Podemos: la fábrica de oxígeno que necesita el capitalismo

 Desde las encuestas a la irritación de los partidos y sus lacayos mediáticos a nadie deja indiferente, pero ¿para quién trabaja Podemos? Mi idea es que este partido supone un balón de oxígeno para un sistema que sufre un gran descrédito. Pero esta afirmación exige antes una larga clarificación

¿Para quién trabaja Podemos? Jordi Évole [1]

A modo de explicar y justificar nuestras reflexiones

A nadie deja indiferente la incorporación de Podemos a la vida de la política que se practica en el ámbito del establishment: [2]las encuestas sobre la intención de voto y la irritación que expresan los dirigentes de los partidos oficiales y sus lacayos mediáticos así lo confirman. Las alabanzas y descalificaciones le llueven desde todos los espacios: unas personas porque esperan que la vida política del país salga de la podredumbre en la que se haya metida y se purifique; los dirigentes de los grandes partidos por no perder las prebendas que les reporta su maridaje con los poderes económicos y financieros. Por eso tiene cierto sentido la preocupación de Évole: ¿para quién trabaja Podemos? Mi idea es que este partido está suponiendo ya una fábrica de oxígeno para un sistema que, política, económica y financieramente, sufre un gran descrédito. Pero esta afirmación exige antes una larga clarificación.

Mis reflexiones sobre el intento de clarificación se enmarcan en la exigencia y el compromiso de una teoría y praxis anticapitalista. Es decir, se trata de que cuando aparece en la arena política una organización con programas y pretensiones de cambio, una y otras contengan el compromiso de transformar el capitalismo cómo organización social, y no meramente reformarlo para que presente una cara más humana, más verde, o ambas cosas a la vez. Vivimos un momento político en el que el reformismo es dominante, [3] una situación política que tiene y hay que respetar a Podemos su legitimidad, siempre que no sea presentada, y venga a suplantar a las corrientes transformadoras contra el sistema.

Por tanto, nuestra evaluación no será de alabanza ni de descalificación, sino más bien crítica, crítica en el sentido de contrastar lo que hasta ahora han manifestado los principales dirigentes de Podemos, bien de forma oral, en escritos y artículos, o en programas. Las contrastaremos con una especie de regla o conjunto de principios a los que llamamos la brújula / matriz. Este instrumento de evaluación cualitativa ha sido diseñado para apreciar en qué medida una propuesta calificada como alternativa al capitalismo cumple los requisitos y exigencias que garantizan tal afirmación. Si los elementos fundamentales que caracterizan a la brújula / matriz son válidos para establecer este juicio, sus conclusiones pueden ser aceptadas como concluyentes.

Entonces, el esquema que seguiremos será: 1) definir que entendemos por capitalismo, o sociedad de rechazo; 2) exponer las características que componen la brújula / matriz, como guía en el recorrido de análisis de programas; y 3) someter las declaraciones y textos de Podemos, así como los de sus asesores, para ver si cumplen con estos elementos mínimos, indispensables para saber si proponen la transformación del sistema.

1) Características básicas del capitalismo

Utilizando un resumen sencillo, podemos decir que el capitalismo se caracteriza por una serie de elementos sistémicos que se repiten en cualquier lugar del planeta allá dónde tenga su dominio: es un sistema de predominio y control de la propiedad (estatal y privada); es un sistema de producción de mercancías para el intercambio y cuya motivación es el beneficio privado; es una lógica de la acumulación de la riqueza extraída de la explotación y el dominio de las clases trabajadoras y populares; y es un sistema de instituciones jerárquicamente verticales y representativas, basado en la presencia generalizada del mercado y del Estado como parte de la circulación de mercancías y el control de los ciudadanos. Aparte del bienestar de los capitalistas como clase, el sistema no tiene más objetivo que la reproducción ampliada de su propia acumulación. Estas exigencias sistémicas no permiten al capitalismo pactar políticas humanitarias con las poblaciones, ni identitarias con los territorios.

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[1] Jordi Évole. Nicolás y Filemón. El Periódico de Cataluña. 1 diciembre del 2014.

[2] Debemos recordar que los movimientos sociales y los colectivos alternativos también tienen sus espacios más allá de las instituciones oficiales dónde hacen política contra el sistema.

[3] Ver José Iglesias Fernández. El reformismo que amenaza a los movimientos sociales. En

http://www.kaosenlared.net/colaboradores/94655-el-reformismo-que-amenaza-a-los-movimientos-antisistema

 

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