“De escultura y anarquistas”

998360_577253392327384_1677152131_nLa chica rubia de pelo corto se detiene a su lado… Acaricia su muslo, ascendiendo con su mano hasta llegar a su nalga, a la que da una palmada. El sonido metálico suena seco. Le comenta algo a su amiga, se abrazan y siguen su camino bordeando la charca bajo la luz de las farolas que se reflejan en el agua…

La escultura y su gemela tienen brillando sus dos nalgas, a base de continuos toqueteos… Los dos guerreros que Zerolo, alcalde de familia falangista, se empeñó que continuaran en la plaza de España, junto a la enorme cruz, cuando se gastó un dineral de todos en remodelarla…

Originariamente, el fascista General García Escámez quiso un gran monumento que rindiera honores al bando vencedor tras la guerra civil. Así se edificó el “conjunto monumental”, con la gran cruz, las columnatas y los guerreros. El pintor anarquista Antonio Torres –que estuvo detenido en Fyffes– decoró con un mural, ya desaparecido, la cripta… Mientras Tomás Machado y Alonso Reyes se encargaron de otros menesteres, Cejas Zaldívar contó para hacer su guerrero con un modelo singular. Un joven que, a base de ralas de gofio y entrenamiento, ganaba campeonatos de natación y esculpía su cuerpo por sí mismo. Había estado preso en Fyffes, siendo posiblemente el preso más joven que entró en ella, pues contaba con 16 años. La policía lo trancó con un panfleto clandestino de las Juventudes Libertarias entre sus ropas cuando corría detrás de alguien que se la choriceaba, pues estaba bañándose en la playa. Ese fue todo su delito. El modelo del guerrero fue Peñita, Juan José Peña Gómez, que más tarde, por los años ochenta del pasado siglo, y hasta su muerte, fue Secretario General de la CNT en Tenerife. Entre tanto, había vuelto a posar más veces para Cejas Zaldívar, pero también fue cambullonero, contrabandista (“hice mucho dinero”, me dijo entre tragos de güisqui, pero lo gastó sobre la marcha con la alegría del que nunca lo había tenido), además de músico de éxito y hasta reconocido entrenador de fútbol.

Retorcidamente tragicómico es que con el monumento fascista santacrucero tengan que ver dos anarquistas. Uno con una obra desaparecida, el otro bien presente y por partida doble: espada al suelo, cabeza gacha –“avergonzado”, me decía Peñita…– y desnudo, con nalgas que brillan.

A buen seguro que Peñita estaría encantado de que esas dos esculturas, y el resto del “conjunto monumental”, fueran retiradas de la plaza. Algo que los descendientes del bando vencedor no quieren; su presencia la consideran como signo de su poder… A Peñita lo seguiremos recordando por lo que somos, por lo que supo transmitirnos e incorporamos a nuestos seres. Cuando murió, una esquela se publicó en la prensa diciendo: “Juan José Peña Gómez, Peñita. Un hombre honrado”.

Cejas Zaldívar busco en el otro bando al guerrero ideal. Y lo encontró. Peñita murió siendo anarco. Un hombre honrado…

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