobediencia en estos treinta años.

BLOQUEOS, SABOTAJES, EXPROPIACIONES DE ALIMENTOS, OKUPACIONES… SIEMPRE CON OTRAS

Recordaros que en nuestro caso, desde el origen hablamos de personas y grupos que carecen de los mas básicos recursos y que nos situamos en el marco de luchas colectivas, mas allá de problemas individuales. Desde ahí fue muy sencillo llegar a iniciativas y campañas del tipo a la de, QUIEN NO TIENE, NO PAGA.

Desde nuestros orígenes supimos que nuestra carencia de alimentos era parte del terror que imponen estas sociedades para someternos. Por ello comenzamos a sacar carros de comida en las grandes superficies comerciales, en muchos casos llegando a acuerdos de que todos los meses nos pasarían todo tipo de alimentos tocados o próximos a caducar. Eran años donde teníamos que llenar carros de alimentos, ponernos ante las cajas, pedir una reunión con la gerencia y corriendo nos atendían. Y por lo general accedían a nuestras exigencias.

Algo parecido sucedía con el Transporte, algo fundamental en las sociedades en que vivimos. Si no teníamos recursos no podíamos movernos, por lo que se nos excluye doblemente. Nuestras primeras acciones de tomar autobuses urbanos y llevarlos al Ayuntamiento de turno eran actos que generaban muchísimas simpatías, casi nunca el conductor nos llevaba a la comisaría del lugar, aunque alguna vez si sucedió. La repetición de estas acciones tuvo sus frutos en alguna ciudad media, consiguiendo la gratuidad del transporte para aquellas personas que carecíamos de recursos estables y suficientes.

Una de las acciones que llevamos treinta años realizando es la de las Okupaciones de Oficinas de Ayuntamientos, sobre todo de las áreas de Bienestar Social; paralizar la actividad para mejorar prestaciones, sacar adelante nuevos derechos, habitar un desahucio, un corte de luz, del agua.

Cuando lo realizamos con constancia, midiendo nuestras fuerzas, a nuestro ritmo, desde nuestras necesidades y urgencias, cuando ha sido así, conseguimos cambiar reglamentos restrictivos en temas de prestaciones y ayudas, resolver problemas de máxima urgencia.

Estas Okupaciones de instituciones públicas y privadas (empresas que gestionan y sacan beneficio a servicios básicos: electricidad, agua, Cajas de Ahorro, Transporte, INEM, Vivienda, Escuelas y Colegios, instalaciones deportivas…) las hemos entendido como una manera de generar pedagogía social, de situar nuestras justas reivindicaciones que parten de carencias múltiples y como parte de procesos de cambio, de transformación.
Bueno es recordar cómo se consiguieron paralizar desahucios de viviendas en 1984, o en esos años que las Cajas asumieran los intereses de los créditos hipotecarios de personas empobrecidas, sin olvidarnos del mantenimiento de acceso a servicios básicos (luz, agua, educación, instalaciones deportivas…) para quienes carecían de recursos suficientes y estables.

Hasta se consiguió en algún territorio una Renta Mínima local, que incluía dinero para comprar ropa (vale de compra bimensual) y dinero para poder acceder a comedores o comprar alimentos. Nada de esto fue posible sin ALIANZAS, siempre hemos actuado con otras, desde la coordinadora de Curas de Euskal Herria, a grupos de Cáritas aislados, organizaciones sociales de todo tipo, sindicatos de lucha, muchas asociaciones sectoriales… Son treinta años de darnos cuenta que solas a ningún lugar y con otras: muchas cosas son posibles.

Era ilusionante, y lo sigue siendo, cuando ante unas viviendas vacías abríamos las puertas y comenzaban a vivir decenas de familias en ellas. Como partiendo de esas okupaciones conseguíamos que se construyesen viviendas sociales de bajísimo alquiler, bajo el eufemismo de viviendas sociales. En los ochenta, noventa y en el nuevo siglo, esta actividad es casi constante, bajo el lema de: GENTES SIN CASAS PARA LAS CASAS SIN GENTE. Igualmente okupamos, siempre que podemos acumular fuerzas, espacios vacios para desarrollar Centros Sociales y Culturales.

SIN OLVIDARNOS DE TODAS Y CADA UNA DE LAS OKUPACIONES DE TIERRAS PARA ASUMIR NUESTRA NECESIDAD DE DISPONER DE TIERRA PARA CULTIVAR DE OTRA MANERA, NUESTROS ALIMENTOS Y LOS DE OTRAS. Cada vez más estas actuaciones nos llevan a vincular la salida del mundo Rural a la salida del llamado mundo de la Exclusión urbana, de los barrios periféricos, donde nos parieron y seguimos viviendo. Recuperar la tierra para todas, para satisfacer necesidades colectivas de todo tipo está siendo y lo fue desde el inicio, uno de nuestros principales ejes de actuación.

APOYO MUTUO PARA PODER DESOBEDER MÁS Y MEJOR

Si algo hemos aprendido en estos treinta años de desobediencias constantes y diferentes, es que es central, fundamental el Apoyo Mutuo, en un sentido amplísimo. No hablamos solo de cuestiones básicas económicas o materiales, hablamos y reiteramos la importancia de CUIDARNOS, de atendernos, de darnos afecto, de saber recibirlo y demandarlo, de ser parte del dar y el recibir. Y mucho más de pasar del yo, que nos aísla y limita al NOSOTRAS con más potencial liberadora. Entender que agredirnos a cualquiera, persona o grupo, es agredirnos a todas es fundamental; pasar de comprender y entender, al sentir, para actuar es urgente y muy necesario. Para nosotras que venimos treinta años tomando plazas e instituciones, encadenándonos a todo lo que toque (puertas, semáforos, edificios…) para frenar la injusticia, para poner límites al terror, no es nada nuevo asamblearnos el 15 de mayo, o cualquier otro día; tomar o rodear un 25 de septiembre un Congreso o cualquier otro día. Pero nos alegra infinitamente que seamos parte de las miles de personas que lo llevan adelante. Esa actitud de apoyo mutuo sincero, de suma de voluntades, eludiendo la aparición de siglas, de solicitar permisos… eso nos encanta, nos alegra la vida. Los dos últimos años son muchísimas las decenas de miles de personas que estamos desobedeciendo en el día a día, más allá de siglas sociológicas (15-M o similares), la realidad es que gracias a muchísimas tenemos delante un nuevo escenario, donde la desobediencia ya no se cuestiona como herramienta y medio, sino que se asume masivamente, aunque sea como actos puntuales en muchas ocasiones, bajo lógicas de acción y reacción…

Gracias al apoyo Mutuo, a la suma de voluntades, a la actitud de que aquí no sobra nadie, nos encontramos con una escenario de una gran oportunidad de incorporar mas voluntades a la DESOBEDIENCIA y construir formas de relación que sean, que están siendo el germen de una nueva sociedad, que superara, si o si, a la locura del capitalismo y terrorismo de Estado o de supra-Estados como la U€.

Ramón Fernández Duran nos hablaba en sus últimos textos de que el emperador está desnudo (el capitalismo se muestra tal cual es, terror puro para las personas y el sistema que solo prima el beneficio del 1% de la humanidad), ahora muchas miles de personas lo vemos, lo ponemos en común analizándolo, pero sobre todo actuamos en consecuencia: DESOBEDECIENDO MÁS Y MEJOR, a la par que estamos en nuestros proyectos que algunas llaman del pro-común, de satisfacer las necesidades más básicas juntas, fuera del dios Mercado y sus diferentes lógicas e instituciones.

POR ESO PARA SER PERSONAS Y POSIBILITAR CONDICIONES DE VIDA DIGNAS PARA TODAS EN CUALQUIER LUGAR TENEMOS LA OBLIGACIÓN DE DESOBEDECER MÁS Y MEJOR.

Ahora tendremos que pensar en cómo superar la lógica de las multas administrativas, el pago de monedas por desobedecerles, para ello estaría bien que generemos las condiciones para convocar o avisar acciones de desobediencia, partiendo de personas que no tengan cuentas corrientes a sus nombres, ni propiedades o similares. Para que el conflicto genere un DESBORDAMIENTO, que intente llevarnos antes sus jueces a sus circos y espectáculos injusto, que les forcemos a la tensión de meternos en sus cárceles, como eludirlas y fugarnos, como incumplir todo aquello que sea someternos, siempre midiendo nuestras fuerzas, desde nuestros intereses. Hemos de visualizar nuestra desobediencia, hemos de mostrarla como parte de las herramientas que nos llevan al camino de la emancipación, de la superación del terrorismo capitalista. Eso sí, hagámoslo juntas, no es cuestión de mártires o acciones aisladas, hemos de conseguirlo hacer grupalmente, cuidándonos y atendiéndonos adecuadamente. Hagámoslo, mejor dicho sigamos haciéndolo las que ya estamos en ello, lo vemos y sobre todo deseamos y podemos desobedecer, rompamos el absurdo de esperar a que lo hagan las que no tienen nada. Ellas, las sin nada, bastante tienen, tenemos, con conseguir superar esa carencia de alimentos y recursos básicos para nuestras vidas. LA DESOBEDIENCIA ES UNA RESPONSABILIDAD ANTE LA INJUSTICIA, EL DOLOR Y EL TERROR DEL CAPITALISMO y nos hace merecedoras de llamarnos y ser personas.

“Juntas a cualquier parte, solas a ninguna”

Para mí, hablar de respuestas y salidas hoy ante el mundo que tenemos delante, pasa por cuatro prácticas elementales, que van desde relacionarnos entre nosotras y con otras, actuando juntas, pasando por volver a la tierra, (en el sentido literal de vincularnos a ella, a la producción de alimentos, a la ubicación en el territorio, rompiendo las metrópolis de cemento); pasan también por simplificar al máximo nuestras vidas y, por supuestísimo, por cuidarnos, atendernos, generar los afectos necesarios para la vida. Estas cuatro ideillas se cruzan… o mejor, se sostienen, por y desde EL APOYO MUTUO.

Una no pretende enunciar un programa, sino reflexionar, plantear necesidad de poner nuestras vidas realmente en línea con lo que decimos que deseamos y sobre todo lo que afirmamos que somos.

Deseo comenzar a hablar de estas ideillas muy básicas, subrayando la necesidad de reforzar y actualizar la idea de estar juntas, de relacionarnos con el máximo de gentes de nuestro entorno. Para las gentes de Baladre, los finales de los años ochenta fueron clarificadores de la necesidad de entender la política desde la relación humana con otras, con muchas, al margen de que no formen parte de nuestros grupos o tribus.

Como si fuese hoy, recuerdo cuando comenzamos en 1987 a darnos cuenta que muchas vecinas de los barrios periféricos en donde vivíamos nos veían como personas majillas, pero desconfiaban de nuestra obsesión/preocupación/prioridad por cambiar el mundo. Es cierto que cuando tenían problemas nos llamaban rapidito, para que les echásemos una manita, y hasta en ocasiones ponían su cuerpo para pelear por resolver sus problemas.

Entonces nosotras compartíamos dobles y triples militancias, en la Asamblea de Personas Desempleadas, en la Asociación de Vecinas de Abetxuko y en Plataformas anti/contra el empobrecimiento que entonces se daban ante distintos problemas locales o globales (ahora se les denomina Plataformas o Iniciativas por… o Salvemos tal o cual lugar). En una de las evaluaciones de la Asamblea de Paradas de Gasteiz surgió la necesidad de reconocer que la gente de nuestros barrios no desea la revolución, el cambio profundo de la realidad, la transformación… y que no tenía sentido seguir con la cantinela de que estas vecinas se iban a sumar a nuestros guapísimos grupos, por muy elaborado que fuese nuestro discurso.

Aquello era durillo de digerir, pues implicaba otra mirada, otra forma de estar y actuar. Lo hablamos con las compas de Baladre y nos tiramos unos añitos dándole vueltas al temita. Lo que más nos angustiaba era la evidencia de que nuestros grupitos de diez o veinte personas, por muy militantes que sean, no pueden conseguir el verdadero cambio estructural que necesitamos. Luego vinieron múltiples encuentros con compas de Alemania, Dinamarca, Austria, Holanda… compartiendo con ellas (activistas de esos países) nuestras dudas y preocupaciones. Así hasta que decidimos asumir la realidad, partiendo de ella para generar relaciones sanas y sinceras con esas vecinas, que nos llaman buena gente pero que no desean participar de nuestros procesos y búsquedas.

Así nacen LOS PUNTOS DE INFORMACION Y DENUNCIA sobre realidades diferentes en los barrios periféricos. Y esta es la primera propuesta que deseo aportar. Esta propuesta se ancla en algo tan fundamental como mantener relaciones con otras, con nuestras vecinas, quienes desde el sufrimiento y el malestar demandan información y apoyo puntual, plantean la necesidad de una disponibilidad ocasional a luchar por ellas. Y poquito más.

Estas iniciativas, los puntos de información y denuncia, suponen la puesta en marcha de espacios de relación basados en poner en común lo más básico que se posee: información. Por un lado, la información de la vivencia del dolor y la carencia y, por otro, la posibilidad de compartir el conocimiento sobre los resquicios del sistema. Cuando una lleva viendo estos procesillos y prácticas en los últimos 30 años, se da cuenta de la importancia de esta relación. De estos encuentros y enredos sacamos información, un mayor conocimiento de la realidad y en ocasiones simpatías, afectos. Nuestros grupos trabajan esta información, para convertirla en lo más elemental que se puede hacer actualmente en un país central: VISUALIZAR EL FRACASO DEL CAPITALISMO, señalar la carencia, el dolor, el malestar, la necesidad, DESVELAR LA INJUSTICIA. Mostrar la cara oculta del Capitalismo, su fracaso cotidiano y estructural, ejemplo de la injusticia, de la carencia, del dolor.

Pero mostrar el fracaso de una sociedad es importante hacerlo en los espacios que representan su esencia, su ser. Requiere buscar el contraste, conseguir estimular la reflexión, el repensar la vida, partiendo de esas realidades que queremos desvelar y que en sí mismas son denuncia. Por ello, desde el principio tuvimos clarísimo que hemos de ir al centro de la metrópoli, de la ciudad, a hacer visible la denuncia ante las instituciones del mercado (ayuntamientos, diputaciones, gobiernos autonómicos, bancos, centros comerciales, calles peatonalizadas y repletas de tiendas…). Es importante romper la cotidianidad en esos lugares, sacando a la calle en esos espacios el dolor, el fracaso, la carencia, el malestar. Lo hacemos mediante acciones de calle, procurando empatizar con las gentes que ocupan esos espacios urbanos, buscando el guiño cómplice, sin generar una sensación inútil de culpabilidad, sino provocando actitudes que lleven a la duda y de ahí a la empatía. Por ello procuramos desarrollar representaciones, escenificar las situaciones que denunciamos, para que desde una actitud inicial de espectadoras, las viandantes entren en la pregunta y desde ella en la comunicación. Pero no solo es cuestión de relacionarnos como un  fin en sí mismo, sino para provocar en estas relaciones una devolución que sea una verdadera comunicación.

Así es como llegamos a plantear la urgente necesidad de LUCHAR CONTRA LA RIQUEZA, de señalar a la gente que acumula, que disfruta de todo, que tiene todo y hace lo que le viene en gana. Nos planteamos dejar de poner el foco solo en el empobrecimiento, para centrar nuestra mirada, nuestra comunicación y la relación con otras en LA LUCHA CONTRA EL ENRIQUECIMIENTO. Hablamos de dinero, de tierra, de medios de producción, de medios de incomunicación, de realezas y categorías sociales autoproclamadas como superiores, tocadas por el destino, por lo divino.

Esto nos arma de miles de razones, genera simpatías y establece complicidades. Cuando pensamos en recuperar los recursos de esta gentuza que lo tiene todo, nos orientamos mediante lógicas de lucha social, de conquista de lo que es de todas. Esta mirada nos une, nos hace converger con nuestras vecinas y es un camino fácil para plantear cuestiones como la Renta Básica de las Iguales (RBis) y muchísimo más!!! Sí, hablar de la RBis es plantear un cambio de actitud, una mirada diferente. Sobre todo cuando aclaras que es un medio, una herramienta más, que no es ni la única ni la principal propuesta.

Pero, ¿qué es la RBis? Pues algo elemental, es el derecho de toda persona a disponer de los recursos necesarios para asegurar la vida. En pocas palabras: es el derecho a un ingreso, INDIVIDUAL, INCONDICIONAL, UNIVERSAL, SUFICIENTE, que se recibiría en dos partes una individual (80%) y otra por medio del FONDO DE RBis (20 %), del barrio o pueblo donde cada cual vive. Este fondo de RBis solo podría destinarse a aquellos servicios públicos que decidiera la comunidad misma. Y todo esto desde una lógica de lucha social.

Pues sí, cuando miramos a la gente rica podemos pensar en la RBis y en muchísimo más. Es desde la disponibilidad de esa RBis cuando tiene sentido hablar del cierre de las empresas socialmente inútiles, cerrar juntas las fabricas de armamento y todas aquellas que nos destrozan la vida, contaminando el aire, las aguas, terminando con recursos limitados de todo tipo, imponiendo unas formas de relación y vida indeseable; incluidas las empresas de automoción (reduciéndolas a lo estrictamente necesario, decidido por las personas y no por el mercado).

Son muchas las personas y grupos que escriben y llevan adelante la vuelta a la tierra, entendida como acercamiento a la necesidad de asumir el desarrollo de iniciativas de producción agrícola, que nos puedan llevar a la soberanía alimentaria. El iniciar este camino pasa por generar grupos de consumo, que estén relacionados con las gentes que ya producen verdaderos alimentos, productores cercanos. Este proceso de relación de consumidoras y productoras nos abrirá las puertas de esa tan ansiada soberanía alimentaria, con la participación activa de las comunidades. En este sentido, romper con las metrópolis es urgente, situarnos en el territorio desde pueblos y ciudades de tamaño humano, poniendo en el centro a las personas y sus límites relacionales. Como decía, son  muchísimas las personas y grupos que a diario hablan y desarrollan en este tema practicas diferentes. Y con ellas hemos de recorrer ese camino, poniendo en común los aciertos y los errores, para reintentarlo de nuevo.

Hablar de simplificación de nuestras vidas, es mencionar un reto: un camino que nos lleve a ciertas formas de austeridad elegida, asumida desde la consciencia y la responsabilidad colectiva. Es una elección que nos conduce a usar lo necesario, a no acumular lo innecesario, abriendo y ampliando los caminos del compartir, rompiendo al máximo con la propiedad privada y ensayando y experimentando sobre las propiedades compartidas, públicas y, sobre todo, gestionadas por la comunidad. Es evidente que estamos hablando de caminos, de procesos, que deben comenzar ya!! Desde lo que somos capaces, lo que ya es posible y sin prisitas, pero por supuesto sin pausas. En este sentido es muy importante ampliar las practicas de trabajo cooperativo, desvinculado totalmente de salarios, de mercados, entrando en la vecindad, en la cooperación, en arrimar el hombro, construyendo comunidades. entendidas como relaciones humanas que satisfacen necesidades sin la mediación de monedas, del tipo que sean: solo desde la relación, desde la posibilidad de hacer, desde la cooperación sincera y sencilla.

Como decía al inicio, todas estas propuestas y muchísimas más, solo se podrán dar desde el cariño, generando afectos, vínculos que nos lleven a los cuidados de unas mismas y de las otras que nos rodean, con las que compartimos la búsqueda, con las que generamos la vida en general y la cotidianidad en particular. Reivindicar los cuidados y los afectos, es poner el acento en nosotras las personas, salirnos de las lógicas de priorizar los fines utilizando cualquier medio. Para muchas de nosotras los medios son una parte de los fines. Por ello, con toda la complejidad que entraña, hemos de pensar en procesos basados en esos afectos que hemos de construir, respetando la diversidad, las distintas miradas. Pero han de ser procesos que nos ayuden a concretar relaciones y actuaciones que nos saquen de la lógica terrorista del capitalismo.

Cuando una consigue poner en marcha algunas de estas cuatro iniciativas (parcialmente), siente la tensión entre lo que somos y lo que desearíamos ser; nos vemos en movimiento, en proceso, abriéndonos a otras, siendo las otras, asumiendo las equivocaciones, los errores y siendo conscientes de nuestros límites. Sintiéndonos vivas y en búsqueda, que es lo fundamental. Siempre con otras: es una obviedad que juntas podemos llegar a algo y solitas a na de na!!