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Por qué el feminismo me hizo anticolonialista e independentista.

Dedicado a Aisha Hernández,
mujer canaria luchadora.

No se puede despatriarcalizar sin descolonizar (ni viceversa).

Leo de casualidad la frase de Monedero sobre Catalunya “El sueño de empezar de nuevo puede parecer una solución adecuada pero luego no es real, porque llevamos cinco siglos de aventura en común” y pienso automáticamente en la frase de las Mujeres Creando “no se puede descolonizar sin despatriarcalizar” (ni viceversa, pienso yo), y automáticamente, también se me viene a la cabeza una de mis últimas charlas con una abuela, sobre su marido maltratador: “¡es que ya llevamos casados tantos años!”- me dice en tono de resignación. ¿Empezar de nuevo a estas alturas? ¿Romper lo que ya está hecho desde hace tantos años? ¿Por qué? ¿Con qué fin?
A mi modo de ver el patriarcado tiene tres ejes ideológicos fundamentales, basados en la propiedad privada, la diferencia de valor y poder y la división del trabajo/actividades, y se suelen utilizar -para justificarlos- argumentos relacionados con la “tradición” o la “historia”.
  • La justificación histórica: “siempre ha sido así”.
El encadenamiento entre hombres y mujeres, y el de Estados opresores y naciones/Estados oprimidos* tiene una raíz muy fuerte y común en este sistema capitalista heteropatriarcal. Como podemos observar en la frase de Monedero y en la de la abuela, ambas utilizan como justificación la historia para que todo siga como está: “es que siempre ha sido así”. ¡Curioso asunto! Porque si aplicáramos esa frase a todas las cosas, nada cambiaría en este mundo… viviríamos en un status quo absoluto: político, económico y social.

Pero -querido Monedero- todo tiene un principio… y aún más importante: todo tiene su FINAL (¡nada dura para siempre!, dice Héctor Lavoe).

  • División del trabajo: Sobre qué tareas o actividades pueden desarrollar oprimidxs y opresores; qué funciones cumplen.
 Como todxs sabemos, la diferencia de género en el sistema patriarcal implica una división sexual del trabajo, la cual tiene como consecuencia una explotación y esclavización** de las mujeres, que quedan como seres reproductores, criadoras y cuidadoras de seres humanos (la futura mano de obra para el capital). Por su parte, las tierras ocupadas/colonizadas son expoliadas de sus riquezas en beneficio del Estado invasor, y su trabajo se reduce a proporcionar (generalmente) materia prima o mano de obra barata o esclava.
  • Valor y Poder: Quien detenta el poder define/construye la realidad, establece las normas. La voz del opresor es más válida que la de lxs oprimidxs.
Las limitaciones identitarias en las mujeres, por parte de la ideología patriarcal, son miles y me considero incapaz de hacer una lista. Pero las principales limitaciones –a mi modo de ver- están relacionadas con las opciones de realización personal y sexual en relación con el mandato del rol de género femenino, que sólo nos habla de realización a través de la maternidad y la pareja/amor heterosexual (es decir, a través del encadenamiento a nuestros opresores o a un rol opresivo que limita todas las demás opciones de ser y de vivir). Lo mismo ocurre en las tierras ocupadas, donde las identidades propias de los lugares/lugareñxs son reprimidas y sólo se considera correcto corresponder a la identidad otorgada por el opresor (religión, idioma, etc., es decir, colonización lingüística y cultural). En cualquiera de los dos casos hablamos de que la propia identidad de lxs oprimidxs viene definida por la ideología opresora, por el opresor. ¿Y qué reclamamos siempre desde los feminismos? El derecho a elegir nuestras propias identidades, a definirnos nosotras mismas, a elegir nuestro destino. ¿Y qué sino elegir su identidad y su destino es lo que están pidiendo Palestina, el Sahara, el pueblo Kurdo…?
Lo más importante quizás sea el detalle de que cada vez que una oprimida quiere liberarse de una relación machista, su opresor ejerce una violencia brutal sobre ella, como un último intento de mantenerla a su lado (ya que no la convence por las buenas, pues aplica la fuerza para retenerla por las malas). Cada vez que una nación quiere independizarse de su Estado opresor, y elegir su camino, ocurre exactamente lo mismo (véase por ejemplo Plan Cóndor en Latinoamérica).
  • Propiedad Privada: ¿Qué es de quién?
El tema de la propiedad privada quizás sea el más fácil de relacionar. Un hombre cree que la mujer es suya. Un Estado invasor** dice que tal tierra le pertenece, que es “el país” que él dice que es (y punto pelota, da igual lo que ese pueblo diga ser o quiera ser).
Los hombres “conquistan” mujeres. Los Estados opresores conquistan, invaden y colonizan las tierras ajenas.
¡Qué perverso! ¿verdad? ¡El omnipresente patriarcado!

Cuando asumí todo esto en mi vida, cuando visibilicé el esquema del sistema patriarcal y sus redes, y supe identificar cómo se manifiestan sus relaciones opresivas, fui capaz de verlo todo clarísimo. Y el feminismo, poco a poco, me llevó al independentismo: España es el macho patriarcal que somete a las Islas Canarias; las conquistó hace más de 500 años, les ha impuesto colonialismo cultural y lingüístico, les niega su identidad, se burla de la gente del lugar, la tuvo sometida a proporcionarle materia prima, hoy con el turismo y en el futuro se había propuesto que fuera el petróleo (menos mal que les salió mal), sin importar lo que las propias Islas necesitan y quieren, limitándoles otras posibilidades de ser y de vivir, y  prohibiéndoles -con todo esto- elegir su destino.

Así que: ¿Empezar de nuevo a estas alturas? ¿Romper lo que ya está hecho desde hace tantos años? ¿Por qué? ¿Con qué fin?…
Respuesta simple: Libertad, abuela, ¡LIBERTAD!
___________________
*Aclaro que existen ambos, naciones oprimidas bajo un Estado opresor, y Estados independientes oprimidos por otro Estado (como por ejemplo, el clásico binomio Norte-Sur).
** Supongo que no debería aclararlo, pero lo aclaro por las dudas: hablamos de esclavitud porque es trabajo gratuito e involuntario. Involuntario porque la obediencia a estos roles es por ideología patriarcal impuesta, es decir, adquirida en los procesos de socialización. Una ideología que nos dice cuál es el papel de las mujeres en nuestras sociedades, y nos amenaza si pensamos en desobedecerla.

Máscaras

Hubo un interés económico detrás de la abolición de la esclavitud en EEUU.

Hubo un interés económico en la conquista de América Latina.

Hubo un interés económico en las guerras mundiales y en la creación de la ONU.
Hubo un interés económico en las dictaduras militares de los países del Sur.Hay un interés económico detrás del genocidio de Gaza.
Hay un interés económico detrás de la ocupación marroquí del Sáhara Occidental.
Hay interés económico detrás de la difusión del odio a lxs inmigrantes.
Hay interés económico detrás de la difusión del odio a lo islámico.

Y hay un interés económico detrás de la difusión del odio por nuestros cuerpos.
La gordofobia sirve al capitalismo. Amarte es revolucionario.

El ojo sobre la víctima.

Escribo esto sin tiempo y seré breve, y probablemente me faltarán muchos argumentos que encontraría con tiempo. Pero necesito escribirlo.Urgentemente.

Soy seguidora de muchas feministas (tanto en perfiles personales, como blogs, etc.), y he leído en numerosas ocasiones sus quejas (nuestras, las de todas en realidad) sobre el tratamiento mediático que se da en los casos de asesinato o violación cuando el agresor es un hombre y la víctima una mujer: siempre se hace hincapié en la víctima… Que si la ropa, que si las horas, que si las compañías, que si sus costumbres…
Sin ir más lejos, un caso muy sonado fue el de la argentina Melina Romero, donde los medios de comunicación locales e internacionales se cebaron con la joven asesinada y desaparecida, por ser una piba que no estudió, que no trabajaba y que le gustaba salir de fiesta (como si estas cualidades justificaran su asesinato a manos de un machista de mierda).
Algo parecido pasó con la desaparición de Luciano Arruga , asesinado por la policía, tuvo que salir su familia a la palestra a defenderlo, porque los medios comenzaron a hacer hincapié en que era un joven conflictivo, “villero” (de barrio humilde), invisibilizando que había sido secuestrado, asesinado y desaparecido por las fuerzas de represión de un Estado supuestamente democrático.
Hoy, en el Estado español, y en los espacios/perfiles feministas de gente muy cercana, no paro de ver justificaciones del asesinato de  Javier Romero (Jimmy), el hincha de fútbol del Depor que fue asesinado por los nazis del Frente Atlético. Por artículos de diversos medios de comunicación (de los que yo al menos nunca me fío) circulan cosas como que era un maltratador (a secas, sin más explicación), un traficante de drogas, un ultra, un radical, y un largo etcétera que hace una vez más hincapié en la víctima y no en sus asesinos, que repito: SON NAZIS, en el 2014, operando en España (¿hola?).
No es una cuestión de víctimas, sino de verdugos. Yo nunca pregunté si la persona asesinada era buena persona. Si Melina era buena persona. Si Luciano era buena persona. Ni me pregunto qué clase de persona era Jimmy (ni qué sustancias traficaba o se metía)… Yo me pregunto (en todas las ocasiones) quiénes son esos grandísimos cabrones que se aprovechan de su situación de poder para matar gente libremente, y quiénes son también esos grandísimos cabrones que les protegen y otorgan impunidad. Y sobre todo: ¿POR QUÉ?
La situación actual es que una parte de la gente está creyendo que fue un encuentro entre radicales, y otras que fue un encuentro entre machirulos… Y nadie habla de los NAZIS: ¿por qué nadie habla de los asesinos? ¿por qué nadie habla de las organizaciones fascistas que actualmente existen en este Estado? ¿por qué nadie se pregunta por qué existen, quién los ampara, quién los financia y por qué son intocables? (sí, son intocables, no es la primera vez que matan, ni probablemente sea la primera vez que quedan impunes).
Una vez más recomiendo el documental OJOS QUE NO VEN, para quienes quieran saber un poco más sobre los asesinatos y agresiones fascistas recientes. Y también lo recomiendo para quienes no saben de lo que estamos hablando, porque no viven la calle ni se ven expuestxs a esto como sí lo estamos l@s trans, negr@s, sudacas, pobres o personas de izquierdas, esas gentes que estamos en el punto de mira del neonazismo organizado de este Estado (sí, organizado, organizadísimo).
Nadie pide aquí que lloren a Jimmy. Yo no sé si era un santo. Ni me importa. Sólo pido que tengamos la lucidez de dudar siempre (sobre todo de los medios). Que tengamos la lucidez de preguntarnos por el verdugo y no por la víctima, antes de ir a lo fácil y rodear al muerto con un cartel que diga “ALGO HABRÁ HECHO”.
No es casualidad que los medios utilicen la misma táctica en estos tres tipos de casos: mujer, joven pobre y persona de izquierdas.
Los casos aislados son casualidades. La repetición es norma. La norma, sistema. Y al sistema hay que cuestionarlo para vencerlo.

Libres

PATRIA

Se puede amar en la distancia
siendo las distancias cortas, o enormemente largas
no, no es necesario poseer para querer
todo lo de disney es un fake
no, no es necesario el tacto para amar
ni viceversa, estoy aquí, estoy allá
envuelta en alas de libertad
ni el cuerpo ni la mente dejes encadenar
es posible la existencia en dos partes
es posible la vivencia en tres lugares
el corazón suficientemente grande
abarca diez tierras, mil amores, 

dos mares.

PASIÓN

Mala suerte al que intente definir el amor
establecer jerarquías, límites de la pasión
defender fidelidad, defender el dolor
sacrificio, eternidad, reducir todo a dos
yo quiero sentir la caricia en el cuello
quiero disfrutar del sudor de los cuerpos
de las voces que practican sexo
fluir con el eros en el placer de lo diverso
sin peros, la rabia va del quiero al puedo
rompiendo fronteras, pensamientos rectos
revolución en la cama y en el pecho
bailando al compás de las cadenas
rompiendo.

PLATÓN

Me encanta irregular y loco el trazo
analizar por qué está vacío el vaso
mirar a través de esos lindos ojazos
lo que la autoridad me prohíbe a porrazos
vivir en lo imposible, nunca en el fracaso
por eso la utopía siempre está en mis brazos
me enredo en su ombligo y más abajo
porque lo establecido da, realmente, asco
y guardaré mis miedos en un frasco
para que con platón se hagan mil pedazos
y juntas con sus restos nos haremos
un faso.

La lacra del purismo idealista en los movimientos sociales

Cuando eres adolescente y descubres a Marx se te hincha el pecho satisfecho de rebeldía: leer a Marx es una acción revolucionaria en esta sociedad capitalista. Y a veces ese sentimiento termina en idolatría. Sin embargo, con el tiempo y -sobre todo- con la militancia política, acabas descubriendo tres cosas importantes: 1) la obra de Marx no es una biblia; 2) a Marx no le hubiera gustado que lo fuera; y última y más importante 3) Marx marcó un antes y un después en teoría política por ser el autor que nos hizo bajar a tierra (literalmente hablando).
Cuando en las Tesis sobre Feuerbach Marx sentencia “los filósofos se han encargado de interpretar de distintos modos la realidad, de lo que se trata es de transformarla”, no sólo apunta al fin que él puede considerar que tenga la filosofía como disciplina, sino que hace referencia a la forma misma de hacer filosofía (teoría): hacer filosofía desde la terrenalidad.
Así, el carácter materialista nos aleja del idealismo que imperaba hasta entonces.
El idealismo (esa corriente  de pensamiento que podemos decir empezó con Platón y su teoría del mundo de las ideas, y que ha derivado en numerosas corrientes poco “terrenales”) mantiene que las ideas son algo independiente a la realidad, mientras que el materialismo afirma que las ideas son consecuencia de la experiencia. ¿Por qué es importante esto? Esto es importante porque marca una diferencia fundamental de cara a la transformación del mundo: la meta no es inventar unas ideas muy guapas y luego intentar que la realidad se adapte a ellas; la meta es describir y analizar la realidad existente para poder transformarla; la primer corriente escribe desde el anhelo, la segunda desde la posibilidad.

Así también, están las organizaciones políticas que trazan sus actividades y acciones desde un análisis de la realidad y barajando las posibilidades de transformación actuales, teorizando desde la contextualización; y están las organizaciones que tienen un ideal/ideario firme e inamovible, y todo aquello que no se adapte a él, lo rechazan o lo dejan fuera de lo que es considerado por ellos como “””revolucionario”””. A estos últimos es a los que llamo PURISTAS: o sea hace como yo creo que debe ser (adaptándose a mi idea platónica de verdad, justicia y revolución) o no lucharé junto a ti. O aún peor: te boicotearé hasta morir.

Un ejemplo cercano
Este sábado 18 de octubre, numerosas organizaciones políticas y sociales convocaron en Canarias una manifestación en contra de las Prospecciones Petrolíferas que el Ministro Soria y RePPsol han planeado para las islas. El descontento popular respecto a esto ha llevado la población aorganizarse y responder, exigiendo tener voz y voto, es decir, soberanía. Por ello desde el principio se ha pedido un referéndum. ¿Qué ha pasado? Que como siempre hay algún político o partido de turno que se apunta el tanto, y el referéndum no es lo radical que esperábamos, ni la movilización tan “pura” como nos hubiera gustado.  En este caso, Coalición Canaria (partido de derechas con un amplio currículum antiecologista) se está intentando apuntar el tanto de lo conseguido por la movilización popular y pretendiendo conseguir votos, con un discurso facilón, edulcorado y oportunista.

Todo esto hay que tenerlo en cuenta, cierto (siempre pasa).

Sin embargo, la nota la ha dado el Partido Comunista del Pueblo Canario (PCPC), con una respuesta incomprensible, que me ha dejado completamente perpleja: no se les ha ocurrido otra cosa que llamar a la desmovilización y a no votar el referéndum por considerar que la pregunta no se adapta a lo que esperábamos, y que ese referéndum no es más que una “cuestión burguesa” (dedicándose, en la manifestación, a repartir panfletos en contra de votar en el referéndum del 23N).

No voy a entrar en debates como que el PCPC dice que el referéndum que pedimos es burgués, pero por otro lado es un partido electoralista que participa de todas las demás elecciones del Estado español. Simplemente dejaré aquí al final dos tesis más de Marx y concluiré con un
– HARTA Y MÁS QUE HARTA de que numerosas personas, partidos y organizaciones seamos incapaces de poner los pies sobre la tierra, de bajarnos de la nube platónica de la idea utópico-revolucionaria y de ponernos codo a codo a  luchar con las movilizaciones populares (aún no siendo éstas lo que todxs queremos o esperamos que sean).
– HARTA Y MÁS QUE HARTA de que se siga difundiendo la idea de “la revolución para el pueblo sin el pueblo”, como si el pueblo no fuera capaz de liberarse, o como si el pueblo fuera estúpido (la experiencia de ser una persona oprimida genera la propia idea de opresión y la conciencia de la misma).
– HARTA Y MÁS QUE HARTA de que se rechace sistemáticamente todo lo que no cabe en ese cuadradito ideológico que sostemos más como identidad que como trinchera, prohibiendo que se filtren modificaciones de cara a la verdadera praxis revolucionaria.
El 23 de noviembre VOTAMOS NO AL PETRÓLEO EN CANARIAS. No porque sea el referéndum perfecto. No porque estemos cambiando por completo el mundo o todo lo que queremos. No porque vaya a llegar por fin el tan soñado socialismo. Votamos HOY esto porque no queremos petroleras aquí y queremos gritarlo hasta el triunfo. Votamos HOY porque queremos decidir sobre nuestra tierra y nuestros recursos. Votamos HOY ESTO porque el referéndum es fruto de la lucha de un pueblo… ¿Y qué quieren que les diga? Prefiero a un pueblo que lucha con las herramientas que tiene, a un partido comunista que de tan tan tan puro rechaza y boicotea la lucha de su propio pueblo…

El purismo idealista es el opio de los pueblos.

“Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento.” (Tesis II)

“La vida social es, en esencia, práctica. Todos los misterios que descarrían la teoría hacia el misticismo, encuentran su solución racional en la práctica humana y en la comprensión de esa práctica.” (Tesis VIII)

Y perdón si ven mi crítica muy destructiva. Pero es imposible construir con quien destruye.

Apuntes sobre Epistemologías* Feministas.

Los hechos están cargados de teoría, la teoría de valores, los valores de historia.
  1. Haraway

Los estudios con perspectiva de género sobre la ciencia suponen una revisión crítica del conocimiento científico desde el análisis de los valores sexistas y androcéntricos de la cultura occidental en la que el conocimiento se produce. Por esto, podemos decir que suponen un cuestionamiento profundo del modelo científico existente.

Dos aspectos son importantes dentro de estos estudios: a) suponen un análisis socio-histórico y contextualización de los sesgos androcéntricos y sexistas dentro de la ciencia, que nos permiten visibilizar en qué medida está distorsionado (por el androcentrismo) lo que la ciencia afirma como conocimiento riguroso y objetivo; y b) traen consigo un debate epistemológico que plantea posibilidades y alternativas al modelo actual.

El estudio de los sesgos de género en la ciencia ha sido llevado a cabo desde posiciones epistemológicas que podemos clasificar en tres grupos: el empirismo clásico, el empirismo feminista y las epistemologías radicales.

1) Empirismo clásico

Las empiristas clásicas admiten la existencia de factores externos que marcan sesgos, pero entienden que el recurso al método científico hace factible la detección y corrección de los sesgos de género. Para ellas, una correcta aplicación del método científico garantiza objetividad, neutralidad y racionalidad, por lo que una ciencia sexista es en el fondo una mala ciencia, una mala aplicación del método científico.

La solución sería, por ello, no hacer mala ciencia (de contenido ideológico), sino buena ciencia: hacer un uso correcto del método científico.

2) Empirismo Feminista

A diferencia del empirismo clásico, el empirismo feminista niega que la objetividad del conocimiento quede asegurada por el método científico: el método científico no es infalible a los valores culturales.

  1. Longino (una de las representantes de esta línea) mantiene que el método científico no evita la incidencia de externalidades, aunque esto tampoco es motivo para descartarlo por completo como método para adquirir conocimiento (ni a éste ni a la ciencia en general). Sin embargo, sí debemos asumir que no existe una ciencia absolutamente objetiva y neutra, sino que lo que se presentan son grados de objetividad y racionalidad científica, pues la referencia a lo empírico se encuentra mediatizado por las asunciones o valores (background) de la comunidad científica en cuestión, sobre todo en lo que respecta a interpretación de los hechos.

En resumen, la ciencia es considerada por Longino como un producto de influencias externas y valores internos. Se da una filtración externa en la práctica científica que es contrarrestada por los valores internos de la comunidad científica (por ejemplo una herramienta de este tipo serían las normas de lo que constituye una práctica científica aceptable, útiles para paliar la influencia externa androcentrista).

Por su parte, Ruth Bleir, coincide bastante con la postura de Longino, pero da más énfasis a lainfluencia externa. Considera la ciencia como un producto social permeado por los valores que influyen en su práctica y la subjetividad que afecta a sus perspectivas y al método científico. Lo que nos queda es hacer el ejercicio de honestidad de explicitar las asunciones y asumir la apertura de las interpretaciones de cada estudio y sus significados, que cada nueva verdad es parcial, incompleta y dependiente culturalmente. Eso sí: los valores feministas harán posible una ciencia revolucionaria que elimine las jerarquías y fronteras existentes en la ciencia actual, y romperá con las prácticas que explotan y destruyen la naturaleza.

Los planteamientos de las empiristas feministas nos vienen a decir, en resumidas cuentas, que el conocimiento científico necesita múltiples perspectivas y recursos teóricos y analíticos, que hay cosas más allá de la lógica de la justificación y la reconstrucción teórica.

3) Epistemologías Radicales

Las epistemologías radicales parten de la consideración de la ciencia existente como producto social e ideológico, transmisora de la historia y los valores de la cultura patriarcal. Se entiende que es en sí misma el resultado de valores androcéntricos y misóginos, y que los científicos que participan en ella son meros transmisores de lo externo/ideológico, porque siguen siendo hombres pertenecientes a un género, raza, y clase social concretas.

Para entender a la ciencia como un todo ideológico sexista y androcéntrico algunas autoras (como E. Fee, C. Marchan o E.F. Keller) realizaron análisis sobre las metáforas fundadoras de la ciencia actual. Así como la metáfora de la naturaleza como máquina supuso la base de la revolución científica del siglo XVII, hay toda una serie de metáforas relacionadas con las rígidas dicotomías sobre las que se asienta la ciencia actual, tales como objetividad-subjetividad, sujeto-objeto, razón-emoción, mente-cuerpo, que derivan en una valoración positiva de una parte y negativa de la otra, donde la primera se corresponde con lo masculino y la última con lo femenino. Keller toma a F. Bacon como ejemplo, quien explica el método de una manera peculiar, de la mano de imaginería sexual: “no hay que tener escrúpulos en entrar y penetrar en aquellos agujeros y rincones cuando la inquisición de la verdad es el objeto total como su majestad muestra”. Esta métafora llena de agresividad y control, así como tantas otras, intengran la ontología, metodología, epistemología e ideología de la ciencia. Así, todo lo que derive de ella será sexista, pues las vigas sobre las que está edificada lo son.

Sobre estos análisis se asienta la idea radical de rechazar a la ciencia por completo y sustituirla por otra distinta, no sexista, no racista, ni clasista. Y es que una ciencia no androcéntrica sólo será posible si partimos desde supuestos epistemológicos, metodológicos e incluso ético-políticos muy distintos de los que definen la ciencia actual.

Este proyecto de nueva ciencia, por su parte, vendrá de la mano de la parte minusvalorada de todas las dicotomías: el signo de lo femenino. 

>> La superioridad epistémica de las mujeres

Para confirmar a las mujeres como el sujeto de la nueva ciencia, las autoras intentan mostrar la existencia de capacidades epistémicas femeninas más adecuadas que las masculinas para la práctica científica, la cual (de la mano de aquéllas) sería más respetuosa y menos agresiva con la naturaleza y la humanidad.

Desde unas posturas biologicistas y bastante esencialistas, algunas autoras afirmaron la existencia de una naturaleza femenina superior a la masculina. Por ejemplo Gina Covina puso de parte las mujeres el argumento biologicista de la lateralización cerebral que siempre se había utilizado en su contra: considerando que un mayor desarrollo del hemisferio izquierdo del cerebro (lo abstracto, matemático y lógico) sucede en los hombres, y uno mayor en el derecho (lenguaje y sentimientos) en las mujeres, se da una relación diferente entre unos y otros con los objetos, con los humanos y con la naturaleza. Mientras que los hombres marcan la distancia sujeto-objeto, las mujeres desarrollan una relación más empática con el entorno, y esto las hace portadoras de una superioridad epistémica que les permitirá realizar una ciencia distinta.

Con argumentos relacionados con el psicoanálisis se encuentran teóricas como N.Chodorow, D.Dinnerstein, J.Flax o E.F.Keller. Éstas basaron sus posturas en los estudios de Klein, quien mantuvo que el yo se constituye como unidad a través del proceso de diferenciación del objeto primario representado por la madre. Este proceso de diferenciación es distinto en el niño y la niña, pues el yo del niño se constituye desde la lejanía y la oposición a la madre, marcando una distancia rígida entre el yo y el otro, mientras que la niña, por el contrario, lo hace desde la identificación y la cercanía, sin control ni separación, donde el yo y el otro es lo mismo. Según Keller, el método y la racionalidad científica poseen las características del yo masculino, así como sus relaciones con losotros y con la naturaleza. Así podemos entender que, debido a que la ciencia es, al igual que otras prácticas de nuestra vida, una actividad con carga moral, la ciencia que elaborasen las mujeres tendría las cualidades del yo de las mujeres: más emocionales, menos dicotomizadores, más nutrientes y menos interesadas en el poder y el control.

Por su parte, las postmaterialistas (pensadoras del materialismo histórico) basarán en las condiciones materiales de vida la explicación de las diferencias epistémicas entre hombres y mujeres. Para ellas hay una diferencia elemental entre el trabajo realizado por las mujeres (de cuidados y reproductivo) y el realizado por los hombres (productivo) que pone a las mujeres en la postura del esclavo consciente de su esclavitud y da una visión privilegiada de la realidad (la misma diferencia que ocurría según Marx entre la burguesía y el proletariado). La realidad material estructura una relación, una experiencia y una comprensión de la realidad totalmente distinta de la masculina que le da a las mujeres las cualidades necesarias para una práctica científica distinta y más respetuosa con los seres humanos y con la naturaleza. Según Hilary Rose, las actividades realizadas por las mujeres conllevan la unidad de mano, cerebro y corazón, la unión de la actividad manual, mental y emocional que rompe con las dicotomías típicas de la ciencia androcéntrica.

Cabe destacar, finalmente, que además de fundamentar el punto de vista privilegiado de las mujeres, las teóricas tuvieron que argumentar la viabilidad del proyecto de la ciencia feminista** como alternativa a la androcéntrica, es decir, no sólo fundamentar el privilegio epistémico de las mujeres, sino además el hecho de que la ciencia que derive de éste sea superior a la ciencia existente. Para argumentar, pues, la superioridad del proyecto feminista y no caer en el relativismo que les asolaba (dada su crítica a la ciencia androcéntrica a través de su catalogación como ficciones históricas,catalogación de la cual una ciencia feminista no quedaría eximida), recurrieron a razones externalistas: la superioridad reside en los valores ético-políticos que la sostienen y fundamentan. Estos valores son el no sexismo, no racismo y no clasismo, es decir, sensibilidad y responsabilidad para con la sociedad y el mundo. Afirmaba Ruth Bleir que la superioridad de una ciencia que echa abajo las jerarquías dominantes en la ciencia sexista, racista y clasista, es incuestionable.

* La epistemología es la rama de la filosofía que estudia el conocimiento. Busca respuestas a preguntas tales como ¿qué es el conocimiento? ¿cómo conocemos? ¿en qué circunstancias? ¿qué podemos considerar verdadero u objetivo? etc. En el caso de las epistemologías feministas, añadiríamos la pregunta ¿hasta qué punto lo que consideramos “conocimiento” está influenciado por la cultura androcentrista en la que se desarrolla?

** Recomendación para profundizar en el debate de si existe o no un método feminista de investigación científica: “¿Existe un método feminista?” de Sandra Harding – http://www.cholonautas.edu.pe/modulo/upload/existe_un_metodo_feminista.pdf

Publicado por LaDobleEfe

Apuntes para una crítica feminista de la economía*.  

Según la Real Academia Española, economía es el conjunto de bienes y actividades que integran la riqueza de una colectividad y la ciencia que estudia los métodos más eficaces para satisfacer las necesidades humanas materiales. Sin embargo, depende qué entendamos por riqueza de una colectividad o necesidades humanas materiales, tendremos un tipo de economía u otro: economía de mercado o economía feminista.

Desde que en el siglo XIX definitivamente se instalara en los países occidentales el capitalismo de libre intercambio tras un proceso de vertiginosa industrialización, aparecieron distintas escuelas económicas (como la Neoclásica o el Marginalismo) que centraron la economía en el mercado.

Centrarse en el mercado significa entender que lo económico queda definido por los movimientos de dinero. En este sentido, todo lo que esté al margen del dinero queda al margen de lo que se denomina economía. En consecuencia, sólo es considerado trabajo el trabajo productivo (que se hace por dinero), quedando fuera el trabajo reproductivo (el de mantener la vida) y la amplia dimensión social de la economía.

Esta significación de la economía como exclusivamente una cuestión de mercado tiene unas connotaciones ideológicas, respecto al ser humano, muy claras. Se presenta al ser humano como un individuo cuyo perfil individualista está regido por la racionalidad e independencia absolutas, y cuyos intereses propios son los que le guían –en exclusividad- en su actuación social.

Este ideario, parte fundamental del modelo patriarcal y capitalista neoliberal que estamos viviendo, obvia el hecho de que el ser humano es un ser social dependiente que por sí solo no puede lograr la subsistencia (y que, además, vive en un mundo de recursos finitos). Dicho modelo basado en la ficción individualista deja de lado la parte fundamental de la economía, aquella que posibilita y mantiene la vida: el invisibilizado y denostado trabajo reproductivo y de cuidados:

[Cuidados:] Se trata de una función social que implica tanto la promoción de la autonomía personal como la atención y asistencia a las personas dependientes. Esta dependencia puede ser transitoria, permanente o crónica, o asociada al ciclo de la vida de las personas. Son acciones que la sociedad lleva a cabo para garantizar la supervivencia social y orgánica de quienes han perdido la autonomía personal o carecen de ella y necesitan de la ayuda de otros para realizar los actos esenciales de la vida diaria. El cuidado es un componente central en el mantenimiento y el desarrollo del tejido social, tanto para la formación de capacidades como para su reproducción [1]

Debido a la división sexual del trabajo, el trabajo reproductivo y de cuidados es realizado principalmente por las mujeres que dan su tiempo y su trabajo gratuitamente (es decir, en condiciones de esclavitud).

Estas cuestiones dejadas en un segundo plano por la economía de mercado, sí son tenidas en cuenta como una cuestión principal por la economía feminista (que comienza sus andanzas en la década de los ochenta y se consolida en los noventa), la cual sustituye el mercado por la vida, en lo que al centro de mira de la economía se refiere.

Esta postura supone una ruptura absoluta con el sistema económico actual, tanto en lo que se refiere a la producción y acumulación de capital, como a la explotación de las personas y los recursos. Se plantea una reestructuración de los diferentes eslabones lógica e históricamente ordenados: los sistemas naturales, el espacio doméstico del cuidado, las comunidades, el Estado y los mercados[2]. Cambiar la lógica de mercado centrada en la producción y el consumo (que es contradictoria con la sostenibilidad de la vida humana) por una lógica que ponga la mirada en la forma en que las personas cuidan de sí mismas y de los demás (algo altamente feminista, por cierto).

Por otra parte, decir que para perfilar las propuestas feministas ha sido necesaria la elaboración de nuevos cuerpos teóricos y metodologías que posibiliten el estudio de la economía de la vida, proponiéndose nuevos objetos y vías de estudio distintos a los de la economía de mercado.

Si bien –como en todo lo relacionado con los feminismos- no hay una única postura o un camino perfectamente delimitado, sí podemos nombrar ciertas cuestiones que entran en juego desde la crítica feminista de la economía: a) la redefinición de los conceptos de trabajo y productividad a conceptos más amplios que incluyen actividades no remuneradas o que no producen dinero sino bienes sociales (como los cuidados y la sostenibilidad de la vida, respectivamente); b) la cooperación y cuidado son entendidos como elementos fundamentales de la economía; c) se tienen en cuenta las relaciones de poder que marcan las pautas del intercambio económico en el mercado y la familia (el mercado no es considerado como algo que se autorregula y tiende por sí mismo al equilibrio); d) se considera la familia como el núcleo central de la economía; e) toma importancia el estudio del tiempo y cómo se gestiona/utiliza éste[3]; f) se tiene en cuenta una perspectiva holística del ser humano, entendido como un ser complejo marcado por la sociedad, cultura, normas jurídicas, condiciones materiales, condiciones simbólicas, etc.

Todo esto supone una profunda transformación de las formas de investigación, herramientas y conceptos relacionados con la economía.

  • La necesaria crítica (constructiva) a la propuesta marxista**.

Cabe hacer un inciso final sobre la necesaria crítica la propuesta marxista clásica de carácter socialista, y por ello la gran opción contra el neoliberalismo.

El marxismo supone la articulación de un análisis de clase aplicado tanto al trabajo doméstico y la familia como a las condiciones singulares de la opresión de las mujeres en sus trabajos. No podemos dejar de reconocer lo innovador de la propuesta para su época, y el gran paso que supuso de cara al reconocimiento de la opresión de las mujeres. Sin embargo, esta propuesta hace interesantes aportaciones pero también consta de numerosas carencias.

Entre las aportaciones podemos destacar el reconocimiento del ámbito doméstico no sólo como espacio de consumo sino también de producción y la puesta del punto de mira en las relaciones personales de opresión que se dan en las familias y en las parejas, y el claro interés o beneficio que el capitalismo tiene sobre ello. Engels afirma en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (1884) que

El hombre empuñó también las riendas en la casa; la mujer se vio degradada, convertida en la servidora, en la esclava de la lujuria del hombre, en un simple instrumento de reproducción.

Sin embargo esta posición también tiene sus carencias: se continúa manteniendo la dicotomía productivo-reproductivo donde lo productivo posee una centralidad indiscutida y donde el análisis de lo reproductivo se centra en las consecuencias que este último tiene para el primero:

[…] El primer efecto del poder exclusivo de los hombres, desde el punto y hora en que se fundó, lo observamos en la forma intermedia de la familia patriarcal […] el trabajo doméstico perdía ahora su importancia comparado con el trabajo productivo del hombre; este trabajo lo era todo; aquél, un accesorio insignificante. Esto demuestra que la emancipación de la mujer y su igualdad con el hombre son y seguirán siendo imposibles mientras permanezca excluida del trabajo productivo social y confinada dentro del trabajo doméstico, que es un trabajo privado. La emancipación de la mujer no se hace posible sino cuando ésta puede participar en gran escala, en escala social, en la producción y el trabajo doméstico no le ocupa sino un tiempo insignificante[4].

Por otra parte la ausencia de un análisis simbólico de los problemas reduce las posibilidades de analizar con cierta profundidad las relaciones interpersonales y el comportamiento humano (tanto en lo privado como en lo público). A su vez, todas estas cuestiones tienen como consecuencia el hecho de que desde ciertas posturas/ámbitos marxistas/socialistas no se haya sido capaz de ver el conflicto de género intraclase  o se le haya preferido silenciar/invisibilizar en pos de los intereses de clase, cuestión que -por cierto- ha conllevado numerosos reclamos desde los feminismos socialistas y anarquistas.

[1] Alma Espino y Soledad Salvador, Sistema nacional de cuidados: una apuesta al bienestar, la igualdad y el desarrollo, CIEDUR: Montevideo, 2013

[2] CARRASCO C. y E. TELLO, Apuntes para una vida sostenible, en M. FREIXANET MATEO, Sostenibilitats: Politiques publiques des del feminisme y l’ecologisme, UAB: Barcelona, 2012.

[3] En este aspecto son muy innovadoras las investigaciones de la socióloga María Ángeles Durán quien ha trabajado para sacar a la luz el trabajo invisibilizado y los aportes a la economía de las mujeres amas de casa y cuidadoras que brindan su tiempo.

[4] Engels, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, 1884

* Estas líneas que tienen delante son sólo un esbozo de las ideas generales de la Economía Feminista. Las autoras de referencia para quienes quieran seguir indagando en estas cuestiones son, a mi modo de ver,  Amaia Pérez Orozco y Cristina Carrasco.

** Para leer una crítica feminista a Marx desde Marx: Silvia Federici Calibán y la bruja

EN CONTRA DE QUIENES ESTÁN EN CONTRA DE LAS ETIQUETAS.

Cada vez que escucho o leo a alguien que dice “yo no soy nada, no me gustan las etiquetas” me asciende el grado de ira al máximo. Y exploto.
¿¿¿Cómo no vamos a ser nada???Ya los griegos hace más de dos mil años decían que la realidad se define por parejas de opuestos: día/noche, frío/calor, arriba/abajo… sin uno, no hay otro. ¿y qué significa esto? que borrar lo que somos borra también al opuesto.

Por ejemplo, ¿cuáles son mis opuestos? Veamos. Yo soy: mujer, gorda, sudaca/inmigrante, pobre, blanca, estudiante, joven, cisexual (palabrita q aprendí hace poco: personas en que su sexo y su género asignado coinciden, es decir, no trans), hetero (¿? bueno, no sé si definirme así porque lo estoy subvirtiendo seriamente desde q leí a mi diosa Wittig, pero bueno, es para demostrar un punto); y muchas cosas más, pero quedémonos con estas que son suficientes.

¿Cuáles son las contrarias a lo que soy?

mujer – hombre
gorda – flaca
sudaca/inmigrante – europeo o yanki en su casita
pobre – rico
blanca – negra
estudiante – trabajadora
joven – vieja
cisexual – transexual
hetero – homosexual, bisexual, pansexual…

No definirme o no reconocer lo que soy niega la existencia de mis privilegios y mis opresiones. Tengo el privilegio de ser joven, blanca y estudiante en un mundo que discrimina/desecha a la gente vieja, donde el racismo mata a diario y donde estudiar te da más oportunidades para cuando te toque ser mujer-trabajadora. Además, respondí bien a la socialización diferencial (puaj), y soy cisexual y hetero, en un mundo donde ser transexual u homosexual pueden llevarte a la cárcel, al destierro o a la tumba.

Por otro lado, hablemos de opresiones: soy mujer, gorda, sudaca y pobre, en un mundo que privilegia la delgadez y la masculinidad,  donde los ricos viven como quieren y donde quieren (y no emigran… como mucho tienen varias casas repartidas por Miami, Cancún o Cabo Verde y un jet privado que les lleva de aquí para allá sin derramar ni una sola lagrimita) gracias a que explotan a la inmensa mayoría de la humanidad, y donde ser mujer es tener, automáticamente, la posibilidad de ser objeto de violación, silenciamiento, maltrato, vejación, humillación, asesinato…

¿Que quiero decir con todo esto? Que nuestras etiquetas son nuestras trincheras. Que desde el reconocimiento de nuestras etiquetas reconocemos las relaciones de opresión, y desde ellas es que luchamos. Ojalá algún día lleguemos a ese mundo donde seamos “sólo seres humanos”. Pero aún no estamos ahí. Es más, estamos MUY LEJOS de ahí.
Aún ser mujer es un riesgo de muerte, aún ser trabajador/a es un riesgo de muerte, aún ser inmigrante es un riesgo de muerte, Y QUIERO MIS ETIQUETAS. Las quiero porque tengo estas opresiones para que el opresor pueda tener sus privilegios, e invisibilizarlas le beneficia sólo a él. Las quiero porque con ellas transito este mundo social en el que las personas me interpretan, naciendo de esa interpretación su modo de tratarme. Las quiero porque así me reconocen y me reconozco. Las quiero porque, en definitiva, aunque no quisiera serlo, soy hoy todo eso que nombré: un médico, al ver mis genitales el día en que nací, me sexó como “mujer” (y vinieron consecuencias como que si te violan, es tu culpa); el mundo me trata como “gorda” al verme porque, la verdad, soy incapaz de esconder este cuerpazo que mi vieja me dio; la burocracia me escupe el “sudaca” en la cara, en una cola enorme a las puertas de un sitio llamado “Extranjería” donde me ponen una X en mi número de identificación; y la economía rompe a mi familia en mil pedazos a fin de mes mientras discuto con mis abuelos sobre que “nadie se hace rico trabajando”…

Así que SÍ. ¡¡¡¡QUIERO MIS JODIDAS ETIQUETAS!!!! ¡¡¡¡TODAS Y CADA UNA DE ELLAS!!!!

Quiero mis etiquetas…. pero también QUIERO LAS DE ELLOS. Porque sólo podré romper de verdad las mías y todas mis opresiones el día que les rompa a ellos TODAS LAS SUYAS Y TODOS

Renta Básica de las Iguales: medida para una economía FEMINISTA.

  1. Introducción

En tiempo de crisis del sistema patriarcal-capitalista neoliberal se hace urgente articular transformaciones políticas, económicas y sociales que nos conduzcan a un mundo en el que el pleno desarrollo humano sea garantizado bajo criterios de sostenibilidad e igualdad. Desde esta perspectiva trabajan las teóricas de la economía feminista, poniendo la vida (humana y natural) en el centro y foco de investigación, teorización y propuestas.

La Renta Básica de las Iguales, por su parte, se presenta como una de las tantas medidas que se adaptan a los criterios de la economía feminista, entre otras cosas, por romper con el trabajo productivo como eje central de la vida humana (algo propio de la economía de mercado) y por hacer hincapié en la consecución de una vida digna.

 

  1. Economía de mercado vs Economía feminista

Según la Real Academia Española, economía es el conjunto de bienes y actividades que integran la riqueza de una colectividad y la ciencia que estudia los métodos más eficaces para satisfacer las necesidades humanas materiales. Sin embargo, depende qué entendamos por riqueza de una colectividad o necesidades humanas materiales, tendremos un tipo de economía u otro: economía de mercado o economía feminista.

Desde que en el siglo XIX definitivamente se instalara en los países occidentales el capitalismo de libre intercambio tras un proceso de vertiginosa industrialización, aparecieron distintas escuelas económicas (como la Neoclásica o el Marginalismo) que centraron la economía en el mercado.

Centrarse en el mercado significa entender que lo económico queda definido por los movimientos de dinero. En este sentido, todo lo que esté al margen del dinero queda al margen de lo que se denomina economía. En consecuencia, sólo es considerado trabajo el trabajo productivo (que se hace por dinero), quedando fuera el trabajo reproductivo (el de mantener la vida) y la amplia dimensión social de la economía.

Esta significación de la economía como exclusivamente una cuestión de mercado tiene unas connotaciones ideológicas, respecto al ser humano, muy claras. Se presenta al ser humano como un individuo cuyo perfil individualista está regido por la racionalidad e independencia absolutas, y cuyos intereses propios son los que le guían –en exclusividad- en su actuación social.

Este ideario, parte fundamental del modelo patriarcal y capitalista neoliberal que estamos viviendo, obvia el hecho de que el ser humano es un ser social dependiente que por sí solo no puede lograr la subsistencia (y que, además, vive en un mundo de recursos finitos). Dicho modelo basado en la ficción individualista deja de lado la parte fundamental de la economía, aquella que posibilita y mantiene la vida: el invisibilizado y denostado trabajo reproductivo y de cuidados:

[Cuidados:] Se trata de una función social que implica tanto la promoción de la autonomía personal como la atención y asistencia a las personas dependientes. Esta dependencia puede ser transitoria, permanente o crónica, o asociada al ciclo de la vida de las personas. Son acciones que la sociedad lleva a cabo para garantizar la supervivencia social y orgánica de quienes han perdido la autonomía personal o carecen de ella y necesitan de la ayuda de otros para realizar los actos esenciales de la vida diaria. El cuidado es un componente central en el mantenimiento y el desarrollo del tejido social, tanto para la formación de capacidades como para su reproducción [1]

Debido a la división sexual del trabajo, el trabajo reproductivo y de cuidados es realizado principalmente por las mujeres que dan su tiempo y su trabajo gratuitamente (es decir, en condiciones de esclavitud).

Estas cuestiones dejadas en un segundo plano por la economía de mercado, sí son tenidas en cuenta como una cuestión principal por la economía feminista (que comienza sus andanzas en la década de los ochenta y se consolida en los noventa), la cual sustituye el mercado por la vida, en lo que al centro de mira de la economía se refiere.

Esta postura supone una ruptura absoluta con el sistema económico actual, tanto en lo que se refiere a la producción y acumulación de capital, como a la explotación de las personas y los recursos. Se plantea una reestructuración de los diferentes eslabones lógica e históricamente ordenados: los sistemas naturales, el espacio doméstico del cuidado, las comunidades, el Estado y los mercados[2]. Cambiar la lógica de mercado centrada en la producción y el consumo (que es contradictoria con la sostenibilidad de la vida humana) por una lógica que ponga la mirada en la forma en que las personas cuidan de sí mismas y de los demás (algo altamente feminista, por cierto).

Por otra parte, decir que para perfilar las propuestas feministas ha sido necesaria la elaboración de nuevos cuerpos teóricos y metodologías que posibiliten el estudio de la economía de la vida, proponiéndose nuevos objetos y vías de estudio distintos a los de la economía de mercado.

Si bien –como en todo lo relacionado con los feminismos- no hay una única postura o un camino perfectamente delimitado, sí podemos nombrar ciertas cuestiones que entran en juego desde la crítica feminista de la economía: a) la redefinición de los conceptos de trabajo y productividad a conceptos más amplios que incluyen actividades no remuneradas o que no producen dinero sino bienes sociales (como los cuidados y la sostenibilidad de la vida, respectivamente); b) la cooperación y cuidado son entendidos como elementos fundamentales de la economía; c) se tienen en cuenta las relaciones de poder que marcan las pautas del intercambio económico en el mercado y la familia (el mercado no es considerado como algo que se autorregula y tiende por sí mismo al equilibrio); d) se considera la familia como el núcleo central de la economía; e) toma importancia el estudio del tiempo[3]; f) se tiene en cuenta una perspectiva holística del ser humano, entendido como un ser complejo marcado por la sociedad, cultura, normas jurídicas, condiciones materiales, condiciones simbólicas, etc.

Todo esto supone una profunda transformación de las formas de investigación, herramientas y conceptos relacionados con la economía.

 

La necesaria crítica (constructiva) a la propuesta marxista.

Cabe hacer un inciso final sobre la insolvencia de la propuesta marxista de carácter socialista, y por ello una de las grandes opciones contra el neoliberalismo.

El marxismo supone la articulación de un análisis de clase aplicado tanto al trabajo doméstico y la familia como a las condiciones singulares de la opresión de las mujeres en sus trabajos. Esta propuesta hace interesantes aportaciones pero también consta de numerosas carencias.

Entre las aportaciones podemos destacar el reconocimiento del ámbito doméstico no sólo como espacio de consumo sino también de producción y la puesta del punto de mira en las relaciones personales de opresión que se dan en las familias y en las parejas, y el claro interés o beneficio que el capitalismo tiene sobre ello. Engels afirma en “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado” (1884) que

El hombre empuñó también las riendas en la casa; la mujer se vio degradada, convertida en la servidora, en la esclava de la lujuria del hombre, en un simple instrumento de reproducción.

Sin embargo esta posición también tiene sus carencias: se continúa manteniendo la dicotomía productivo-reproductivo donde lo productivo posee una centralidad indiscutida y donde el análisis de lo reproductivo se centra en las consecuencias que este último tiene para el primero:

[…] El primer efecto del poder exclusivo de los hombres, desde el punto y hora en que se fundó, lo observamos en la forma intermedia de la familia patriarcal […] el trabajo doméstico perdía ahora su importancia comparado con el trabajo productivo del hombre; este trabajo lo era todo; aquél, un accesorio insignificante. Esto demuestra que la emancipación de la mujer y su igualdad con el hombre son y seguirán siendo imposibles mientras permanezca excluida del trabajo productivo social y confinada dentro del trabajo doméstico, que es un trabajo privado. La emancipación de la mujer no se hace posible sino cuando ésta puede participar en gran escala, en escala social, en la producción y el trabajo doméstico no le ocupa sino un tiempo insignificante[4].

Por otra parte la ausencia de un análisis simbólico de los problemas reduce las posibilidades de analizar con cierta profundidad las relaciones interpersonales y el comportamiento humano (tanto en lo privado como en lo público). A su vez, todas estas cuestiones tienen como consecuencia el hecho de que desde ciertas posturas marxistas no se haya sido capaz de ver el conflicto de género intraclase o se le haya preferido silenciar/invisibilizar en pos de los intereses de clase, cuestión que –por cierto- ha conllevado numerosos reclamos desde los feminismos socialistas y anarquistas.

 

  1. La Renta Básica de las Iguales: medida para una economía feminista

En su definición general, la Renta Básica (RB) es el derecho que tiene cada ciudadano a recibir unos ingresos periódicos que aseguren la cobertura de sus necesidades materiales independientemente de cuál sea su situación dentro de la esfera productiva[5]. Es decir, la RB es un derecho garantizado al nacer, por el simple hecho de ser ciudadano/a.

Esta definición puede traer confusiones y ciertos riesgos. La RB es perfectamente utilizable a favor del sistema capitalista como herramienta para conducir hacia más flexibilidad y precariedad laboral o bien para humanizar a un sistema económico que sólo produce desigualdad. Por ello es necesario estar pendientes de sacar a la luz todo su potencial transformador: la RB es también una posibilidad de conseguir el supuesto derecho a la vida digna que tenemos todas/os sea cual sea nuestra circunstancia personal[6].

En la situación de crisis económica actual, en el Estado español, ante las cifras alarmantes de paro, exclusión social y pobreza, la RB se vislumbra como una posibilidad de garantizar los derechos fundamentales de las personas, principalmente de las mujeres: no podemos olvidar que la pobreza es un fenómeno que viven las mujeres de forma mayoritaria[7].

Características de Renta Básica de las Iguales

Por esta necesidad de hacer de la RB una herramienta para la transformación social, la Coordinación Baladre[8] realiza una propuesta mejorada: la Renta Básica de las Iguales (RBIs).

Las características de la RBIs son las siguientes:

  1. Es individual: es el sujeto social quien recibe este derecho (a diferencia de otras propuestas de RB, y de algunas prestaciones que ofrece el Estado, el sujeto de derecho no es la familia, sino la persona individual).
  2. Es universal: Es para todos y cada uno de los ciudadanos y ciudadanas del Estado, sin que haya ningún motivo que justifique exclusión.
  3. Es incondicional: No está sujeta al mercado de trabajo ni al nivel de ingresos (no importa si la persona está o no dentro del sistema productivo).
  4. Cuantía equitativa: La cantidad de dinero a recibir por los ciudadanos y ciudadanas será igual para todas las personas con independencia de la edad, el género, los ingresos, etc. La cuantía mínima propuesta sería la que define el umbral de pobreza, es decir, el equivalente al 50% de la renta per capita.

 

Incluye además una cuota de participación socio-política:

  1. Participación: Una parte de la cuantía de la RBIs estaría destinada al llamado Fondo Renta Básica para la mejora de bienes y servicios públicos. Todas las personas tendrían igual derecho a intervenir en los debates del destino del dinero de este Fondo. Se propone, además, que poco a poco el dinero recibido al individual vaya disminuyendo mientras el recibido para el Fondo vaya aumentando, de manera que poco a poco los gastos y decisiones vayan tomando tornas cada vez más colectivistas.
  2. Refundición: Se propone que se dé un proceso de sustitución de la mayoría de las prestaciones sociales actuales por la RBIs hasta convertirla en un derecho disfrute uniforme.
  3. Desde la base social: La propuesta para conseguir la RBIs nace de la base social. No se pretende que sea una decisión tomada desde arriba, sino un logro conseguido a través de la movilización de las personas y movimientos sociales (sujeto social activo).

 

En resumen, la RBIs es una herramienta para la redistribución de la riqueza que no entiende de diferencias entre ciudadanos y ciudadanas. Es la propuesta de un “salario” mínimo que garantice la vida digna de todas/os. Incluye una propuesta política y de participación activa de la ciudadanía a través de la cual se pretende ir construyendo, poco a poco, un mundo donde lo colectivo prime sobre el individualismo.

 

La Renta Básica de las Iguales como medida feminista.

La Renta Básica de las Iguales rompe con la centralidad de la vida en el trabajo productivo, garantizando el derecho a la vida digna más allá de las esferas laborales asociadas a la economía del mercado y el intercambio de dinero. En este sentido podríamos decir que comenzarían a reconocerse otro tipo de trabajos, como por ejemplo los de las mujeres, relacionados con el hogar, la crianza, el campo, etc., así como la existencia de otras formas de subsistencia (en la que las mujeres también son protagonistas) como las distintas actividades relacionadas con la economía sumergida.

Al hacer hincapié en la vida digna plantea que la vida es algo más que el trabajo productivo, es decir, que el empleo. Esta es una cuestión fundamental para romper con los principios de la economía capitalista, la cual hace que las identidades de las personas giren en torno a su perfil laboral. Podemos decir, entonces, que amplía el concepto de lo que se considera vivir, tal como lo hacen las teóricas feministas de la economía al plantear que para que alguien simplemente exista es necesario mucho más que un puñado de euros: es necesario afecto, es necesario el cuidado.

Por último, y no menos importante, la Renta Básica de las Iguales puede ser vista como una medida feminista de cara a las oportunidades de participación política. Si una parte de los ingresos que corresponden a cada persona van destinados al Fondo Común, y la gestión de dicho fondo ha de ser colectiva, se va formulando poco a poco el perfil del ciudadano activo, y sobre todo, el de la ciudadana activa: fomenta la agencia política de las mujeres, rompiendo con la histórica invisibilidad de las mismas en los movimientos sociopolíticos (invisibilidad que, por cierto, no siempre ha sido responsabilidad de ellas). A su vez, esta forma de gestión del Fondo Común, que poco a poco va sustituyendo al individualismo capitalista como principio regidor de nuestras vidas por un sentido de lo comunitario, pone en tela de juicio este constructo o ficción individualista en el que ahora mismo el mundo está sumido, y apuesta -al igual que se hace desde el feminismo- por la responsabilidad social y una gestión colectiva de lo colectivo, valga la redundancia.

* Bibliografía

CARRASCO C. y E. TELLO, Apuntes para una vida sostenible, en M. FREIXANET MATEO, Sostenibilitats: Politiques publiques des del feminisme y l’ecologisme, UAB: Barcelona, 2012.

CARRASCO C., La economía feminista: una apuesta por otra economía, en Vara, M. J. (ed.): Escritos sobre género y economía. Akal: Madrid 2006.

ENGELS, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, 1884

ESPINO A. y SALVADOR S., El sistema nacional de cuidados: una apuesta al bienestar, la igualdad y el desarrollo, CIEDUR: Montevideo, 2013

IGLESIAS FERNÁNDEZ J., BAYONA M., GARCÍA JURADO O., GARCÍA ESCAMILLA E., ZAFRA LIZCANO R., ¿Qué es la Renta Básica de las Iguales?, Baladre y Zambra: Málaga 2008

PÉREZ OROZCO A., Hacia una renta básica feminista (2012)rentabásicadelasiguales.coordinaciónbaladre.org

 

* Recursos web

Página web de la Coordinación Baladre: rentabasicadelasiguales.coordinaciónbaladre.org

Página web del Observatorio Económico Latinoamericano: obela.org

 

[1] Alma Espino y Soledad Salvador, Sistema nacional de cuidados: una apuesta al bienestar, la igualdad y el desarrollo, CIEDUR: Montevideo, 2013

[2] CARRASCO C. y E. TELLO, Apuntes para una vida sostenible, en M. FREIXANET MATEO, Sostenibilitats: Politiques publiques des del feminisme y l’ecologisme, UAB: Barcelona, 2012.

[3] En este aspecto son muy innovadoras las investigaciones de la socióloga María Ángeles Durán quien ha trabajado para sacar a la luz el trabajo invisibilizado y los aportes a la economía de las mujeres amas de casa y cuidadoras que brindan su tiempo.

[4]Engels, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, 1884

[5] Rentabásicadelasiguales.coordinaciónbaladre.org

[6] PÉREZ OROZCO A., Hacia una renta básica feminista (2012)Rentabásicadelasiguales.coordinaciónbaladre.org

[7] COBO R. y POSADA L., La feminización de la pobreza (2006), artículo publicado en elpais.com

[8] Coordinacionbaladre.org

Apuntes para una crítica feminista de la economía*.

 Según la Real Academia Española, economía es el conjunto de bienes y actividades que integran la riqueza de una colectividad y la ciencia que estudia los métodos más eficaces para satisfacer las necesidades humanas materiales. Sin embargo, depende qué entendamos por riqueza de una colectividad o necesidades humanas materiales, tendremos un tipo de economía u otro: economía de mercado o economía feminista.
Desde que en el siglo XIX definitivamente se instalara en los países occidentales el capitalismo de libre intercambio tras un proceso de vertiginosa industrialización, aparecieron distintas escuelas económicas (como la Neoclásica o el Marginalismo) que centraron la economía en el mercado.Centrarse en el mercado significa entender que lo económico queda definido por los movimientos de dinero. En este sentido, todo lo que esté al margen del dinero queda al margen de lo que se denomina economía. En consecuencia, sólo es considerado trabajo el trabajo productivo (que se hace por dinero), quedando fuera el trabajo reproductivo (el de mantener la vida) y la amplia dimensión social de la economía.Esta significación de la economía como exclusivamente una cuestión de mercado tiene unas connotaciones ideológicas, respecto al ser humano, muy claras. Se presenta al ser humano como un individuo cuyo perfil individualista está regido por la racionalidad e independencia absolutas, y cuyos intereses propios son los que le guían –en exclusividad- en su actuación social.Este ideario, parte fundamental del modelo patriarcal y capitalista neoliberal que estamos viviendo, obvia el hecho de que el ser humano es un ser social dependiente que por sí solo no puede lograr la subsistencia (y que, además, vive en un mundo de recursos finitos). Dicho modelo basado en la ficción individualista deja de lado la parte fundamental de la economía, aquella que posibilita y mantiene la vida: el invisibilizado y denostado trabajo reproductivo y de cuidados:

[Cuidados:] Se trata de una función social que implica tanto la promoción de la autonomía personal como la atención y asistencia a las personas dependientes. Esta dependencia puede ser transitoria, permanente o crónica, o asociada al ciclo de la vida de las personas. Son acciones que la sociedad lleva a cabo para garantizar la supervivencia social y orgánica de quienes han perdido la autonomía personal o carecen de ella y necesitan de la ayuda de otros para realizar los actos esenciales de la vida diaria. El cuidado es un componente central en el mantenimiento y el desarrollo del tejido social, tanto para la formación de capacidades como para su reproducción [1]

Debido a la división sexual del trabajo, el trabajo reproductivo y de cuidados es realizado principalmente por las mujeres que dan su tiempo y su trabajo gratuitamente (es decir, en condiciones de esclavitud).

Estas cuestiones dejadas en un segundo plano por la economía de mercado, sí son tenidas en cuenta como una cuestión principal por la economía feminista (que comienza sus andanzas en la década de los ochenta y se consolida en los noventa), la cual sustituye el mercado por la vida, en lo que al centro de mira de la economía se refiere.

Esta postura supone una ruptura absoluta con el sistema económico actual, tanto en lo que se refiere a la producción y acumulación de capital, como a la explotación de las personas y los recursos. Se plantea una reestructuración de los diferentes eslabones lógica e históricamente ordenados: los sistemas naturales, el espacio doméstico del cuidado, las comunidades, el Estado y los mercados[2]. Cambiar la lógica de mercado centrada en la producción y el consumo (que es contradictoria con la sostenibilidad de la vida humana) por una lógica que ponga la mirada en la forma en que las personas cuidan de sí mismas y de los demás (algo altamente feminista, por cierto).

Por otra parte, decir que para perfilar las propuestas feministas ha sido necesaria la elaboración de nuevos cuerpos teóricos y metodologías que posibiliten el estudio de la economía de la vida, proponiéndose nuevos objetos y vías de estudio distintos a los de la economía de mercado.

Si bien –como en todo lo relacionado con los feminismos- no hay una única postura o un camino perfectamente delimitado, sí podemos nombrar ciertas cuestiones que entran en juego desde la crítica feminista de la economía: a) la redefinición de los conceptos de trabajo y productividad a conceptos más amplios que incluyen actividades no remuneradas o que no producen dinero sino bienes sociales (como los cuidados y la sostenibilidad de la vida, respectivamente); b) la cooperación y cuidado son entendidos como elementos fundamentales de la economía; c) se tienen en cuenta las relaciones de poder que marcan las pautas del intercambio económico en el mercado y la familia (el mercado no es considerado como algo que se autorregula y tiende por sí mismo al equilibrio); d) se considera la familia como el núcleo central de la economía; e) toma importancia el estudio del tiempo y cómo se gestiona/utiliza éste[3]; f) se tiene en cuenta una perspectiva holística del ser humano, entendido como un ser complejo marcado por la sociedad, cultura, normas jurídicas, condiciones materiales, condiciones simbólicas, etc.

Todo esto supone una profunda transformación de las formas de investigación, herramientas y conceptos relacionados con la economía.

  • La necesaria crítica (constructiva) a la propuesta marxista**.

Cabe hacer un inciso final sobre la necesaria crítica la propuesta marxista clásica de carácter socialista, y por ello la gran opción contra el neoliberalismo.

El marxismo supone la articulación de un análisis de clase aplicado tanto al trabajo doméstico y la familia como a las condiciones singulares de la opresión de las mujeres en sus trabajos. No podemos dejar de reconocer lo innovador de la propuesta para su época, y el gran paso que supuso de cara al reconocimiento de la opresión de las mujeres. Sin embargo, esta propuesta hace interesantes aportaciones pero también consta de numerosas carencias.

Entre las aportaciones podemos destacar el reconocimiento del ámbito doméstico no sólo como espacio de consumo sino también de producción y la puesta del punto de mira en las relaciones personales de opresión que se dan en las familias y en las parejas, y el claro interés o beneficio que el capitalismo tiene sobre ello. Engels afirma en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (1884) que

El hombre empuñó también las riendas en la casa; la mujer se vio degradada, convertida en la servidora, en la esclava de la lujuria del hombre, en un simple instrumento de reproducción.

Sin embargo esta posición también tiene sus carencias: se continúa manteniendo la dicotomía productivo-reproductivo donde lo productivo posee una centralidad indiscutida y donde el análisis de lo reproductivo se centra en las consecuencias que este último tiene para el primero:

[…] El primer efecto del poder exclusivo de los hombres, desde el punto y hora en que se fundó, lo observamos en la forma intermedia de la familia patriarcal […] el trabajo doméstico perdía ahora su importancia comparado con el trabajo productivo del hombre; este trabajo lo era todo; aquél, un accesorio insignificante. Esto demuestra que la emancipación de la mujer y su igualdad con el hombre son y seguirán siendo imposibles mientras permanezca excluida del trabajo productivo social y confinada dentro del trabajo doméstico, que es un trabajo privado. La emancipación de la mujer no se hace posible sino cuando ésta puede participar en gran escala, en escala social, en la producción y el trabajo doméstico no le ocupa sino un tiempo insignificante[4].

Por otra parte la ausencia de un análisis simbólico de los problemas reduce las posibilidades de analizar con cierta profundidad las relaciones interpersonales y el comportamiento humano (tanto en lo privado como en lo público). A su vez, todas estas cuestiones tienen como consecuencia el hecho de que desde ciertas posturas/ámbitos marxistas/socialistas no se haya sido capaz de ver el conflicto de género intraclase o se le haya preferido silenciar/invisibilizar en pos de los intereses de clase, cuestión que -por cierto- ha conllevado numerosos reclamos desde los feminismos socialistas y anarquistas.

[1] Alma Espino y Soledad Salvador, Sistema nacional de cuidados: una apuesta al bienestar, la igualdad y el desarrollo, CIEDUR: Montevideo, 2013

[2] CARRASCO C. y E. TELLO, Apuntes para una vida sostenible, en M. FREIXANET MATEO, Sostenibilitats: Politiques publiques des del feminisme y l’ecologisme, UAB: Barcelona, 2012.

[3] En este aspecto son muy innovadoras las investigaciones de la socióloga María Ángeles Durán quien ha trabajado para sacar a la luz el trabajo invisibilizado y los aportes a la economía de las mujeres amas de casa y cuidadoras que brindan su tiempo.

[4] Engels, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, 1884

* Estas líneas que tienen delante son sólo un esbozo de las ideas generales de la Economía Feminista. Las autoras de referencia para quienes quieran seguir indagando en estas cuestiones son, a mi modo de ver,  Amaia Pérez Orozco y Cristina Carrasco.** Para leer una crítica feminista a Marx desde Marx: Silvia Federici Calibán y la bruja